SLEATER-KINNEY
. NOVIEMBRE de 2005
Rastros de Carmín

Ningún disco de rock ha hecho sombra a The woods en lo que llevamos de año y pocos, muy pocos, lo conseguirán en lo que resta. El séptimo trabajo de Sleater-Kinney ha colmado de piropos a sus autoras y les ha reportado una visibilidad que compensa el menoscabo sufrido anteriormente. La felicidad es completa: aterrizarán en España el próximo mes para ofrecer sus primeros conciertos por aquí. Ya era hora.
Desde The hot rock , cuarta entrega del trío fechada en 1999, Sleater-Kinney son vivo ejemplo de perseverancia frente a la indiferencia generalizada. Trabajadoras y pacientes, su ascendente trayectoria floreció espectacularmente en la primavera de One beat (2002). Esa colección de canciones perfectas dinamitó las previsiones más optimistas, les situó definitivamente en el mapa del rock actual y se erigió en cumbre inalcanzable para la mayoría e incluso irrepetible para ellas. Una cima de tal altura que su obra posterior sólo podría significar el inicio del declive o bien un segundo escalón hacia el cielo. Por eso, la brutal vuelta de tuerca que tres años después proponen aturde y desconcierta. Por eso, lo mejor es callar, cederles la palabra y atender a sus razones. “ The woods me suena diferente: más libre, más extraño, más cojonudo. Pero por supuesto que retiene nuestra esencia como grupo… ¡nosotras lo hicimos! ¿cómo podría no sonar a nosotras?” . Quien contesta es Janet Weiss, batería incorporada a la disciplina del grupo en 1996 durante la grabación de Dig me out , el disco de la portada en homenaje a los Kinks. Exultante, motivos no le faltan, replica con mordacidad y un fino punto de ironía –“tocamos mucho tras One beat y también compusimos. Vimos películas, salimos con nuestros críos y perros, comimos helados, escuchamos la radio, lavamos los coches, compramos, hablamos por el móvil, leímos el periódico”– y no evita hacer pública su satisfacción por el proceso y los resultados obtenidos ni un agradecimiento con nombre y apellido: “ The woods supera todas mis expectativas. Dave Fridmann –productor del álbum – contribuyó a la sensación de conjunto y al sonido final del disco más de lo que pensábamos. Creo que no cambiaríamos ni una sola cosa y es raro estar tan convencida cuando hablas de un disco tuyo. Le elegimos por su habilidad para hacer que las cosas suenen mal. Sus discos son explosivos y maravillosos, y diferentes a cualquier otro que escuches. The woods habría resultado completamente distinto, y no tan bueno, sin él. Hizo más de lo que puedo explicar. Mucho, y de maneras misteriosas.
La mayoría de las canciones estaban terminadas pero él nos ayudó a refinarlas y abrirlas en algunos puntos. Nos ayudó a aprender a sentarnos más cómodamente sobre las canciones. Hay mucha más improvisación en este disco que en cualquiera de los otros seis. Improvisar nos mantenía atentas durante las sesiones” . Además, se sorprende ante la insinuación de que este año, sí: “No estoy segura de qué quieres decir con ‘abrir puertas'. Es nuestra declaración artística definitiva. Comunica acertadamente lo que queremos exponer. Nos hemos llevado al límite como instrumentistas y eso es increíblemente provechoso para nosotras. Pero no sé qué tipo de puertas puede abrir un disco” . A lo último cabe objetar que, por ejemplo, responder a esta entrevista y la inminente gira por nuestro país son dos síntomas inequívocos de que su esfuerzo sí ha provocado esta vez una reacción al menos distinta. Aún así, sus palabras, razonadas desde la experiencia, destilan un convincente apego a la realidad más tangible: “La gente suele decir de cada disco que sacamos que llegará a un público más amplio, a gente que nunca nos ha escuchado antes. Ahora, con nuestro séptimo disco, no esperamos que eso vaya a ocurrir ni estamos seguras de querer ese tipo de popularidad masiva, en cualquier caso. Las buenas reseñas te harán ganar uno o dos fans pero si no sales fuera y tocas, no tendrás mucho público” . Utilizando el bosque como metáfora, Sleater-Kinney retratan el convulso presente que nos ha tocado vivir. Por eso The woods suena como suena: salvaje, indomable, abrupto e inhóspito para el forastero. La tierra de abundancia sobre la que habitamos de forma aparentemente armoniosa, oculta, no cabe duda, peligrosos rincones y muestra de forma cada vez más nítida sus contradicciones fundacionales. “Hemos intentado ahondar en un sitio oscuro, amenazante y desasosegante. Un lugar que desarrolle momentos de confusión que terminen en momentos de claridad y visión. Es un disco centrado en el contraste: luz y oscuridad, dureza y suavidad, amabilidad y crudeza. Queríamos un disco que atacara violentamente y sacudiese al oyente, no música de acompañamiento mientras limpias la casa. No queremos aburrirnos ni aburrir a nadie” . Su lúcido grito contra el tedio parte de lo privado y no soslaya una apelación necesaria y directa, casi desde la desesperación pero sin abandonar la ilusión, a la capacidad regeneradora de la música – de la creación en general – dentro de un entorno viciado e insalubre. El rock será estímulo o no será. “Algunas de las principales influencias, como siempre, son personales. Otras se relacionan más directamente con el rígido clima social y artístico en América. El consumismo ha calado cada aspecto de nuestra vida, incluida la música. La música alternativa se ha vuelto mansa, predecible y creada con el mercado ya en mente. Ver cómo pasaba esto, especialmente en los últimos tres años, nos inspiró para hacer una obra que fuera única, atrevida y ruidosa” . Y a fe que la hicieron. Manido y recurrente, también algo desfasado en estos tiempos de adsl presente prácticamente en cada hogar, pero no por ello menos cierto: si han de comprar un solo disco de rock este año, que sea The woods. No se arrepentirán. José Durán
Sleater-Kinney
The woods . Sub Pop/Houston Party
Actuarán el día 20 en Arena (Madrid)