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METRO ROCK 2005

24 y 25 de junio. Parque Juan Carlos I (Madrid)

 

VIERNES 24

Sin faltar, pero la primera jornada estaba consagrada al “espíritu perroflautico”. Un ligero vistazo al cartel del escenario principal daba una idea aproximada; hasta la madrina del buen rollito, Amparanoia , andaba por ahí. Muchachito Bombo Inferno ha conseguido conectar en muy poco tiempo con un público que le ríe todas las gracias. Zuco 103 , con su profesionalidad a prueba de bombas, salvaron una actuación que tenía todas las papeletas para pasar inadvertida. A falta de Kiko Veneno, buenos son Los Delinqüentes , aunque no vale que se lo quieran pasar bien sólo ellos y se pierdan en chistes privados. ¿ Bebe ? Bueno, vale, bien; estuvo simpática cuando acompañó a sus amigos de Los Delinqüentes y es una artista genuina, aunque debería encontrar matices entre la pachanga y los momentos blanditos. Del Escenario Verde hay que destacar a los tapados del festival, los suecos Mando Diao . Llegaron con el cartel casi cerrado y mucha gente se enteró allí mismo de que actuaban. Seguro que nadie les olvida. Muy rockeros, con temazos y una envidiable actitud sobre el escenario, puede que dieran uno de los mejores conciertos de los dos días. Punto patético: un músico que actúa ese día cuenta que los escandinavos viajan con estilista, que les peina antes de salir al escenario. Los catalanes Sidonie salieron del estudio de grabación para dar un concierto flojo, muy flojo. Puede que fuera falta de rodaje o simplemente que no tuvieran su día, pero lo único que hicieron fue montar un espectáculo muy forzado. Eso, y estrenar una canción en castellano –en su nuevo disco abandonan el inglés. Se titulaba “Fascinado” y no se puede decir que dejará precisamente en ese estado. El cierre lo echaron Ocean Colour Scene , un grupo con el que todos los críticos y enterados gustan de ensañarse, pero del que hay que aprender un montón. Han perdido a su extraordinario bajista Damon Minchella y sólo ocasionalmente consiguen canciones tan buenas como las de los buenos tiempos; aún así, siguen siendo capaces de emocionar con su pop revivalista, sí, con esa serie de trucos que no por conocidos dejan de tocar la fibra sensible.

 

SÁBADO 25

No es ni mucho menos un juicio de valor, pero cuesta entender que Nacho Vegas actúe con tanta frecuencia en festivales, siempre programado en los peores horarios y condiciones posibles. Es un bajonazo verle a las cinco de la tarde intentando sostener su trabajada mítica oscura ante un público distraído y un sol implacable. Atom Rhumba en cambio podrían tocar a la hora del desayuno y resultar siempre convincentes, enérgicos y contagiosos. Seguro que tras su concierto ampliaron público, que es de lo que se trata cuando un grupo “pequeño” toca en un festival así. Para algunos, La Habitación Roja están agotados; para otros han conseguido salir del bucle gracias a su último disco. Su concierto, con problemas de sonido incluidos, no hará cambiar a nadie de opinión. Para The Sunday Drivers empezaba a llenarse el escenario Metrorock. Siguen siendo un grupo majo, es difícil que te caigan mal y hasta tienen canciones pegadizas, pero a uno le da por preguntarse cuántos grupos así no habrá en, pongamos, cualquier ciudad de provincias inglesa. Irantzu Valencia, de La Buena Vida , salió embarazadísima y cantó mucho mejor de lo habitual en sus directos. Aún así, aburrieron un poco, hay que ser muy fan para comulgar con esta música para tristes. Pero bueno, siempre se puede superar: Morcheeba . Anodinos, presentaban a su nueva cantante y tocaron sus temas más populares, pero pasaron sin dejar la menor huella. Antes, un paseo al escenario verde para comprobar que Def Con Dos son unos bestias: estaban haciendo botar a todo el mundo y su show parecía tan bueno como en los años de gloria. Y llegó Beck , el motivo por el que el Metrorock había conseguido llenar el sábado lo que el viernes se había quedado en media entrada. Traía una banda entregada, un bailarín-animador y prácticamente todos sus clásicos. En el tramo final, sentó a sus músicos a la mesa y, mientras tocaba él solo en plan acústico, estos comieron algo. Pero, sorpresa, una vez acabó su magnífica versión de “Everybody's gotta learn sometime”, cogieron copas, tenedores y lo que había por ahí para acompañarle. Golpe de genio. Manuel Piñón

 

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