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STEREOLAB. JUNIO 2005

 

Filosofía Motronómica.

Texto: Jose M. Gallardo
Fotos: Archivo

Estamos bien acostumbrados por Stereolab a recibir una dosis anual de su inesperado sonido desde 1992. En esta ocasión publican Oscillons from the Anti-Sun , una caja recopilatoria de goloso contenido y presentación que nos sirve al mismo tiempo para recoger su legado, planteamientos e imágenes protoquímicas, con los que hacer un sincero homenaje a una de las bandas más creativas para la historia del pop.

 

EN LA NUEVA DIMENSIÓN

Una niña con sonrisa maliciosa nos apunta directamente a la nariz con su dedo índice en forma de boca de revolver, parece que de una forma sugerente te está obligando a pasar y observar lo que esconde. Es la primera imagen y tal vez la más significativa para unas portadas sugerentes que empujan a adentrarse en lo que ocultan los primeros discos de Stereolab. Al escuchar las primeras canciones de su repertorio, siempre la misma sensación: Stereolab, con su primer recopilatorio Switched On y su disco de debut Peng! (1992), en plena explosión indie , abre la Caja de Pandora hacia una nueva dimensión. Lo que hacen es diferente, es arriesgado –no tanto como lo son los trabajos más recientes–, es explosivo y dulce, mezclan la ironía y desfachatez de unos debutantes, pero con una química científica que les motivará a hacer catorce discos más. Sus artífices: Laetitia Sadier, una brillante cantante franco-británica; Tim Gane, un guitarrista y compositor acostumbrado a darle al pop un toque saltarín y político con anteriores proyectos como McCarthy; Andy Ramsay, monolítico a la batería; Mary Hansen, guitarrista y especialista en corear de forma mágica las melodías de cristal de Murano del grupo londinense –un trágico accidente de circulación se la llevo hace un par de años– y colaboradores habituales como Sean O´Hagan (Microdisney y The High Llamas) o John McEntire (Tortoise). Junto a ellos, eventuales como Jim O'Rourke o Andi Toma (Mouse on Mars) y un largo etcétera de teclistas y bajistas que les han acompañado en su largo periplo.

En su dimensión, un sonido tan deudor del krautrock alemán con Kraftwerk y Neu! a la cabeza, como del space -rock británico, una inusual reforma espacial de las bandas sonoras de Mancini y de los experimentos de John Cage o Esquivel, siempre con ese motor de psicodelia amigo de Ray Manzarek y el corazón donde siempre pellizcaron The Velvet Underground. Al final, siempre la misma conclusión: son únicos. Catorce años de Farfisas, Moogs, loops , drones , ritmos miméticos, pero siempre canciones, cientos de melodías, desperdigadas aquí y allí en singles y Ep's –los ocho más relevantes se recogen ahora en Oscillons…– para amenizar con burbujas más de una década de experiencias y de vida.

 

BURBUJAS QUE SUBEN Y NUNCA SE VAN

“Ping Pong”, “Cybele's Reverie”, “Wow and Flutter”, “Jenny Ondioline”, “Miss Modular”, “Free Design”, “Flourescences”, “Captain Easychord”… uno de los legados más completos del pop contemporáneo que pasa a la historia por ofrecer una visión vitalista, de crítica humanista y arty antes que por discos completamente memorables. Pocos se atreverían a hacer una alegoría de los teclados analógicos, un disco para una exposición como Music for Amorfous Body Study Center –recogido después en el recopilatorio Aluminium Tunes –, canciones de diez minutos con tan solo tres acordes o letras de dos frases como en “Pack Yr Romantic Mind” (“ Lo importante es la belleza, lo más profundo es la mancha, la humanidad. Lo significativo de lo prohibido es trasgredido en el erotismo ”). Nadie declararía amor a personajes como John Cage, igual que a Marcel Proust; respeto y admiración por el organista francés Olivier Messiaen, igual que por el pensamiento de Karl Marx y cercanía con movimientos artísticos como el avant-garde o la bossanova psicodélica de Tropicalia. Razones de sobra para pasearse por el universo underground , con la cabeza bien alta y la mirada nada esquiva.

 

Su evolución parece haber sido esculpida por las manos de Rodin. Cuando empezaron con sus dos primeros trabajos tenían un muy palpitante sentido punk que se transformó a toda velocidad a partir de 1994, llegando al punto de inflexión que fue Mars audiac quintet , donde esa actitud musical más aguerrida da paso a una especie de psicodelia experimental retro-futurista, que explotó todas sus virtudes durante tres años, culminando, ya sin miedo a sonar comerciales, en Emperor tomato ketchup , único disco de la banda que consigue el consenso popular. De ahí en adelante, se podría pensar que se dedicaron a investigar -¡como si no lo hubieran hecho antes!– ofreciendo su serie de discos más ambiciosos y heterogéneos, empezando por el soberbio trabajo de electrónica minimal que fue Dots and Loops , continuado por Cobra and phases group play voltage in the milky night , un rico y palpitante tratado de pop colorista adentrándose en sus pasiones siempre ocultas, pero siempre presentes: la bossanova , el pop francés y los arreglos. Madurez sin paliativos para un grupo con tan sólo siete años de carrera. Tras ese despliegue de delicadeza, decidieron tomar un respiro en su primer descanso en ocho años. Aunque publicaron un mini álbum en 2000, necesitaban reflexionar y afilar su siguiente arista. Siguieron con el pop espacial y volvieron a emocionarnos con Some-Dust , síntesis de maestría compositiva: si caes por casualidad en cualquiera de sus canciones, así sin buscarlo, serás abducido para siempre. El último, Margerine eclipse , sencillo y crepuscular, tiene olor a colofón. Bien mirado, Stereolab ha dado tanto, que una retirada en estos momentos –lagrimillas aseguradas–, les confirmaría como rara avis en el territorio underground y uno de sus más firmes baluartes. Sea lo que sea lo que depare el futuro, larga vida al pop de estrato esférico.

 

GUÍA DE COMPRA

Mars audiac quintet (Elektra, 1994)

Culminan con este disco su primera época de manera brillante, explotando forma de basar melodías pop en mantos de teclados austeros. Es complejo y anguloso, pero contiene dos de sus éxitos más celebrados como “Ping Pong” y “Wow and Flutter”, canciones aparentemente sencillas con un revestimiento retro en la cáscara, futurista en las primeras capas y punk en el núcleo: las intenciones. Cuanto más lo oyes más entiendes todo lo que han pretendido hacer entender. O menos. En plenitud de facultades psicodélicas, respiran de su etapa más irreverente y dibujan una estética que ya nunca volverían a recuperar, al rendirse a otras pasiones más exquisitas y menos viscerales.

Emperor tomato ketchup (Elektra, 1996)

Cuando ya habían conseguido que el mundo les entendiera, se exprimen, ofrecen una colección inolvidable de canciones y dan el salto comercial. Es su disco más vendido y a la vez más directo. Abrió de par en par las puertas la melodía restando importancia a los teclados y a la repetición pese a la apertura con “Metronomic Underground”. Aceptan hacerse cercanos y reconocibles, aunque pese al cierre con “Anonymous collective”.

Dots and loops (Duophonic / Elektra, 97)

Parece que a estas alturas necesitan oxígeno y nuevos horizonte. Abandonan por completo la filosofía punk y abrazan la electrónica pop o más bien la crean, se la inventan. Es un disco tan conceptual –grabado entre Chicago y Düsseldorf– que abruma. Han llegado a ese futuro que insinuaban en sus pasos previos, y lo encuentran más bello de lo esperado. Este disco es ensoñador, espectral e inteligente como ninguno. Con otras intenciones volverían a intentarlo dos años más tarde en Cobra… Casi lo consiguen.

  1. Refried ectoplasm (1995)
  2. Peng! (1992)
  3. Switched on (1992)
  4. Transient random-noise bursts with the announcements (1993)
  5. Cobra and phases group play voltage in the milky night (1999)
  6. Sound-Dust (2001)
  7. Space age bachelor pad music (Too Pure, 1993)
  8. Aluminium tunes (1998)
  9. Margerine eclipse (2004)
  10. ABC Music (The Radio 1 Sessions) (2003)
  11. Music for the amorphous body study center (1995)
  12. The first of the microbe hunters (2000)

 

SI TE GUSTA STEREOLAB TE GUSTARA

NEU! Neu! (1971)

En exclusiva “Hallogallo”, la primera canción de este disco, define una parte de las ideas de Stereolab. El ritmo monocorde, gélido, como en “Metronomic Underground”, con permutaciones, no parece que haga falta más para especular con la sencillez e insinuar lo complejo que puede llegar a ser cualquier sonido. Filosofía, esta última, que Stereolab explota desde Dots and Loops y que aunque parezca mentira nunca les hizo perder la cabeza. Tal vez su amor a la delicadeza de la bossanova salvó a Stereolab de helarse en el krautrock .

 

UNITED STATES OF AMERICA. United States of America (1968)

Utilizaremos esta referencia para señalar dos cosas: que este grupo psicodélico tiene la envidiable capacidad de engendrar una sugerente estética onírica que se relaciona con la de Stereolab y que, además, sin entender por qué, son el germen simbólico de la existencia de Broadcast, discípulos de Stereolab. También nos sirve para citar de refilón, por ser contemporáneos y por su intención experimental, a Can, otro icono de su sonido. Tal vez el amor al concepto de banda sonora salvó a Stereolab de fundirse en la drogadicción.

 

McCARTHY. I am a Wallet (1989)

Digamos que en este grupo de pop político, Tim Gane aprendió mucho de eso que llaman inconformismo. Aunque la música del grupo fuera mucho menos arriesgada que la de Stereolab, la necesidad de hacer popular un discurso basado en el marxismo y contra Margaret Thatcher en concreto, le marcó para siempre. Además de incluir el germen pop –británico– en Stereolab, en la última época Laetitia ya colaboró incluyendo voces en alguna actuación del grupo. Tal vez el amor a la sutileza del pop francés salvó a Stereolab de convertirse en hooligans.


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