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SANTI CAMPOS . ABRIL de 2005 Sin vocación de maldito
Ese malditismo atiende más a sus gustos musicales y a su forma de entender el rock que a otra cosa. Tras formar parte de los castellonenses Malconsejo, Santi Campos publica Amigos imaginarios , su segundo disco en solitario amparado por la mejor tradición del rock y el folk americano y con el que espera abandonar el anonimato como en su día hicieran sus admirados Wilco. Argumentos tiene, no intenciones claras, por otro lado. Su discurso por primera vez es autoindulgente, única y exclusivamente porque cree haber hecho el disco de su vida. Desde los quince años –ahora pasa de los treinta– es fan declarado de Neil Young y The Velvet Underground. Desde hace algo menos, una rareza en el panorama rock de este país, básicamente por haber elegido un camino difícil: la tradición americana del artista que cuenta historias a las claras y con calidez como Lambchop, Elliott Smith, Mojave 3, Giant Sand o Clem Snide, pero en castellano. Algo que desde su anterior trabajo, Pequeños incendios (2002), nos viene a transmitir una esencia que cuando menos resulta exótica, pero que en este caso ha quedado anclada en perfectos cimientos para construir una nueva y luminosa etapa musical. No repara en recordar qué es lo que le guiará. “A Wilco los descubrí con el segundo disco, es casi con el único grupo con el que me he enganchado tanto como con clásicos como la Velvet, Love o Neil Young, me parecen tan clásicos como los Beatles; es más, creo que me gustan más que los Beatles, aunque parezca un crimen decirlo” . Habla evidentemente desde la posición de fan y se le respeta, aunque él va aún más allá a la hora de situarnos ante sus ideas previas a la grabación del disco. “Siempre he pretendido hacer un disco como la música que me gusta escuchar, es decir los grandes discos de Neil Young, Buffalo Springfield o los de Elliott Smith, Wilco, Clem Snide, música que ahora se lleva mucho, pero que yo llevo escuchando toda la vida… Desde hace muchos años estoy intentando hacer algo parecido y creo que es la primera vez que estoy absolutamente satisfecho con lo que he conseguido” . Todas esas referencias aparecen, de una u otra manera, a través de las claraboyas de sus canciones, pero sin llegar a resultar definitivas. Son la voz, los arreglos, las letras, la calidez y la vitalidad los que concentran todo el interés. Se hace notar un gran trabajo, dilatado en catorce meses con la intencionalidad que cita: ideas instrumentales claras y maduras, como sus letras, cargadas de magnetismo y basadas en sus propias vivencias. Amigos imaginarios . Rock Indiana
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