|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
|
El Sol. 10 de diciembre Se recibió al granadino con ganas, con sana disposición y con pocos huecos en el aforo. Sus canciones merecen eso y más. Por ejemplo un volumen adecuado para evitar la molesta preeminencia de la guitarra de Víctor Sánchez, fiel escudero convertido en protagonista de una noche sofocada por el exceso de vatios. La mezcla escupida por las pantallas de la sala fue el principal enemigo de unos oídos que ya se saben las canciones de En otro tiempo, en otro lugar tan bien como las de 091. No impidió que las casi dos horas de concierto resultaran satisfactorias para los fieles allí congregados, pero mermó notablemente el disfrute y obligó a la banda a forzar la máquina más de lo debido. Lapido llegó exhausto a un bis protagonizado por Doce canciones sin piedad –“En el laberinto”, “Esta noche” y “¿Qué fue del siglo XX?”; también sonaron “Espejismo nº8” y “Zapatos de piel de caimán”–, pero se le vio satisfecho y convencido. Hubo algunos momentos mágicos –“Con la lluvia del atardecer”, también al final– y mucho y buen rock and roll de tinte clásico –“De espaldas a la realidad”, “No digas que no te avisé”, “Más difícil todavía”, “Alguien vendrá”, “Luz de ciudades en llamas”, “Nadie besa al perdedor”–, pero ojalá los vúmetros hubieran abandonado el rojo en algún momento de una noche en que se hizo agridulce la emoción. César Luquero
|