Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

La música. Septiembre de 2004.

10 de los discos (probablemente) más influyentes del punk-rock ibérico

La Banda Trapera del Río
“La banda trapera del río”
(Belter, 1978)
De alguna manera… “la Biblia”, la puta Biblia. Tan imprescindible e inagotable, tan influyente al punk rock estatal como lo fue “The Velvet Underground and Nico” para el devenir del pop mundial. Esto es: ni Dios se enteró de sus bonanzas en el momento de la edición, pero empezaron a salirle los hijos tras años de anonimato. Aunque tarde, ellos aún pudieron arrancar un pellizquito de ese reconocimiento que merecían. La reedición del mítico vinilo en 1992 (se pagaban cantidades exorbitantes por él) tuvo tal éxito que permitió al grupo reeditar su segundo LP (“Guante de guillotina”) y, de paso, arrejuntarse para editar “Directo a los cojones” (94) en vivo y “Mentenblanco” (96) en estudio.
Sumergirse en este disco debut es mirar a la cara del “lumpem proletariat” contestatario y bravucón del extrarradio barcelonés (eran de Cornellá) y ahogarse en el desprecio del desfavorecido con brutal visceralidad. Los temas siguen siendo gemas impagables: “Curriqui de barrio”, “Ciutat podrida”, “Padre nuestro”, “Nos gusta cagarnos en la sociedad”, “La regla” o “Nacido del polvo de un borracho y del coño de una puta” son, simplemente, imprescindibles, todas ellos punzantes e hirientes, geniales. Lo suyo se alejaba totalmente del “racarraca” simplón de la escuela anglosajona del 77. Tocaban de una forma cruda pero tocaban muy bien: mala hostia racionalizada que venía del blues rock endurecido, del hard rock más distorsionado. Gustaban de New York Dolls, MC5, The Stooges, el Lou más animal, Bowie y el glam… Su cantante, Morfi Grey, era un Iggy Pop patrio que jugaba por el lado más bestia de la vida. Y del Tío Modes, su guitarrista, decir que, probablemente, no habrá habido en toda la historia estatal un guitarrista punk tan eficiente y peligroso (por lo menos hasta la llegada de Mike Sobieski desde el otro lado del charco). Lo suyo fue demasiado y demasiado pronto. Los únicos referentes del momento, equiparables de alguna manera, podrían ser Burning (siempre más sensuales, igual de macarras) y Ramoncín (siempre más preocupado de la atención mediática, en su momento, igual de mordiente).

Kaka de Lux
“Las canciones malditas”
1983
Aún sorprende pensar en cómo pudo existir semejante encuentro de egos y personajes. Quizás por eso sólo duraron juntos un pedo, allá por el 78. Carlos Berlanga, Nacho Canut, Alaska, Manolo Campoamor, Enrique Sierra, Fernando Márquez “El Zurdo”… eran precipitados y provocativos, ofensores e imaginativos, algo infantiloides y, de alguna manera, tenían las ideas muy claras; no en vano, de ahí salió gente para Radio Futura, Pegamoides, Dinarama, La Mode, Paraíso… Son, en buena parte, los culpables de enseñar aquí que el punk podía ser algo burbujeante e intrascendente, irritante porque sí, absurdo. La historia no les perdona --o les agradece-- ser niños de clase pudiente que podían estar a la última a base de vuelo chárter “a London” y tener pagas de domingo dilapidadas en el Rastro. Eso sí: daban, y mucho, la nota. Kaka de Luxe sólo grabó en vida un single (“Kaka de Luxe”, 1978), donde se podía apreciar con claridad que no sabían tocar, aunque eran imaginativos y frescos, de gracieta irritante. El grupo se separó tras el single y, cinco años después, vista la atención que recababa alguno de sus componentes en su respectiva carrera musical, se editó “Las canciones malditas”, disco que incluye el citado single y algunos temas no editados antes. Para la historia quedan “Pero qué público más tonto tengo”, “Rosario”, “Toca el pito” o “Viva el Metro”, temas que hacen de la cotidianeidad una histriónica pesadilla, dislocada y absurda. Un encanto, vamos.

Siniestro Total
“¿Cuándo se come aquí?”
(Dro, 1982)
Todo ocurría demasiado deprisa entonces. Los grupos fagocitaban músicas y tendencias y las escupían como buenamente podían, con los escasos medios y la imaginación al poder. Estos vigueses tuvieron suerte: sus frenopáticas y desquiciantes letras, de acné mal curado y urgencia sexual, recibieron los beneplácitos del pope Ordovás y, por extensión, de la plana mayor de la incipiente Radio-3. Todo fue rodado: tras la maqueta (pinchada hasta la saciedad en “Esto no es Hawai”) vino el EP “Ayudando a los enfermos”; después el disco “¿Cuándo se come aquí?” y más tarde el EP “Me pica un huevo”. Todo ello entre los febriles meses de la temporada 82/83 y con la formación más palurda, descabellada, cafre y virulenta que jamás tuviese el grupo: Julián Hernández (batería, hoy en día frontman de la banda), Miguel Costas (guitarra, ahora en Los Feliz), Alberto Torrado (guitarra) y Germán Coppini (voz, luego en Golpes Bajos). En los conciertos del madrileño RockOla la peña comía de su mano mientras les gapeaba con saña; irresistible no salivar con hits tan demoledores como “Ayatolah”, “Las tetas de mi novia”, “Los chochos voladores”…

Parálisis Permanente
“El acto”
(Tres Cipreses, 1982)
Nacho Canut (guitarrista de Pegamoides), y Eduardo Benavente (batería del mismo grupo) crean en 1981 Parálisis Permanente para dar rienda suelta a esos temas que no encajaban en el universo musical de Alaska y sus compinches: las canciones más siniestras, oscuras y góticas, las influencias de Joy División. Nacho abandona en breve y Eduardo toma las riendas del proyecto apoyándose en su novia, la teclista Pegamoide Ana Curra. Letras enfermas de extraña e inmisericorde belleza, religión y sangre, atmósferas cargadas y tenebrosas. En sus dos primeros EPs (el primero compartido con Gabinete Caligari) sentaban las bases y desvelaban algunos de sus futuros himnos: “Autosuficiencia”, “Tengo un pasajero”, “Unidos”, “Yo no”, “Quiero ser santa” y “Un día cualquiera en Texas”. El lógico éxito, instantáneo, del material ofrecido (encabezado por “Quiero ser santa”) les llevó directos al disco grande, “El acto”, donde añadían, para redondear la jugada, adaptaciones tan certeras como “Heroes” de David Bowie y “Quiero ser tu perro” de Iggy & The Stooges, haciendo, de paso, el disco de punk-rock siniestro por excelencia. Iban a por todas y estaban hechos del material que había que tener entonces para triunfar: imagen, ganas, ideas, credibilidad, autenticidad y vicio. No fue precisamente el “caballo”, con el que ya andaban “jujaneando”, lo que les paró en seco, sino un fatídico accidente de coche que se llevó a su líder, Eduardo. Años más tarde la heroína (esta vez sí) se llevaba a su batería Toti Arboles.

La Polla
“Salve”
(Oihuka, 1984)
“Salve” fue el primer larga duración de “los pollos”. Podíamos haber incluido aquí otros discos importantes del grupo de Salvatierra, como “Revolución” o “No somos nada”, que han sentado mucha, mucha cátedra en esto de hacer punk en la península. Pero ya en esta primera andanada sientan las bases de toda sus fructífera carrera: punk ramplón de pegada inmediata que busca la agitación de las conciencias a través de la ironía y la hostia directa. Evaristo, además de carismática voz, aporta una tendencia a la visión global donde, claro, los culpables siempre son los mismos. Ya sabes: son el dedo acusador que señala y sin miedo a la palabra: unos clásicos.

Eskorbuto
“Antitodo”
(Discos Suicidas, 1986)
Desde el Baracaldo más industrial, arrabalero y antisocial, los Zipi y Zape del punk patrio, Jualma y Josu Expósito, se ganaron los odios y los amores más radicales de la escena. Quienes les odiaron tuvieron sus sobradas razones: por chorizos (los grupos que tocaban con ellos tenían que tener siete ojos puestos en su instrumental), por caraduras (llegaron a vender el mismo master a varias compañías distintas), por yonkies impresentables y por bandarras. Pero quienes les amaron encontraron razones más que justificadas para hacerlo: por su independencia frente a cualquier ideología (podían pasar de un tema como “Dios, patria, rey” a otro como “A la mierda el País Vasco” en una misma maqueta), por su arrogancia bravucona (lanzando navajas al aire frente al rector de la Universidad de Deusto), por su genuina ordinariez tocada con la varita del genio… Bebían de la fanfarronería chulesca del punk, de su actitud vital y de las escasas aptitudes musicales que precisaba, pero sus gustos musicales siempre reverenciaron a las raíces: los Who de la primera época, los Stones más arrolladores… Habían empezado con inmejorable pie en el disco compartido con RIP (“Z.E.N.”), pero el momento pletórico de la banda llegó en 1986, cuando en plena “bilbainada” promete editar tres discos en un sólo año… ¡y lo cumplen!: el LP “Antitodo”, la cassette “Eskorbuto a las elecciones” y el directo “Impuesto revolucionario”. “Antitodo” ha pasado a ser “el disco”, no sólo de Eskorbuto, sino de una forma de hacer punk, una verdadera actitud vital. Tan sencillo como demoledor, “Antitodo” es una navaja oxidada que se jacta de su propio brillo, poesía que planta cara y hace de su elocuencia su mayor baza. Tras esto, y en vertiginosa precipitación, cada vez fueron ofreciendo un poquito menos: en mayo de 1992 moría Josu Expósito y, seis meses después, víctima de la misma guerra, Jualma. En el cementerio de Kabiezes (Baracaldo) descasan unos restos que nadie va a visitar (¡aquello no es Pere Lachoise!).

Los Nikkis
“Marines a pleno sol”
(Dro/ Tres Cipreses, 1986)
Se les conocía como “Los Ramones de Algete” y, de alguna manera, fueron la quintaesencia del punk-pop de aquí. Efectivamente, eran ramonianos hasta la médula, sobre todo en los singles que precedieron a su LP de debut. Lo suyo eran las canciones cortas y pegadizas, rápidas y vibrantes, plagadas de mensajes sencillos e intrascendentes. Hacían gala de ingenio y buen sentido del humor y gustaban de relatar historias despiporrantes y descerebradas. En los escasos bolos que dieron en Caminos (la facultad) y RockOla, la gente, los cuatro enterados, lo flipaban con “Ernesto”, “Sangre en el Museo de Cera”, “Silvia Sobrini” y “Mi Chica se ha ido a Katmandú”. Pero, después de haber publicado su debut, “Marines a pleno sol” (con emblemáticos temas como “La rebelión de los humanos”, “La naranja no es mecánica” y “10 años en Sing-Sing”), llegarían dos trabajos más que los auparían a los “top-ones” de las radio fórmulas “cuarentenas”. Con ello fueron pasto de un público que a veces se amparó en ese chauvinismo-sonrojante-disfrazado-de-cachondeo para llegar a animar a los pijitos de Serrano a levantar el brazo en las discotecas de moda cuando oían aquello de que la tortilla de patatas había vencido al McDonalds.

Cicatriz
“Inadaptados”
(Oihuka, 1986)
Uno de esos títulos que lo dice todo. Inadaptados lo eran y, además, por elección. Desde Vitoria, estos desarrapados cantagallinas se enfrentaron a cualquier tipo de gris normalidad, esquivaron el rojo abertzalismo y se imbuyeron del negro propio de la oveja descarriada. Empezaron como Cicatriz en la Matriz y se dieron a conocer con un recopilatorio que reunía a Kortatu, Kontuz Hi! y Jotakie. Su idilio con la chuta les hacía ser tremendamente irregulares, pero para su debut largo (“Inadaptados”) funcionaron como una desaforada maquina correosa y salvaje que da sobradas muestras de odio visceral y bien dirigido. Incontestables e incontrolables, ahí están canciones tan definitivas como “En comisaría”, “Inadaptados”, “Txota”, “Cuidado burócrata”, “Botes de humo” o “Rock'n'roll”. Tras este disco, único, la banda endurece sus postulados y, tras accidentadas anécdotas propias de una vida desordenada (la cárcel de Natxo, su accidente en moto…), edita tres discos más, el último de ellos en directo. Demasiado tarde, ya que la suerte ya estaba echada: primero Pepino, guitarrista original, es hallado en un baño víctima de una sobredosis; después Pakito, el bajista, y Pedrito, batería, víctimas de un SIDA que les hizo pasar las de Caín. Finalmente, y de la misma, Natxo, voz, carisma y agitación nata. Para 1993, la dama de la guadaña había hecho un macabro lucimiento personal con toda una banda al completo. Dantesco.

La Perrera
“Right side of our minds”
(Basati Diskak, 1.991).
Fue el único disco grande que sacó el trío donostiarra y apenas se quedó en miniLP. Ya se sabe: lo breve, si es hardcore, dos veces bueno. El disco tomaba su nombre de la impepinable versión de los ignotos y veloces estadounidenses del hardcore serie B Angry Samoans; pero es que, además, se merendaban el “Curriqui de barrio” de La Trapera y una de los Dictators. En aquel momento, los punk rockers ibéricos aún no sacaban a relucir semejantes influencias (probablemente ni siquiera las conociesen). Fueron de los primeros en admitir ascendientes de otro tipo, regurgitado en un punk-rock que, más que malestar social, expresaba malestar individual encorsetado en una velocidad hardcoreta que cuidaba rasposas y desabridas melodías. Su paso por los escenarios fue efímero e incendiario. De su discografía apenas se puede decir nada más: un single (“Romperlo todo”) y un par de participaciones en recopilatorios. Basati Diskak editó todo su material en un CD que incluía hasta su maqueta remasterizada. Separado el trío, la escisión ha dado que hablar: ahí están Nuevo Catecismo Católico y Señor No. De N.C.C. podríamos destacar, por ejemplo, “En llamas”, su segundo disco, que, aparte de temas propios, se completa con versiones de X y Burning, y recoge el legado “perrero” con eficiencia y garbo. De Señor No podríamos escoger su primer disco, de título homónimo, que les muestra en un universo más macarra y pesado que el de la Perrera, más cercano a Detroit (en el single que acompañaba se hacían el “Lookin at you” de MC5) o incluso al pub-rock inglés de antes del 77. Un detalle: en el single de Señor No “Mira mi dedo” invitaron a sus ex-compañeros de La Perrera  Arturo y Gonzalo demostrando que hay aficiones y amistades más fieles que los propios perros.

Cerebros Exprimidos
“Demencia”
(Munster, 1995)
Las influencias de estos chicos son enciclopédicas y de nada fácil rastreo; empezaron en Mallorca en 1987 y fueron depurando estilo hasta llegar a un hardcore furibundo y exacerbado, pero ya sabían un cojón y medio de punk y de rock pesado. De entre discos tan tremendos como “Bonzomanía” y “Más suicidos” elegimos “Demencia”, álbum producido por Spot, quien antes había trabajado con Black Flag, Hüsker Dü o Misfits. La verdad, lo clavan: una jodida estampida de elefantes que antes que ir en contra del sistema va en contra de lo que éste hace en el ser humano, en el individuo. Resultado: rabia, caos y pocos tópicos. Además, lo largo de su carrera, la exquisitez para elegir versiones (The Germs, The Who, Redd Kross, The Drones o Beastie Boys) y la disposición para publicar golosos singles ha hecho que su legado se haya esparcido a gusto por el mundo (el mundo independiente y coleccionista, se entiende) y que pequeños sellos americanos como Sympathy for the Records Industry o Grita se los rifaran bajo su nombre anglosajón de guerra: Squeezed Brains.

Otros posibles candidatos:

Ramoncín: “y W.C.”
Alaska y los Pegamoides: “Grandes éxitos”
RIP: “No te muevas”
Kortatu: “Kortatu”
Decibelios: “Caldo de pollo”
Andanada-7: “A mala hostia”
La Secta: “It’s gonna be a wild weekend”
Subterranean Kids: “Ya no hay tiempo”
Pleasure Fuckers: “Super star”
Ilegales: “Ilegales”

Kike Babas y Kike Turrón