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INHABITANS . Marzo de 2005

La Magia de lo Imprevisto

Asistimos con entusiasmo a la creación de un nuevo concepto musical que no necesita referencias porque es una referencia en sí. Con Into the engine , Inhabitans surgen de repente. Cuatro músicos curtidos en mil batallas aparcan los prejuicios, las referencias y los clichés populosos que generan los estilos musicales. ¿Fortuna o revelación? Sube mucho el volumen.

“El grupo surge en la época en la que tocábamos en Orlando, Carlos (Seoane, guitarras y teclados) , Alfonso (Pachés, batería) y yo (Jesús Vassallo, guitarra y voz). En aquella época hicimos unos temas acústicos en casa utilizando el ordenador y algo de electrónica –recogidos en su primera maqueta de finales de 2003–, para Carlos y para mí fue muy importante la opinión de otras personas, porque tú haces música en tu casa, te lo tomas en serio, pero no es lo mismo. Cuando se involucra más gente también te lo crees más. Que a Alfonso le gustaran las canciones de verdad y que se quisiera meter en el grupo nos hizo pensar que lo que hacíamos era bueno” . Todo surge de una manera natural, por proximidad, teniendo en cuenta que Orlando (portada en el Novedades de Enero de 2005, donde Pachés toca la batería) e Inhabitans comparten local de ensayo. Una familia bien avenida, apoyada en la cercanía y fomentada en la observación primero, el contagio después y por último en la acción, todo en el reducido espacio de tiempo de un año. La prueba de su primera demo condujo de una manera determinante a una segunda maqueta, grabada en Enero de 2004 y reproducida, tal como grabaron en aquella ocasión con Javier Ferrás (Polen), en la médula espinal de Into the engine . En tiempo record –ya con Sergio Ohliger al bajo– y justo cuando la vena creativa estaba a pleno rendimiento, alcanzan la gran cota al publicar su debut con una discográfica – Foehn Records; la de Balago, Apeiron o Tan Low– rendida a sus encantos. De ahí a darle sentido a tanto frenesí, sólo hay un paso posible: prueba a sentarte relajadamente sin demasiada luz y empieza a escuchar el contenido del disco. Cuando la primera canción (“Silence and light”) lleve sonando un minuto y medio, ya te habrán conquistado. Es tan sencillo que es difícil de explicar. “Uno siempre tiene sus preferencias, es inevitable, pero los cuatro juntos conseguimos hacerlo todo de una forma natural, todo ha sido como rodado, no hay muchas explicaciones, cuatro personas coinciden en una forma de tocar, de expresar…” , apunta Sergio. “Hubo momentos de la segunda maqueta en la que pensamos que eso ya podía ser un grupo, no se parecía a nada, podíamos ser nosotros y a partir de ahí hemos empezado a crear Inhabitans” , amplía Jesús. Muy diferentes. ¿Tanto? “Yo creo que somos especiales, aunque las comparaciones que nos han hecho con grupos como Tindersticks están ahí, creo que somos muy diferentes porque haciendo una música bastante americana no nos molestamos en llevarlo muy al pie de la letra, lo llevamos a nuestro terreno. No estamos obsesionados con estar en ningún género, además cada uno de nosotros tiene gustos muy distintos que no son nada cool y que pueden ir desde Red Hot Chili Peppers a The Chameleons” , sentencia, de nuevo, Jesús. Gustos aplacados por la tensión y por la determinación, atmósferas en un local de ensayo que respira sensibilidad y donde en conjunto se inventan las claves de un disco que no fomenta en exceso la improvisación, sino más bien la libertad. “Improvisación no hay, somos bastante cerebrales, no somos los típicos chavales que toman drogas y se dejan llevar, llevamos veinte mil años en esto y sabemos lo que nos apetece hacer creativamente, aunque tampoco está tan pensado” . Dos claves más para analizar el efecto ensoñador del disco: la primera, la sugerencia visual – “La música de banda sonora siempre nos ha interesado, además hemos hecho ambient también, digamos músicas más ‘visuales'. Está claro que cuando la gente dice que las canciones le sugieren imágenes, nos encanta. De todas formas haremos un corto con una de las instrumentales del disco, aunque no creo que se lleve a divulgar” –; la segunda, su conjunción maestra de pasajes instrumentales y temas cantados por una voz que puede guiar, vía directa, hacia las inflexiones de Stuart Staples de Tindersticks. “Creo que muchos grupos tienen la obsesión de cantar constantemente y eso creo que es contraproducente, acaba matando la música, creo que acaba convirtiéndose en algo tedioso”, aventura Carlos. “La idea es dejar desarrollarse a los instrumentos” , dice Sergio. Y aquí surge la fórmula química que engancha en este disco, lo que lleva al embrujo de unas composiciones mimadas, ya que todos los instrumentos tienen su espacio para exhibirse. La voz aparece cuando se necesita en las estrofas y los estribillos son instrumentales con arreglos que pesan quilates. La esencia es el delicado tacto –contundente cuando quieren, como en la magnífica “Deliverance”– con el que tratan cada instrumento. “Nuestra formación es de músicos de apoyo en grupos donde siempre hay alguien delante que monopoliza toda la atención en la narración de los temas, en nuestro caso ese cariño a los instrumentos hace que estemos dándonos paso continuamente” (Jesús). “Lo más importante en Inhabitans es la libertad que produce el dejarse llevar” (Alfonso). Dejarse llevar por una procesión de acordes cristalinos, otros más rebuscados, que organizados con equilibrio hacen de “Into The Engine” uno de los discos más sugerentes de la temporada para todos los oídos con ganas de rebuscar en las bases cálidas del rock, el soul, el pop…. Jesús apunta como preámbulo: “Antes de grabar el disco creo que lo que habíamos compuesto me hacía pensar en el How animals move de John Parish, el Out of season de Beth Gibbons & Rustin Man y en uno de Gillian Welch, discos que tienen en común que te envuelven mucho, con pasajes instrumentales que no pertenecen a ningún género” Que suene la música. Hasta el infinito y más allá. Jose M Gallardo

 

Inhabitants

Into the engine. Foehn

 

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