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LE MANS. DICIEMBRE 2005

Un Rayo de Sol.

Texto: Jose M Gallardo
Fotos: Leila Méndez

El sello madrileño Elefant reedita este mes los dos primeros discos de Le Mans, culminando así una acertada política de recuperación de una de las discografías más estimulantes del pop independiente español de los últimos quince años. Repasamos su trayectoria al mismo tiempo que, también vía Elefant, aparece en el mercado el segundo sencillo de Single, el grupo en el que el núcleo creativo de Le Mans da continuidad a sus inquietudes artísticas.

 

De todos los grupos nacionales que explotaron sus necesidades creativas a principios de los noventa, Le Mans es uno de sus casos más interesantes. Surgidos en una época en la que las portadas de las revistas se dedicaban a Nirvana y los grupos de nuestro país se dejaban seducir por las gaseosas medio heladas del noise , dieron forma a una discografía única manteniendo actitud atípica con la que consiguieron respeto más allá de los conceptos habituales de promoción, todavía en pañales en esa época en nuestro país. Sus contadas y desganadas comparecencias en directo, su gusto por un sonido cercano y sencillo que igual generaba incredulidad y sonrisas que suspiros y pasiones, hicieron de sus ocho años de vida un vínculo insobornable con las más puras esencias del concepto pop, estilo del que se nutrieron en una colección de referencias que sólo ellos y unos pocos iniciados encontraban en sus discotecas. Desde el frío y lluvioso San Sebastián, Ibon Errazkin (guitarra), Jone Gabarain (voz), Teresa Iturrioz (bajo), Gorka Ochoa (batería) y Peru Izeta (guitarra), seducidos por un amalgama de sonidos –entre los que se encontraban Astrud Gilberto, Vainica Doble, Felt, Marine Girls, Young Marble Giants, Beat Happening, Marvin Gaye, Love u Orange Juice– se convirtieron en la cabeza visible y mejor amueblada del pop delicado que se concentraba por casualidad (o no) en el norte del país, secundados ni más ni menos que por vecinos y amigos como Family y La Buena Vida. Si no hubieran existido, pocos hubieran reconocido después las esplendorosas virtudes de Vainica Doble; si no lo hubieran citado ellos, pocos hablarían de Kurt Weill; si Le Mans no hubieran publicado ni una sola canción pocos hubiéramos descubierto como mirar la vida de cerca, disfrutarla y llorarla con optimismo y sin trascendencia, aunque si con apasionamiento. Suerte que existieron.

 

Canción de si tú me quieres

Una serie de acontecimientos les condujo sin remedio hacia su condición de grupo de culto: surgir de un grupo todavía más de culto como Aventuras de Kirlian; grabar un disco como Le Mans (1993) por cuenta propia negándose a publicarlo con La Fábrica Magnética y empeñarse en que viera la luz como la quinta referencia de un sello en lactancia (el madrileño Elefant); dejarse acompañar en su parte gráfica por las excelencias de un diseñador como Javier Aramburu (también en Family); o formar parte del primer cartel del Festival Internacional de Benicàssim, donde Jone leía en una libreta las canciones que cantaba sin ruborizarse. Eso y la publicación de cuatro discos entre 1991 y 1998 (recuperados en formato digipack en orden cronológico inverso desde hace un par de años), forjó su más que destacable presencia en la memoria colectiva, con la huella imborrable de unas canciones perfectas en su aparente sencillez que fueron creciendo en calidad e impronta futura, a medida que sus miembros experimentaban en un país con apenas iconos musicales respetables a los que aferrarse en aquellos momentos. Por eso recibieron las grandes alabanzas de los pocos que sí había, como Carlos Berlanga (con el que trabajó Ibon Errazkin en Impermeable , su último disco), Alejo Alberdi de Derribos Arias (que les consiguió en los tiempos de Aventuras de Kirlian su primer contrato discográfico con Dro) o Fangoria, con quién grabaron el single Me quedaré soltera (una estupenda versión de Cecilia). No siempre queridos y no siempre entendidos, lograron amasar una única realidad vitalista e intransferible, anteponiendo los logros artísticos a las modas, las ganancias económicas y las palmaditas en la espalda. Coherencia compositiva y un adiós con su disco más ambicioso Aquí vivía yo (1998) entregado cuando mejor les iba. Un final conceptual con un disco precedido por dos singles, en el que juntando las portadas se podía leer un escueto epitafio: FIN. Puro arte pop.

 

Buenos días, corazón

De sus descubrimientos: una forma de componer rica en matices, en monotonía, casi letargo, con ambientes cristalinos y febriles, en los que emergían simbolismos y certezas, que explotaban la rémora de un tiempo y un lugar en el que todo era nada y el rock quería ser todo. Un tiempo y un lugar en el que el hastío musical radiofónico se anquilosaba y donde sus ideas eran un soplo de aire fresco sobre la llaga, para lamerse la vida. Un vehículo lento por el que recorrer los paisajes en escala de grises de un mundo interior que no era más que un remanso de paz con el que afrontar la madurez que tanto se le pide al ser humano, cuando nadie quiere crecer. Un saludar al corazón, con el que desperezar la más ignota ignorancia emocional, donde los sentimientos son el todo y se han quedado en nada. Se permitían, sin pretensiones líricas ni trascendentales, echarle un ojo a los días que pasan lentos, donde la importancia estaba en los detalles: el mar, la playa, un café, viajes por otros países, un botella de vino, los desastres amorosos… las pequeñas grandes cosas. El costumbrismo era una necesidad en sus letras, recoletas y parsimoniosas como sus estructuras, forjando una imperecedera manera de enfrentarse a uno mismo. Un día de 1998, Ibon Errazkin, tras el anuncio de la separación de Le Mans, me decía que a lo mejor no era tan necesario tomarse en serio lo que contaban, que podía ser sólo palabrería o simple retórica. Volviendo sobre textos como el de “Dry Martini” (“Puede parecer que ahora estoy débil, pero no está mal beber sin ti, sin ti/juntos hemos visto medio mundo, más de lo que puedo recordar, los dos, los dos/pesan demasiado la pereza y la costumbre, pero todo va bastante bien, sin ti”) o “Paramour” (“Intento adivinar si ha llegado a pensar en mí, si está aquí sólo por azar/Me gusta imaginar su sonrisa muy cerca, despertar un día con él, ¿será esto amor?”), todo encaja y se convierte en prefacio de lo que nos ha pasado alguna vez. Aunque sólo fuera retórica. Eso son Le Mans, algo que a todos nos ha pasado alguna vez. Suerte que podamos recordarlo de nuevo. Con o sin nostalgia, allá cada uno…


Guía de compra

 

1. Le Mans (1993)

Es la más pura esencia del cambio de Aventuras de Kirlian a otra nueva forma de ejecutar el interiorismo de sus canciones. No cede en su apasionamiento por lo sutil, pero genera una nueva lectura menos amateur. Contiene el gran himno indie-pop “Un rayo de sol”, que tanto supuso en su momento, y guiños explícitos a sus pasiones: tramos de “H.E.L.L.O“ extraídos de “A place in my Heart” de Orange Juice. A Ibón Errazkin no le gustaba nada este disco, pero entre sus fans es el más aclamado.

 

2. Saudade (1996)

Es un disco absolutamente invernal aunque el grupo lo grabara en verano. Su contenido es la más pura esencia de cómo la tristeza es uno de los sentimientos más naturales con respecto a ciertos momentos de una relación amorosa, que es lo que encontramos aquí. Sus grandes melodías y letras como las de “Paramour” o “Lucien” son un salto de calidad y de madurez que se percibe ya desde la sobria portada del disco, originalmente en un 10 pulgadas doble. 

 

3. Entresemana (1994)

Breve, orquestado y nostálgico. Deja cautivado y frío. Es un disco escueto, directo y limpio, con una estructura concreta que le otorga un sonido identificable de principio a fin. Un disco de entresemana teniendo en cuenta que el fin de semana anterior era hedonista y feliz ( Le Mans ) y el próximo será triste y melancólico ( Saudade ). Es el natural nexo en común de la evolución del grupo, anticipando en las letras una maniobra emocional cada vez más soldada a la piel.

 

4. Aquí vivía yo (1998)

Sin duda su trabajo más rico en matices, en estructuras variadas, con una base muy bossa-nova y juegos coquetos con la electrónica. Son unos nuevos Le Mans sin límites y utilizando las emociones, esta vez más desde una intención lúdica que de la seriedad de Saudade . Se vislumbran muchas opciones para su futuro, pero aquí en este disco inventaron una nueva forma de mirarlo. Su final, como el de Family, es de esos que uno entiende con los años como la decisión más acertada para un grupo que cree que ya lo ha dicho todo si ha dicho tanto.

 

5. Zerbina (1994)

6. Jonathan Jeremiah (1996)

7. Dry Martini (1995)

8. Mi novela autobiográfica (1997)

9. Ying Yang (1998)


Si te gustan Le Mans te gustará...

 

YOUNG MARBLE GIANTS Colossal Youth (1979)

La conexión de Le Mans con este grupo esencial se encuentra en el recurso al minimalismo compositivo, en el caso de la falta de batería y su reducción a guitarra, bajo y batería de los de Cardiff, proporcionaba un mágico descenso a los orígenes de la música. Primitivismo en un disco complejo y especial. La frágil voz de Alison Statton nutre a estas canciones de carismático proto-pop, base de muchas bandas posteriores, entre las que Le Mans destaca como alumno aventajado al trabajar composiciones mínimas en su envoltorio y propiedad, aunque con un aire mucho más mediterráneo.

 

ASTRUD GILBERTO The Astrud Gilberto Album (1965)

El sentido rítmico y la confabulación de melancolía y aliento que surgió con la bossa-nova, y en concreto con Astrud Gilberto, es un conmutador implícito en la carrera de Le Mans, explícito del todo en Aquí vivía yo . Canciones de este disco, como “O morro”, alimentan parte de “No vino, estaba enferma o de vacaciones”. Astrud Gilberto exprimía al máximo sus dotes vocales y su calidez para suavizar las ideas y en su empaque figurativo se escondían ciertas directrices del ideario de los de Donosti, quienes siempre la han considerado influencia asimilada.

 

VAINICA DOBLE En Familia (2000)

Es ineludible citarlas. Este es un disco precioso, sin duda. Y es un disco fresco con respecto a su trabajo en los 70, del que Le Mans repescan esa particular forma de enfrentarse a las cosas cotidianas. Si Vainica Doble se ensimismaban con lo que puede dar de sí una escena familiar en la cocina, a Le Mans les pasaba lo mismo con la que se desarrolla en el bar al que vas a tomar café. La belleza de lo usual y también del acomodo; el análisis sintáctico de las miniaturas universales.

 



 

Sus diez mejores canciones

1. “Un rayo de sol”, de Le Mans

2. “Dry Martini”, de Saudade

3. “Mi novela autobiográfica”, de Aquí vivía yo

4. “Canción de si tú me quieres”, de Entresemana

5. “ H.E.L.L.O”, de Le Mans

6. “Perezosa y tonta”, de Entresemana

7. “Al Bulevar”, de Le Mans

8. “¡Oh, romeo, romeo!”, de Saudade

9. “Buenos días, corazón”, de Aquí vivía yo

10. “Paramour”, de Saudade

 

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