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La Riviera. 8 de junio Costello sonríe después de acabar con “Less than zero”, bromea, rescata “Blood and chocolate ” y se saca de la manga un “Clubland” histórico con un Steve Nieve a los teclados que parece el mismo diablo. Intercala las canciones de The delivery man con las de toda la vida, y parece mentira que “Trust” fuera del año 81 y “Country darkness” de anteayer por la tarde. La furia sigue envasada detrás de esas gafas. Pero esta vez es diferente. Es la primera vez que viene a Madrid a tocar “Pump it up” con guitarras rasposas ante un público en pie desde hace casi quince años. Pero esta vez es diferente. Costello juega a ser guitarrista de rock imaginativo que juega a ser guitarrista de blues pictórico que antes fue guitarrista de nueva ola ruidoso al que le gusta el soul y el reggae blanco. Cambia de guitarra mil veces, y aunque hay concesiones a alguno de los momentos de tensa calma de su discografía, el concierto transcurre entre sorpresas que no tienen nada de nostálgico. Cuando alguien está a punto de cumplir treinta años encima de un escenario con el mismo genio que hace veinte, el público sabe que no ha visto el concierto del año porque eso se reserva a los sabores nuevos, pero también sabe que no podrá ver otro como éste por muchas sorpresas que se lleve con los que nunca soñarán con escribir la mitad de las canciones que acabamos de oír. Jorge Obón
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