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Aqualung. 12 de febrero Cuando Kreator decidieron volver tras sus pasos y reengancharse a la disciplina de thrash-metal (de la que fueron líderes europeos), lo hicieron con un álbum brillante como Violent revolution y una interminable gira que les confirmó en estado de gracia. Enemy of god , su último trabajo, es inclusive superior a su predecesor y ambos son discos de un nivel equivalente a cuanto hiciesen en su máximo esplendor. Un esplendor reconquistado, porque ver a una banda en horas terminales (como artistas invitados de Moonspell), asistir a su revitalización (girando por debajo de Cannibal Corpse) y, finalmente, contemplarles de nuevo como cabezas de cartel, supone un inédito caso de resurrección sin patetismos ni frivolidades. Sus seguidores, un imperio a tenor de una sala abarrotada, han vuelto a salir a apoyar a un grupo que erró la forma de orientar su carrera. Y lejos de la pura, efímera y pueril nostalgia, pueden contemplar durante casi dos horas a una banda aún joven pese a sus veinte años de historia, que se exhibe en la agresión, la velocidad y la intensidad, pero también en la más absoluta concordancia con lo que fueron y siempre serán los verdaderos Kreator. Daniel Rabadán
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