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Introducción. Septiembre de 2004. Punk, la dichosa palabrita
El punk, en su momento, fue el invento que se montó Malcolm McLaren para tratar de comercializar lo que se hacía en Londres a mediados de los 70: chicos de clase baja dando guitarrazos a diestro y siniestro y sin tener idea de lo que era tocar pasándoselo pipa en casas ocupadas con las camisetas rotas. McLaren vio que la estética de aquellos tipos empezaba a aparecer con frecuencia y decidió convertirlo en una moda. Llenó su boutique de camisetas con las mangas quitadas y tijeretazos en el pecho y chupas de cuero negro que, después de haber identificado a los primeros rockers de los 60, habían perdido todo interés para los aficionados “a lo último”. El tío se hizo de oro y decidió, incluso, vender el “punk” como música aun cuando lo que hacían los chavales que lo representaban no fuera sino un rock’n’roll acelerado, mal tocado y con letras irreverentes. Ahí había pasta, el tío lo vio, lo trabajó y consiguió que, en un par de años, todo cristo estuviera hablando de la dichosa palabrita. Hasta los norteamericanos se encontraron con que lo que hacían los Ramones (foto superior) era “punk”. Y ellos, habiendo inventado esa música, sin saberlo. Aquello duró dos telediarios: los grupos que entendían mínimamente evolucionaron hacia una música de mayor calidad (The Clash es el perfecto ejemplo) y otros, la mayoría, desaparecieron sin dejar rastro. En países como España, los niños más pijos, los que podían viajar a Londres para comprar discos y ropita, trajeron la moda punk a nuestra piel de toro para presumir de posibles, pero, lógicamente, lo que ellos hacían poco tenía que ver, en origen, con lo que había motivado la aparición de bandas como los Sex Pistols. Aquí el punk era elegante, con crestas de alta peluquería y tachuelas doraditas. Hasta Alaska, niña bien mexicana, o Fernando Márquez, “El Zurdo”, declarado falangista, eran punk. Luego llegó la otra onda, la “punkarra”, la que reivindicaba lo de incluir tacos a diestro y siniestro en las canciones y tocar como si se quisiera herir el oído del vecino a base de vatios. Es otra historia que podrás leer en un artículo posterior, unas páginas más allá. El comentario viene a cuento porque con la palabra “punk” se cobijaba a gente tan dispar como Clash, Ramones, La Polla Records o Kaka de Luxe. La etiqueta había perdido sentido por completo, como todas.
A la hora de hablar de “punk” en este especial que tienes en tus manos hemos tenido en cuenta cada una de estas cosas y hemos intentado centrarnos en el panorama actual que se vive en España. Hemos tenido, lógicamente, que recurrir a ciertos datos históricos para poner al lector en antecedentes, pero no ha sido nuestra intención escribir aquí una “historia del punk” (imposible, por otro lado). Hemos querido atisbar el circuito alternativo e independiente, fijarnos en los popes del “do it yourself” y pasar, mínimamente, revista a la actualidad de los grupos más relevantes que comenzaron sus carreras en el plano punkie. De ese modo, en las páginas que siguen podrás enterarte de la evolución que ha tenido el punk en España, del funcionamiento de los sellos especializados y de sus problemas, de las bandas que andan a la greña por ganar un espacio y de los nuevos proyectos de los grupos consagrados. Asumimos, desde la primera línea, que hablar de “punk” es una entelequia y por eso tratamos de centrar aquí el árbol del que ha surgido todo este especial. Si con él conseguimos añadir información a un entorno que, habitualmente, carece de ella ya habremos ganado algo. E.P. La historia: Más vale ser punkie
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