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La Riviera. 17 de abril Abrir fuego con la mejor canción del repertorio es síntoma inequívoco de querer ir a por todas desde un buen principio. James Murphy –inusitadamente hardcore al micro en esa inicial “Beat connection” y en otros momentos de la noche– y su fragua de modernos alquimistas brindaron en su estreno en Madrid una actuación brillante y atronadora, respetuosa para con sus raíces y puntuada por rotundas maneras de banda de verdad. De paso, por si hubiera dudas, consiguieron demostrar que los logros de laboratorio se pueden trasladar con eficacia a la práctica si hay conocimiento y técnica. Puesto que ni uno ni otra faltan en su caso, sólo quedó abandonarse al inevitable zarandeo que ocasiona una propuesta tan física: desde la espectacular reacción en la platea que provocó “Tribulations”, pasando por el eructo de “Movement” o la imprescindible presencia de “Losing my edge”, todo estaba dispuesto para el éxtasis colectivo en que devino “Yeah”. Difícil resistirse, pues. José Durán
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