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ZOO. OCTUBRE 2005 El Ruido Enciende la Ciudad. Texto: José Durán
El estreno discográfico de los madrileños Zoo aparenta ser cualquier cosa salvo eso, el producto de unos novatos. No lo es, en realidad, porque atrás deja una letanía de sinsabores que curtió a sus firmantes y que les ha impelido a materializar, desde la frustración pero resistiendo en pie, una obra tan apabullante como la que ahora presentan
Era previsible, en buena medida, aunque el resultado final exceda con mucho lo que cabe esperar para un primer trabajo, para la carta de presentación de un grupo. Las bondades de B.S.O 1999-2000 , esa joya descubierta cuando la trayectoria de Nuevenoventaicinco agonizaba, ya apuntaban a un talento en bruto capaz de revitalizar desde la más estricta independencia el rock cantado en castellano, ofreciendo registros muy personales y con las raíces bien imbricadas en el panorama del hardcore estatal. “Sí es verdad que nos sorprendió el alcance que tuvo la reunión de Nuevenoventaicinco para el aniversario de Siroco pero Dani y yo estábamos haciendo otras historias que no tenían nada que ver. Realmente, nos dimos cuenta de que estábamos en otra película y que no era el momento de volver. Eso sumado a algunos problemas personales fue por lo que decidimos descartarlo y empezar algo nuevo. Es que habían pasado tres años desde que grabamos ese disco” , rememora Borja Burón (Madrid, 1977), percusionista de la formación. Pasada esa página, tocaba enfrentarse al blanco de una nueva con la ayuda de una tinta que ha escrito algunas de las más memorables: “El descontento es algo positivo, es el punto de partida, el primer paso para que las cosas mejoren” , señala Daniel Arias (París, 1975), quien toca el bajo, el piano y canta en el disco. Con mucho por hacer, los tres retiraron la red y asumieron todos los riesgos para dar un salto de considerables dimensiones. Conspirando contra el vacío, dicen ellos. Derrotándolo, se puede afirmar viendo el resultado.
Viejos sueños con nueva forma“Hemos hecho en todo momento lo que hemos querido, sin forzar nada. No renunciar a lo que pensamos sino plasmarlo ahí para
Frases como bombas de relojeríaZoo no es un disco cualquiera. Logra transformar en dominio público una ética, una estética, unas motivaciones y, obviamente, una forma de expresión que habitualmente se ven enclaustradas en el corsé de las selectas minorías y apartadas a los márgenes de la historia. Todos los rasgos característicos, las nociones definitorias y los valores presupuestos a una cultura vocacionalmente subterránea emergen a la superficie y estallan en la cara del despreocupado transeúnte con una inesperada violencia. Sólo que, una vez repuesto del susto, el oyente se reconoce en ese discurso y lo acepta. Es más, le gusta. Es buenísimo, de veras, pensará al poco tiempo. Quienes tengan en alta estima la obra y el legado de Jawbreaker, Refused, At the Drive-In, A Room with a View o El Corazón del Sapo serán tan conscientes y partícipes de su grandeza como aquellos que jamás han escu chado una sola nota de sus discos o que ni tan siquiera conocen de oídas esos nombres. Ésa es la principal virtud que atesora el bautismo de Zoo: la universalidad que consigue sin ceder en sus propósitos. Y éstos, se mire por donde se mire, obedecen a una exigencia radical: lo que plantea el trío es nada menos que una enmienda a la totalidad a los esquemas vitales y productivos que ocasionan el tono gris de la existencia contemporánea. “Vivimos dentro de un engranaje, somos todos parte de él. Pero no es el final ni tiene porqué ser siempre así. Hay salida, que no tiene que ser necesariamente irte a vivir a una cueva. Es incluso algo autobiográfico, es fiel a lo que hemos hecho: hemos creado nuestro grupo, estamos viviendo a nuestra manera, haciendo lo que nos mola e intentando no participar en muchos de los clichés que se imponen normalmente. Cualquiera puede ser un ‘hombre de papel', cuando vendes tu tiempo por un trozo de papel para poder mantener la casa, un estatus de vida, un bienestar impuesto. El papel también es algo muy frágil y se vuela rápido” , comenta Dani sobre las ideas que conforman los envenenados textos de las canciones. Letras descarnadas, en ocasiones muy duras, que basculan entre el retrato de naufragios personales y la denuncia nada obvia. Evitando caer en el derrotismo, como explica Borja: “Todo el mundo tiene algo que puede hacer para salirse de lo que nos han enseñado desde pequeños, que es hacer todo lo que te dicen y tener un trabajo para poder vivir y mantener un estatus. El arte es de la poca rebeldía que te puedes permitir hoy en día, a excepción de quien pone bombas, que a mí me parece una salvajada” . Aunque se muestren reacios a admitirlo, en la actual coyuntura hacen falta más planteamientos y modos de hacer como los suyos. Sin dobleces y llamando a las cosas por su nombre. Cuestión de actitud, principios y método. La ironía, la distancia y la frivolidad son recursos imprescindibles pero pueden resultar vacíos si carecen de contenido. La toma de posición implica mancharse, aún a riesgo de recibir incomprensión y ser tildada de aburrida. “Sí tenemos un discurso serio, es verdad, pero también hay ironía en las letras. Algunas veces hemos hablado de escribir otro tipo de letras pero al final cuando escribimos es porque algo nos ha pasado. Pero yo también respeto a quien hace música y no se lo toma así, de hecho hay grupos super moñas que me encantan. Hay música para cada momento y cada músico tiene su manera de decir las cosas” , concede Borja. Él también descubre el sentido último, ser correa de transmisión, que han encontrado en lo que hacen. “El texto de ‘Nuevas formas' está prácticamente construido con letras de grupos antiguos. Hay un nexo en varias generaciones de grupos desde los años sesenta hasta Refused en los noventa que sigue esa idea de transportar un mensaje que no se extingue: que tú tienes tu sitio en el mundo y todo el derecho a ser como quieras. A nosotros nos apetecía continuar eso” . Y a nosotros escucharlo, tenlo por seguro. Por justo y necesario.
DISCOGRAFIAESTA PARTE DEL MUNDONUEVENOVENTAICINCO Ocho malencarados minutos en la estela de los primeros Samiam para una carta de presentación bisoña que retrata con bastante exactitud su entorno, sin tapujos ni cortinas de humo. En los créditos, salutaciones a las okupas de la zona –operaban desde Alcorcón– , imprecaciones a la casa consistorial e incluso amenazas al enemigo neohippy . En los títulos, más lugares comunes que imaginación: “Kbron”, “Memosexualidad”, “Muerto igual que tú”. En el compacto, interesantes fogonazos de intuición melódica y una canción invitando a la esperanza: “Elige”. El sonido marrullero y la voz de Dani Arias, todavía por pulir, no hacían sospechar el enorme salto cualitativo que aguardaba, pero ya se sabe que los primeros pasos nunca son fáciles, y que lo habitual en estos casos es trastabillar. César Luquero
NUEVENOVENTAICINCO Un pequeño sello burgalés, un músico-productor de prestigio y cinco jóvenes del extrarradio madrileño conspiran para dar forma a uno de los mejores discos del rock español reciente. Fragment agotó hace tiempo las dos mil copias prensadas de B.S.O 1999-2000 , segundo trabajo de Nuevenoventaicinco, producido por Raúl Santos, uno de los profesionales más inquietos del pop español. El aura mítica que acompaña a estas doce canciones se justifica desde la primera escucha –atrapa de veras– y se amplifica en las sucesivas. Descarnado, durísimo, su principal activo reside en un planteamiento narrativo soberbio, resuelto con sencillez pero de una vehemencia turbadora, reforzada por el uso de la primera del singular y la emocionante voz de Dani. Las músicas que sustentan esta tremenda crónica del desengaño apenas dan respiro –los temas se solapan por yuxtaposición, tirando del fader o apelando a recursos cinematográficos: el inserto de El Expreso de Medianoche – y muestran una notable evolución con respecto a sus primeros pasos. Suena cañón, especialmente la batería –no es casualidad que se grabara en unos estudios llamados Rimshot– y por tener, tiene hasta hits que, todavía hoy, esperan ser descubiertos por las grandes audiencias: “S.F. mente gris”, “Alguien”, “Para ser un día los primeros”. Urge reeditar. César Luquero
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