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Sr. Zambrana. Septiembre 2004. Cuestión de autenticidad
Sr. Zambrana, al contrario que muchos compañeros de generación, no pretende colocarse como “el MC más molón de los B Boys del barrio”. Su discurso parte de la naturalidad y se adereza contagiosamente con bases que evocan a muchos de sus músicos preferidos, un crisol que cubre tanto a A Tribe Called Quest como a Miles Davis, Sly Stone, la música brasileña o el flamenco. “Al venir del mundo maquetero”, comenta, “ya había grabado bastantes veces, aunque en estudios caseros. La diferencia de método entre un estudio casero y uno profesional tampoco es muy diferente: sólo está en el sonido que se saca, pero las ganas de trabajar son las mismas. La experiencia ha sido agotadora; más de dos meses prácticamente encerrado ahí dentro… No lo recomiendo”. Tras esos dos meses de trabajo ha parido “Crónica de un bohemio”, un álbum que refleja plenamente lo que se proponía y que está recibiendo críticas excelentes. “Soy consciente de que el estilo que hago no puede agradar a todos, ya que es un rollo minoritario. Este disco no podrá vender tanto como otro de rap más ortodoxo ni podrá llamar a un público tan amplio de chavales B Boys. Será cuestión de hacerme sonar y de implantar mi música como algo natural en el panorama nacional. Del mismo modo, también es posible que a la gente ajena al hip hop le guste bastante más este disco que otros que salen: quizá lo puedan comprender mejor o les pueda transmitir más”. El resultado del álbum viene marcado, desde el primer corte, por la importancia que Zambrana da a ciertas cosas: “Lo que más me atrae de las bandas es que sean auténticas, que hagan su rollo sin querer ser la sombra de nadie. Las sombras se ven a la luz del día, pero cuando llega la noche desaparecen y nadie se acuerda de ellas. También me mola que combinen un buen estilo y flow con unas buenas letras, y eso no significa obligatoriamente hacer mensaje. Todo depende del ingenio y capacidad que uno demuestre”. Desgraciadamente, su propuesta se ha encontrado, en la primera etapa, con la falta de un manager que facilite su salida a festivales y actividades veraniegas. Es de suponer que el problema se solucionará en breve y que Zambrana salga pronto a los escenarios que le requieran. Con todo, su mayor deseo es obtener de la música “satisfacción personal. Quiero hacer canciones que me gusten principalmente a mí y que lleguen a la gente. Quizá dentro de unos años, cuando me vea entrampado en hipotecas y en todas esas ratoneras, pida también pasta, pero sé que, hoy por hoy, no puedo esperar eso de la música”. R
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