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Aqualung. 30 de abril Ya anunció Quique González que La noche americana le daba más que nada ganas de tocar, de trepar a los escenarios y regalarle a su gira el premio del esfuerzo, la dedicación del músico en ruta. Así de enérgico se presentó en Aqualung, abrigado por el calor de un público que lo quiere por sencillo y amable, por contar en lo que canta las historias que no cuesta escuchar. Preparado como está para regocijarse lo justo en el éxito, González acudió a la cita con los Taxidrivers, sus copilotos para la ocasión. El achuchón de la audiencia y un más que pretendido impulso roquero convirtieron la apuesta en un derroche a veces rebosante de guitarra, y tal vez por esa abundancia de poderío algunos extrañamos más intimismo y mesura. En casi dos horas de concierto, quedó claro que, hoy por hoy, el madrileño prefiere el vértigo al rincón. A gusto con su lugar y su momento, volvió a demostrar por qué es un artista salido del montón, de esos a quienes no asusta el miedo. Mónica Plaza
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