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NADA SURF. SEPTIEMBRE de 2005 Cuando Decirlo Importa .
Tras más de diez años de carrera, echarse a la espalda un disco más podría parecer premeditado, una obligación que va en la minuta. The weight is a gift devuelve a Nada Surf a la primera línea de una batalla que no mermaron ni el disgusto de verse atrapados en delirios de multinacional ni el exceso de millas. Propietarios de su historia, hoy manejan el oficio en tiempo real y con pulso de veteranos. A Nada Surf les falta una palabra para tener tantas como el trío que son en realidad, un grupo que funciona igual que un sistema circulatorio, en el que la ausencia de cualquier miembro significa hablar con alguien incompleto. Colegas sobre el papel y amigos en el fondo, la música es un pegamento, pero no el único: “Somos amigos. Conozco a otros grupos que son demasiado egoístas como para preocuparse por sus compañeros igual que si fueran amigos, precisamente porque no lo son” . Ira Elliot, batería, define en diez segundos los términos de una relación laboral y amistosa. Su concepción del vínculo encaja más que bien con The weight is a gift. Afectos y emociones que rozan la epidermis arrancan el cuarto disco a Nada Surf. Sus sonidos, afilados como siempre, hacen creer que la madurez les ha robado el perfil noise con el que se dieron a conocer, pero las primeras impresiones les sorprenden por diversas: “¿Parece más tranquilo? Eso es interesante, porque creía que era más rock que el anterior” , apunta Ira. “A mí hay gente que me ha dicho que le parecía más tranquilo y otra que piensa que es más rock, pero todos coinciden en que tiene más melodía, que es más pop” , comenta divertido Daniel Lorca, bajista europeo extirpado al continente por la Gran Manzana. “Tuvimos velocidad y rapidez en el primer disco, así que no habría sido muy inteligente repetirlo. Hemos trabajado algo más despacio, más frágil y profundo, sujetos a una reacción emocional mayor” .
Lejos de aquella aparente frivolidad de “Popular”, quizá su canción más tarareada, The weight is a gift retoma de su antecesor –Let go (2002) – la exaltación de las palabras, que han vencido en la pelea a la distorsión. “Las letras siempre han sido muy importantes para nosotros. Ahora tenemos mucha más confianza en ese aspecto que en el primer disco. Eso se nota, porque aquí las palabras se escuchan mejor; están a un volumen más alto, algo que explica por qué todos dicen que es más pop” . Si para el escenario reservan una plenitud adolescente, durante las entrevistas despliegan la comodidad de la costumbre, y ese confort permite acercarse sin miedo a un grupo que carga con el hábito de hacerse a la carretera durante épocas tan largas como paréntesis: “De gira pasan muchas cosas, pero ninguna se puede describir como ‘vida real', sino como una especie de sueño. Nuestra referencia entonces son las personas mucho más que las ciudades, porque cuando llegas a un sitio, te encierras en la sala donde vas a tocar y sales de madrugada” . El trayecto de Nada Surf ha cruzado desiertos surrealistas, como el rechazo de Elektra, su primera compañía, a The proximity effect (1999) por echar en falta un single aceptable con el que devolver su música al top ten de la MTV. Encerrados en un contrato que condenaba sus derechos, el oxígeno llegó desde países como Francia o España, donde su segundo disco logró de inmediato el aplauso. Obligados a permanecer en el congelador hasta 2002, su regreso implicó asumir el esfuerzo de volver a intentarlo. “ La gira de Let go fue tan larga, que necesitábamos recuperarnos. Tras el fiasco de The proximity effect, nos costó mucho salir a flote. Hubo quienes pensaron que habíamos desaparecido; y gente de la industria de la música –promotores, clubes– creían que nadie se acordaría de nosotros después de tanto tiempo. Tuvimos que empezar de nuevo, y por eso hubo que tocar tanto y en tantos lugares. Pero también fue bueno porque, al acabar la gira, bajamos a la Tierra y nos dimos cuenta de que también había quien hasta entonces no nos conocía y, gracias a Let go, supo de nosotros; sobre todo, en sitios como el Reino Unido” .
Apadrinados por Ric Ocasek en High/low (1996) , Nada Surf se han rodeado de grandes nombres para producir sus discos, demostrando así que su afán perfeccionista alcanza cada fase del trabajo. “Ric fue como un padre para nosotros. Estábamos muy verdes, y le hicimos miles de preguntas. Nos contó cosas sobre con quién debíamos y no relacionarnos, nos recomendó abogados, nos explicó el rollo de los derechos… Fred Maher –productor de The proximity effect – fue más un hermano mayor, porque conoce la industria desde dentro” . Para The weight is a gift, se han quedado con Chris Walla, mano izquierda de Death Cab for Cutie y productor también de Picaresque, propiedad de The Decemberists y uno de los discos más mencionados de 2005. “Walla es genial; una especie de lunático y, al mismo tiempo, un fantástico compositor, músico y arreglista, con ideas más que brillantes” . Pasajeros de avión habituales, su visita a España es para ellos además un reencuentro con amigos y familia. Con residencia fijada en Nueva York, llama la atención que varios de sus discos –incluido el último– se terminasen grabando en la Costa Oeste, donde el pop gana por puntos a sonidos underground. “Aunque no estábamos preparados, empezamos grabando en Seattle, porque parecía que ése era el único momento posible. Una vez terminamos, Chris nos dijo que disponía de algunas semanas más, pero que quería que fuésemos a San Francisco a grabar, porque en Seattle su vida interfería en el trabajo. Y allí nos fuimos…” . De la leyenda que Ira luce en su gorra (“Fuck Bush”), se adivina un compromiso al que ayuda vivir en Nueva York, ciudad cuya leyenda se siente en lo más crudo de la música de Nada Surf. “Somos un grupo neoyorquino, pero Daniel es español y Matthew, aunque se ha criado en Nueva York, tiene una mente muy europea. Sin embargo, todos tenemos una especie de temperamento neoyorquino, una dureza de la que carecen formaciones de la otra costa. Nueva York es rapidez, suciedad, locura; es todo lo más básico” . Hace tiempo, Matthew Caws, cantante y tercera pieza del puzzle, afirmaba tener exactamente el grupo que alguna vez deseó. Una década más allá, el triunfo se aprecia desde arriba: “El éxito es ser capaz de vivir de la música y del grupo, sin tener otros trabajos aparte de éste” . Mónica Plaza
Nada Surf The weight is a gift. City Slang/V2 |