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Sr. Zambrana. Septiembre 2004.

Cuestión de autenticidad

“No soy un tío que suela hablar mucho de rap o de ego en sus letras. Hay cosas que me inspiran más, que me gustan más, que odio más, que me dan más asco, que me hacen más gracia, que me dan más pena…”, dice el Sr. Zambrana acerca de su modo de hacer rap. Ha debutado en formato largo con el excelente “Crónica de un bohemio” y ha mostrado, en 56 minutos, que el género no tiene por qué responder a la endogamia que respira la escena nacional. Zambrana (es su verdadero apellido) aparece en Ripollet, un barrio barcelonés con una considerable población surgida de la emigración. El barrio se está convirtiendo, por derecho propio, al igual que Sabadell o Terrassa, en lugares preeminentes a la hora de formar raperos: “A partir de los trece años empecé a sentir la ‘llamada del rap’ y entré en la cultura hip hop. Empecé a hacer cosas por mi cuenta y a rapear a partir del 98 o así. Poco después tuve un grupo, llamado SdC, con el que hice mis primeros temitas, los primeros bolillos… una etapa de aprendizaje de la que guardo muy buenos recuerdos. En el 2001 decidí hacer un paréntesis en la banda para probarme como productor y sacar mi primera maqueta en solitario; y eso fue lo que, a la postre, me llevó a firmar un contrato discográfico y a expandir mi música en todos los sentidos”. Este MC proviene de una familia numerosa en la que, tanto padres como hermanos, le han proporcionado un intenso bagaje musical del que servirse: música de los 80, soul, jazz, funk, copla… “En los quince cortes del disco se recogen todas mis influencias e inquietudes musicales plasmadas desde el hip hop. En las producciones se encontrarán aires de jazz, funk y soul; la música negra setentera que es la que más me ha marcado, pero también podrán encontrarse aires flamencos, oscuros, salseros…”. Respecto a los textos… otra sorpresa: “son letras bastantes autobiográficas basadas en lo que vivo o he vivido; y cómo no he tenido una vida muy diferente a la de la mayoría de chavales de la periferia de una gran ciudad, pues creo que la gente se puede llegar a identificar con algún tema. Líricamente, la idea es simple: transmitir”.

Sr. Zambrana, al contrario que muchos compañeros de generación, no pretende colocarse como “el MC más molón de los B Boys del barrio”. Su discurso parte de la naturalidad y se adereza contagiosamente con bases que evocan a muchos de sus músicos preferidos, un crisol que cubre tanto a A Tribe Called Quest como a Miles Davis, Sly Stone, la música brasileña o el flamenco. “Al venir del mundo maquetero”, comenta, “ya había grabado bastantes veces, aunque en estudios caseros. La diferencia de método entre un estudio casero y uno profesional tampoco es muy diferente: sólo está en el sonido que se saca, pero las ganas de trabajar son las mismas. La experiencia ha sido agotadora; más de dos meses prácticamente encerrado ahí dentro… No lo recomiendo”.

Tras esos dos meses de trabajo ha parido “Crónica de un bohemio”, un álbum que refleja plenamente lo que se proponía y que está recibiendo críticas excelentes. “Soy consciente de que el estilo que hago no puede agradar a todos, ya que es un rollo minoritario. Este disco no podrá vender tanto como otro de rap más ortodoxo ni podrá llamar a un público tan amplio de chavales B Boys. Será cuestión de hacerme sonar y de implantar mi música como algo natural en el panorama nacional. Del mismo modo, también es posible que a la gente ajena al hip hop le guste bastante más este disco que otros que salen: quizá lo puedan comprender mejor o les pueda transmitir más”. El resultado del álbum viene marcado, desde el primer corte, por la importancia que Zambrana da a ciertas cosas: “Lo que más me atrae de las bandas es que sean auténticas, que hagan su rollo sin querer ser la sombra de nadie. Las sombras se ven a la luz del día, pero cuando llega la noche desaparecen y nadie se acuerda de ellas. También me mola que combinen un buen estilo y flow con unas buenas letras, y eso no significa obligatoriamente hacer mensaje. Todo depende del ingenio y capacidad que uno demuestre”.

Desgraciadamente, su propuesta se ha encontrado, en la primera etapa, con la falta de un manager que facilite su salida a festivales y actividades veraniegas. Es de suponer que el problema se solucionará en breve y que Zambrana salga pronto a los escenarios que le requieran. Con todo, su mayor deseo es obtener de la música “satisfacción personal. Quiero hacer canciones que me gusten principalmente a mí y que lleguen a la gente. Quizá dentro de unos años, cuando me vea entrampado en hipotecas y en todas esas ratoneras, pida también pasta, pero sé que, hoy por hoy, no puedo esperar eso de la música”.

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