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Ritmo & Compás. 1 de octubre Con Nile reinando en el panorama del death-metal es lógico que sus conciertos sean observados microscópicamente. Todo aquél que asiste a verlos quiere presenciar y escuchar de primera mano lo que ya es por todos sabido y forma, además, parte del acervo cultural del metal extremo: que son capaces de reproducir exactamente la minuciosidad de sus discos inalcanzables, obras de perfección propias de dioses. En ese sentido no sólo Karl Sanders y Dallas Toler sino también el siquiera veinteañero bajista Joe Payne y el batería George Kollias están donde están por méritos propios, sin quitar enteros musicales al peso del mito. Nuevamente lograron confundir los límites entre lo terrenal y lo sobrenatural, errando en la duración de un set excesivamente corto. Tan sólo una hora, insuficiente para abarcar con la profundidad y la fruición necesarias lo mucho bueno de sus álbumes. Por poner peros a lo intachable puede decirse que han perdido impacto escénico sin la presencia de Joe Vesano. Y por sacar punta, pero no sin razón, un telonero, Hour of Penance , que se cayó sin previo aviso, y otro, In Quest, inapropiado para unos Nile justamente crecidos. Daniel Rabadán
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