Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

AINARA LeGARDON. MAYO de 2005

Rehecha a sí Misma

Ainara LeGardon lleva media vida sobre la tarima. Son apenas treinta años, pero su costal ya luce algún que otro remiendo. Peina canas, aunque para algunos siga siendo la Judy Garland del indie español. Each day a lie , su nuevo disco, obliga a respirar y a tragar saliva. Prepárense, porque esto sí que es la vida en directo.

Llegó a Madrid a finales del siglo pasado. Cantaba en Onion, promesa a medio cumplir de la explosión independiente de la década de los noventa cuya inestable trayectoria forjó en ella una inexpugnable determinación. “La primera vez que me subí a un escenario tenía 14 años. Cuando empecé con Onion tenía 17… ahora tengo 28. A todo ese recorrido hay que sumar la experiencia de toda la gente con la que me he ido encontrando por el camino, como Carlos Torero, como Chris Eckman… gente de la que absorbes toda su experiencia. Creo que el haber pasado ya por un grupo, el conocer el mundo de las compañías discográficas y el tener un bagaje es lo que me decidió a lanzarme por mi cuenta, controlando todo yo y tomando las decisiones. Si me equivoco, me equivoco yo sola, pero creo que es mejor así” , asegura, con una firmeza directamente proporcional a la melancolía que destila su mirada. Llegar hasta aquí le ha costado dios y ayuda, pero el trecho recorrido desde el lanzamiento de In the mirror (2003), su primera entrega solitaria, se antoja abismal con respecto a sus anteriores pasos: continuidad editorial, mucha actividad en directo y el abrigo de una banda estable. “El cambio en este disco ha sido para bien. Para el disco anterior, con Joe Skyward por ejemplo, sólo pude ensayar los cinco días previos. Llevar trabajando con las mismas personas desde hace año y medio y grabar con ellos ha sido bueno. Pero aunque suena más a banda, el disco es muy mío” , afirma. Y amplía: “Refleja lo que quería hacer, todo lo que Chris Eckman y yo hablamos antes de empezar a grabar: dejar atrás la ingenuidad del primer disco, buscar algo más sólido” . Al mentar al guitarrista y líder del grupo norteamericano Walkabouts, que ha vuelto a encargarse de la producción del disco, no puede evitar que un halo de veneración acompañe a sus palabras. “Chris es muy sabio, creo que la forma en que me aconseja y me dice las cosas es justo la que necesito; es una persona con la que puedo hablar de todo, en el plano musical y personal, le consulto cosas y él suele tener respuesta para todo, y normalmente la respuesta es la correcta. Nos admiramos mutuamente en el plano musical y eso a mí me hace sentir tranquila” .

Dicha tranquilidad no se refleja, ni de lejos, en su nuevo trabajo, segunda entrega de una autobiografía musicada en clave folk-rock, de inspiración trasatlántica, gravemente herida por el desamor y la distancia, en la que las canciones operan como paliativo a un dolor tan profundo como evidente. “Está claro que no reparto alegrías en mis discos, pero ni sé ni quiero sacar estas cosas de dentro de mí de otra forma; es mi manera de hacerlo. Creo que siendo tan sincera a la gente le llega más. Yo me emociono mucho, y eso creo que es lo primero, y ese es el primer paso para transmitir emociones a la gente. De otra manera no se puede. Es cierto que a veces no nos sentimos nada a gusto con los problemas de los demás, y puede que el ser tan sincera cause un primer rechazo, pero creo que ese rechazo es momentáneo y que luego se pasa” . In the mirror narraba con impúdica crudeza el estertor de un romance cuyo término constituye el punto de partida de Each day a lie . Aquel final abierto, cinematográfico y fundido en negro, encadena con la apertura de este nuevo álbum, un disco valiente y sincero que uno imagina como inmejorable banda sonora de las improbables segundas partes de Breve encuentro o Lost in translation . Demasiado. “Si In the mirror era un disco melancólico en el que se describía la pérdida de una persona, una despedida pero con esperanza, aquí estoy ya con un pie en esa realidad que no me gusta. Yo creo que nunca podré dejar atrás aquella historia, pero estoy más con los pies en la tierra y me han pasado una serie de cosas que me han hecho dar ese golpe en la mesa y decir ‘basta ya'” , admite la vizcaína, que no tiene reparos en asumir una cierta querencia por el sufrimiento: “El disco habla mucho sobre lo que yo creo que es la verdad y la mentira; Y tiene un puntito de masoquismo, de placer por sufrir una mentira tanto dentro como fuera de uno mismo” .

 

Asimilada, por desidia, a la de otras voces femeninas de aquí y allá, la música de Ainara LeGardon es oscura por vocación. Ella admite gustar de la voz de cristal de Paula Frazer (Tarnation), pero prefiere la garganta de lija de Greg Dulli (Afghan Wigs, Twilight Singers) y el hálito de herrumbre de Mark Lanegan. Del sempiterno dilema inglés-castellano dice estar “un poco harta, porque hay gente que cuando me plantea el tema lo hace en plan ‘¿es que no te atreves a cantar en castellano?', cuando creo que se me puede echar en cara muchas cosas, pero no la falta de valentía” , y escoge el optimismo contenido frente a la explosión de júbilo cuando toca pisar las movedizas arenas de la esperanza: “Con este disco las cosas son más favorables; Dock se animó a reeditar y distribuir el primero y ahora este ya sale a tiendas a través de ellos. Con In the mirror hicimos más de 30 conciertos, y casi todos los gestioné y negocié yo, pero ahora ese trabajo lo va a hacer Sounds in a coma , la oficina de contratación de Muzikalia… ahora todo pinta mejor, pero hasta llegar aquí ha sido mucho trabajo” . Un trabajo de reconstrucción personal y siembra profesional del que debería sentirse orgullosa, porque no todos pueden presumir de aguantarle la mirada al espejo. César Luquero

 

Ainara LeGardon

Each day a lie . Winslowlab

Ainara LeGardon actúa el 11 de mayo en la sala Moby Dick

Arriba