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Arena. 30 de marzo Hecho excepcional en la sala: reparto equitativo por sexos entre la audiencia. Mayoría de ellas, si me apuran. La segunda visita a Madrid de Le Tigre obtuvo esa previsible respuesta y constató que el suyo es un punto de vista ineludible en el pop actual. Y que Kathleen Hanna no encuentra a día de hoy rival a la hora de hacer concurrir entretenimiento y contenido. Equivocado el tiempo del set en el primer tramo, con predominio de los ritmos ralentizados de las piezas más electrónicas, los ánimos sí se caldearon cuando el trío apeló al músculo (la briosa interpretación de la tremenda “TKO”), refrescó la memoria histórica (“Hot topic” y su retahíla de referencias culturales imprescindibles), divirtió con esas simpáticas coreografías, recordó la oposición a la guerra global permanente y al indeseado reelecto (en las imágenes y sonidos de “New kicks”), y exigió la efectiva universalidad de derechos. Baile, sudor, cachondeo y protesta, que a todo ello se había venido. La olla reventó finalmente con “Deceptacon”, algarabía máxima con la gente de Gravy Train añadiendo más calor y color a la fiesta. José Durán
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