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El Sol. 27 de abril Un detalle: Nacho Vegas se tomó su tiempo (unos dos minutos) para afinar su guitarra acústica antes de interpretar “Ocho y medio”, la única concesión a la quietud en un concierto eléctrico; se desató entonces un murmullo incómodo que cesó de golpe cuando sonaron las primeras notas. Al terminar, el de Gijón dio las gracias al público “por su saber estar”. Visto desde el otro lado del escenario, se trata de algo que no todos los artistas se saben ganar: respeto. Presentaba su último trabajo, Desaparezca aquí , con una notable expectación y una puesta en escena (con la ayuda de su banda, Las Esferas Invisibles) que añadió aristas a unos temas que por sí solos ya suponen una notable descarga emocional. Sólo “El hombre que casi conoció a Michi Panero” estuvo por debajo de lo que se podía esperar, mientras que especialmente brillantes fueron los momentos que brindaron “Perdimos el control” (la furia), “Cerca del cielo” (la poesía) y “La noche más larga del año” (la magia). De su primer álbum rescató sólo “El ángel Simón” y del segundo fue significativo el recurso por partida doble a las duermevelas. Podía haber hecho otro concierto con otras canciones (“En la sed mortal”, “Al norte del norte”, “Noches árticas”...), pero la conclusión hubiese sido parecida: el respeto se lo ha ganado a pulso. Enrique Peñas
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