Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

DAVID GRAY. SEPTIEMBRE de 2005

Poesía en Equilibrio.

Para llegar a David Gray, hay que hurgar en la poesía de lo diario, más allá del lirismo que la Modernidad consiente. De Manchester a Gales, su inglés anticipa una vida de recorridos precoces, en la que, con 35 años, ve cumplidos tantos sueños como promesas. Life in slow motion es un nombre para su nuevo disco, pero también es un deseo; el deseo de quien le pide al éxito rincones de calma.

David Gray recibe a la prensa en Londres, desde donde atiende las llamadas que preguntan sin parar por su nuevo trabajo. Semanas de promoción y ensayo han hecho de él un hombre exhausto, encantado de charlar con quien se tome la molestia de pedirle su opinión, pero abrumado por los kilómetros de citas que la agenda depara: “La promoción es el momento en que trato de hablar con el mundo, pero debo de haber hecho unas cuarenta o cincuenta entrevistas en tres días. Cuando se consigue el éxito, ésta es la forma en que se hacen las cosas, pero no me lo he aprendido todavía” . Gray es de sobra conocido en Inglaterra, Escocia e Irlanda, donde se vendieron la mayoría de los seis millones de copias de White ladder (1998). De sus inicios punk le queda un buen recuerdo, y quizá arranques donde lo emocionante se cruza con lo rápido, pero hoy reconoce su raíz y la prefiere a cualquier otra: “Estoy muy influenciado por los cantautores norteamericanos, y esa influencia se mantiene de forma evidente en mi música. En gente como Bob Dylan me inspiré para empezar. De todas formas, poco a poco y cada vez más, estoy hallando mi propio sonido” , dice.

 

A pesar de que cualquier canción del pasado se remita a EE.UU, Life in slow motion recoge temas que miran hacia atrás, y las influencias de un trabajo con el que su autor está más que satisfecho se antojan multiplicadas: desde Van Morrison –en “Lately”– a Nick Drake –en “From here you can almost see the sea”–, Springsteen también deja recado en pasajes y acordes que no escapan a la óorbita de los fuertes. “No sé si estoy de acuerdo con que este disco suene más inglés y menos norteamericano, pero es una idea interesante. Sí es cierto que hay un número de influencias más amplio” . Aun cuando cada nuevo álbum es para un músico pasto de reflexión, David Gray elude cualquier premeditación para crear, si bien asume que el salto a épocas diferentes transforma incluso sin querer: “Creo que el disco refleja un cambio en mi sonido, porque esta vez el grupo tiene más protagonismo” . A lo largo de los últimos años, ha elegido el territorio de su apartamento para grabar. Estudios en basements y medios escuetos han marcado su obra con algo de primario que gusta por la pureza que da a las palabras. Decidido sin embargo a girar el volante, Life in slow motion enseña su progreso, una evolución a la que llega con Marius de Vries, responsable de sonidos tan vehementes como los de Rufus Wainwright. “Trabajar con Marius ha sido genial. No sólo ha producido el disco, sino que se ha ocupado de mil cosas más. Grabamos en un estudio gigante, un lugar opuesto a los sitios donde se hicieron los anteriores. Es una antigua iglesia donde hay un estudio enorme en el que se pueden utilizar todos los instrumentos a la vez. Eso permite conseguir un sonido completamente distinto” .

 

Diez canciones terminan por saber a poco en un disco que, lejos de servir para confirmar a un artista cuyo crédito rebasa las novedades, obliga a preguntar hasta dónde llega el poso de uno en el resultado: “Una parte muy importante de mí está en las canciones. El disco entero está lleno de emoción, y cualquiera que lo escuche se dará cuenta. No podría haber dado más de mí en este trabajo” . No hay para David Gray soledad en su camino de victorias. Al preguntarle por un momento ideal para componer, se recrea pensando en su piano, una guitarra y horas de calma para convencer a esa inspiración que el estrés secuestra. A la música le reprocha ser tan abundante, pero su queja no impide que cite agradecido un disco que le habría gustado firmar: Befriended , de The Innocence Mission” . Cansado de explicar por teléfono detalles que querría haber relatado entre sorbo y sorbo de café, todavÍa dispone de un instante para reconocer que el talento, como la suerte, es casualidad: “Las canciones siempre vienen de ninguna parte” . Mónica Plaza

 

David Gray

Life in Slow motion . Dro Atlantic

Arriba