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JABIER MUGURUZA. NOVIEMBRE de 2005

Más que Palabras.

Demasiado acostumbrados a dejar las fechas para las catástrofes –o en el otro extremo, para las celebraciones–, Jabier Muguruza se reserva su espacio en el calendario con Abenduak 29 (29 de diciembre), adentrándose en el frío y descendiendo al detalle, a pie de calle, en los Altos Hornos o sentado en un sillón de skai rojo. De principio a fin, un disco para recordar.

A los rigores del invierno, Jabier Muguruza responde con valentía, haciendo de Abenduak 29 su álbum más básico, minimalista en las formas y expansivo en las emociones. “Sí, por lo menos en cuanto al ropaje musical hay un desnudamiento mayor que en otros trabajos. Sólo hay una guitarra y la voz femenina que me acompaña, además del acordeón que yo meto en algunos momentos. En ese aspecto sí hay un cambio, pero por lo demás creo que se mantiene el intimismo, tanto en las composiciones mías como en los textos de los colaboradores. Yo tenía cierto miedo de que fuera un salto brusco, pero la gente que lo ha ido escuchando dice que no es así, y es verdad que también hay una línea continuista” . La voz cálida de Jabier Muguruza domina completamente las composiciones, esta vez con el acompañamiento a la guitarra de Ángel Unzu y con Mireia Otzerinjauregui poniendo el contrapunto femenino. “No era del todo consciente, pero en los últimos años sí estaba notando ese deseo interno de hacer algo absolutamente básico. Hacerlo me daba algo de respeto, porque yo estaba muy cómodo con lo que hacía, tenía unos músicos de confianza, un formato alabado por la crítica, un público, pero luego he visto que en la práctica no ha sido para tanto” , comenta el cantautor de Irún, que ha cambiado los aires jazz de trabajos como Aise o Fiordoan por otros paisajes sonoros, en los que lo cotidiano, eso sí, sigue siendo protagonista fundamental. “Si abres el Larousse y buscas el término ‘épico', que es algo que en Euskadi parece que nos gusta mucho, una de las acepciones es ‘digno de ser cantado en verso', y hace alusión a grandes gestas y hazañas. Y yo pienso que otras cosas que no son gestas ni hazañas, que son lo cotidiano, lo que vivimos a diario, lo que despreciamos muchas veces como rutinario, también son dignas de ser cantadas, en verso o como se quiera. Y no lo considero únicamente digno, sino lo más importante. Lo que pasa es que hay una tendencia a centrarnos sólo en las grandes palabras; decía un escritor amigo mío que en Euskadi sigue sin parecernos una cosa digna morir en una cama, y creo que toda esa épica y esa supuesta heroicidad nos ha perjudicado bastante ”, sentencia, cargado de razones.

 

Con esa misma rotundidad empieza Abenduak 29 : “Aunque trabajó durante cuarenta años en los Altos Hornos, en su interior había todavía un labrador”. El conflicto entre la fábrica y el campo que se hace tangible en los silencios entre un padre y su hija, musicando un poema de Kirmen Uribe. Bernardo Atxaga, Iñaki Irazu, José Luis Padrón, Gerardo Markuleta o Harkaitz Cano, además del propio Jabier Muguruza, aportan sus textos a este álbum, bajando al detalle del sillón de skai rojo o la vieja chaqueta guardada en el armario, o sentenciando en “Bizitza bizitza da” que “la vida es la vida y no sus resultados”. “Bernardo Atxaga explica aquí que esos logros que nosotros podemos considerar importantes en nuestra vida cotidiana, como conocer otras tierras o conseguir reconocimientos, eso está bien, pero al final la vida es la vida y el que la quita lo quita todo; la vida está por encima de todo eso. Es un poema que hay que entender en el contexto en el que se escribe, después del atentado del 11-M en Madrid” . Una fecha trágica a la que sigue “Abenduak 29”, el tema, muertos de frío o caminando felices entre los escaparates que atrapan a los osos de peluche en Navidad. La letra, esta vez, es de Harkaitz Cano, otro reconocido poeta vasco. “Cambia un poco la perspectiva, porque creo que a pesar de que yo también soy escritor, el hecho de colaborar con otros autores puede aportar otra riqueza y también hay menos riesgo de repetirse y de caer en lugares comunes, siempre y cuando sean colaboradores de confianza y tengan el nivelazo de estos” , razona un Muguruza consciente del desdén con que a menudo se trata a la música dentro del género que él suscribe: “En lo musical yo doy a las canciones una importancia que parece que ahora sí se la van dando, pero que durante un tiempo no tuvo con la figura del cantautor clásico. Parto de un texto que me convence y que ya intuyo de alguna forma que musicalmente va a funcionar, aunque también es cierto que la intuición es consecuencia de un proceso; muchas veces pensamos que es algo mágico, pero no es así” . Muguruza, como Jorge Drexler (que colabora que “Bizitza bizitza da”) y algún otro, es un cantautor que no va necesariamente a la contra, planteando otras vías. “Planteamos caminos alternativos, porque no somos ni de panfleto ni de consignas, pero teniendo en cuenta cómo va está sociedad, sí enfocamos la vida de otra manera” . Hay maneras y maneras, es verdad, primero colaborando con grupos del aguerrido rock vasco de los 80 (Kortatu, Delirium Tremens) y luego con Les Mecaniciens y Joxe Ripiau, poniendo pop y fiesta en un contexto sociopolítico que no era precisamente fácil. “Ahora las cosas están más tranquilas que hace unos años, creo que eso es innegable. Estamos viviendo más relajados después de unos años de bastante presión hacia todo lo que sonara a vasco o simplemente a amante de la lengua, sin matices políticos. En ese aspecto estamos mejor, y también en el sentido de que no hay atentados, al menos con víctimas mortales. Además, parece que hay algo en marcha, y el ambiente general es más relajado, que no es poco. Es algo que es bueno incluso desde el punto de vista de la creación, porque la gente está más centrada en lo suyo y no con ese peso tremendo de la situación política que ha dominado durante tanto tiempo” . Sea como sea, un disco para disfrutar, un pequeño milagro en el que las palabras son más que palabras: “La vida es la vida, y es lo más grande; el que la quita, lo quita todo”. Enrique Peñas

 

Jabier Muguruza

Abenduak 29 . Resistencia


 

Letras y niños frente al acartonamiento

 

Con una carrera en solitario que se inició en 1994, en su acercamiento a la vida diaria Muguruza ha estado desde el principio arropado por escritores de prestigio (Iñaki Irazu, Bernardo Atxaga, Xabier Lete...), con un planteamiento abierto de las composiciones y una fuerte carga literaria. Atxaga, Ruper Ordorika y él mismo, entre otros, fundaron a mediados de los 90 el club Emak Bakia, con el objetivo de aportar un aire nuevo al mundo cultural vasco. “La vida te va llevando a otros sitios, y aunque mantenemos una buena relación personal, es difícil continuar en algunos casos. Últimamente estoy escribiendo menos, hago alguna columna para prensa y poco más. Ando justo de tiempo, porque esto de la música cada vez me va pidiendo más: este año he hecho varias colaboraciones, el proyecto Mundo Café [junto a los cantautores Miguel Gil y Narf] , la música para la adaptación al teatro de Seda , la novela de Alessandro Baricco...” En el futuro inmediato también aparece el disco de homenaje al poeta Lauaxeta, y en el presente el recital literario-musical 28 letras y siete notas para dar la vuelta al mundo , junto al escritor Patxi Zubizarreta. Y cambiando al público adulto por el infantil, en breve se publicará un álbum especialmente dirigido a los niños, estrenando un sello de nueva creación y con textos de Juan Cruz Iguerbide. “Cuando trabajo en un álbum para el público infantil, digamos que tengo delante la foto de un crío, y para mí es muy importante que además de calidad haya alegría, aunque es verdad que en la mayoría de mis discos [en Abenduak 29 con “El doctor”] incluyo algún texto en donde aparece la infancia. Se trata de mantener la frescura, porque como no mantengas un poco del crío que fuiste, te puedes convertir en un ser acartonado, que es como yo veo aquí a gran parte del personal”. Enrique Peñas



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