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RICHMOND FONTAINE. JULIO de 2005

El Lado Oscuro del Americana.

En los límites del country y el americana , grupos forjados al calor de los clásicos se han hecho fuertes con más ilusión que pretensión. El country-rock noir de la banda de Willy Vlautin es uno de los nuevos exponentes de esa generación que ya ha crecido mamando el legado cow-punk de ilustres como Uncle Tupelo.

Los tipos graciosos no abundan en el rock concebido en los pequeños estados americanos. Ostentan un sentido del humor demasiado distante para el europeo medio, y demasiado tosco para la inteligentsia de las grandes urbes yanquis. Willy Vlautin, la cabeza pensante de Richmond Fontaine, es toda una anomalía. Un tipo dicharachero, de verbo fácil y sonrisa perpetua; lo que se llama un tipo sencillo. “De hecho, hasta que el año pasado vinimos de gira a Europa por primera vez, ni me hice el pasaporte”, asegura con sorna. “No habíamos salido del país en toda nuestra vida, ¿Para qué necesitábamos el pasaporte?” Cierto, pero no me negaran que sorprende, más aún teniendo en cuenta el calado que discos como Post to wire (2004) y Winnemucca (2002) tuvieron entre la prensa y el público europeo, cada día más dados a los sentidos experimentos de eso tan impreciso pero, sin embargo, precioso que es el americana . “Es realmente excitante que con nuestra música hayamos llegado a Europa. No teníamos muy claro cual sería la reacción del público aquí; y la verdad es que nos hemos llevado una sorpresa. La prensa nos ha apoyado mucho y de verdad que sorprende, teniendo en cuanta cómo funcionan las cosas en Estados Unidos” . Se refiere, por supuesto, a la saturación de bandas que sufre un país con tantas escenas como barrios tienen las ciudades.

 

Para los que no tuvieron bastante con Post to wire , Vlautin ya ha puesto en circulación The Fitzgeralds , una nueva vuelta de tuerca al sonido oscuro, por momentos gótico, de un rock con tendencias americana que mira a Neil Young de soslayo y que tiene al Bruce Springsteen de The River como principal influencia. “Son dos personajes clave para entender el rock de raíces, pero mi grupo preferido es The Pogues. Eran buenísimos, las letras, la música y su actitud me han inspirado mucho, pero no ya como músico, sino como persona” . Es claro y diáfano que, a pesar de tener a The Pogues en un altar, Vlautin le ha sabido sacar más partido al legado de Jay Farrar y Jeff Tweddy; ya se habla de Richmond Fontaine como el único grupo capaz de hacer reverdecer los laureles del cow-punk . “Nunca fui un gran fan de Uncle Tupelo” , afirma; pero sí de la generación del country actual que fraguó su prestigio en los 80, de Lucinda Williams a Steve Earle, o de Richard Thompson a las hermanas Mac Garrigle. “En los 80, Tom Waits me influyó mucho, pero está claro que los grupos que mencionas han ayudado a formar el sonido de Richmond Fontaine” . Un sonido característico que relaciona al rock de alcurnia americano, el que representan Giant Sand y Rainer Ptanek, con The Cure o Echo & The Bunnymen. Una conexión ciertamente extraña que se debe a que “cuando escribo soy mucho más dramático. Aunque, para ser sincero, mientras escribía el nuevo disco no pasé por un período muy feliz de mi vida. Me sentía muy bajo de moral y por eso creo que es un disco muy oscuro” , dice. Vlautin, de hecho el motor de Richmond Fontaine, tiene una faceta oculta, una parte de pequeño intelectual de provincias que cristaliza en unos escritos que tienen a Raymond Carver como a un Dios. “Estoy muy contento, por fin he podido realizar mi sueño de publicar una novela. Es una historia convencional que se va a publicar en una editorial inglesa sin grandes pretensiones. Ya veremos como funciona” . A la luz del éxito del grupo, su carrera como novelista debería ir como la seda. Jaime Casas

 

Richmond Fontaine

The Fitzgerald. Decor/Discmedi

 

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