Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Brian Hinton publica en España su biografía de Van Morrison. Octubre de 2004

El genial poeta del rock

Habiendo ya publicado sobre el festival de la isla de Wight o sobre la cantante Joni Mitchell, el periodista y doctorado en filosofía Brian Hinton ha centrado su última obra literaria en la figura de Van Morrison. El libro ha sido publicado a mediados de septiembre por la editorial RobinBook dentro de la colección Ma Non Troppo. Gracias a su permiso, ofrecemos aquí un pasaje del libro en el que se narra el primer viaje de Them (el grupo que Morrison lideró antes de actuar en solitario) a Estados Unidos.

En Estados Unidos, donde “Them again” había entrado en las listas, se puso a actuar otra pandilla de impostores con el nombre de Them. Si más no, esto era indicativo de la demanda del mercado, y se preparó una gira por Estados Unidos. Mientras tanto, había unos cuantos puntos que aclarar. Chris Murray relató a “Wavelength” de la que seguramente fue la última actuación de Them en Inglaterra. Fue en Ashton-Under-Lyne, en el salón de baile Mecca local. Un malhumorado Morrison, que antes de la actuación bebía zumo de naranja, firmó de mala gana un recorte de prensa que informaba de la actuación, después de usarlo para absorber un poco de cerveza derramada. Simpático. Cuando el grupo subió al escenario y después que les solicitaran sus éxitos en sencillos, se enfrentaron a abucheos y silbidos por lanzarse a tocar una serie de desconocidos temas de blues. A medida que la noche avanzaba y el público se reducía, Van “se creció, y cantó el blues a voz en grito, de manera belicosa”.

En mayo de 1966, Them aterrizó en el aeropuerto Kennedy para dar una rueda de prensa, que careció del vivo ingenio que los Beatles desplegaban en tales circunstancias (y con una especie de agresividad ambiental a la que Van se ha aferrado desde entonces). Y luego directamente a California para unas cuantas entrevistas en la radio, y a un estadio de fútbol americano en Arizona para su primer concierto en suelo estadounidense. ¡Estos grupos modernos ni ellos mismos saben lo mimados que están! Van prácticamente se tragaba el micrófono, ya que tuvo que esforzarse por hacerse oír a través de una megafonía diseñada para comentaristas deportivos.

El punto álgido de los dos meses siguientes, igualmente agitados, fue una estancia de tres semanas, en junio de 1966, con dos pases por noche en el Whiskey-A-Go-Go del Sunset Boulevard de Los Angeles, que tenía un aforo de trescientas personas. La incorporación de los instrumentos, de uno en uno, de la primera estrofa de “Baby please don’t go” les permitía a Them presentarse por turnos, con Morrison al final, con la entrada de la armónica. En ese contexto, gracias una vez más al lujo de una estancia prolongada, y a un público semi-habitual con quien podían relacionarse, el grupo se reinventó a sí mismo, y resucitó el espíritu del Club Rado. Las fotografías de la época que han quedado muestran a un combo siniestro, con Henderson y sus gafas de sol, y Armstrong totalmente vestido de blanco, que flanquean a Van en el centro, con su corte de pelo mod y su americana de vagabundo congelado. Ellos se agolpan en un diminuto escenario, no más grande que el hueco de un pub. Sólo Ray Elliott, con blazer a rayas y gorra de Sherlock Holmes, esboza la sombra de una sonrisa. La pequeña multitud, de pie, a tocar del grupo, se deshizo pronto de la calma californiana, y asaltó el escenario con ocasión de un “Boom boom” particularmente vibrante o cuando Van se ocupaba de tranquilizar los ánimos en el puente hablado de “Gloria”. Al igual que hacía en el Maritime Hotel, él trataba entonces de elaborar y de alargar el monólogo, aumentando la tensión como si estirara el parche de un tambor. De la misma manera que él hacía dúos con chiflados de Belfast como Johnny Johnston o Keith McDowell, ahora compartía el micrófono con el cantante de los pantalones de cuero de unos teloneros desconocidos, The Doors, todavía sin contrato con ninguna discográfica.

En su libro “Jinetes en la tormenta”, John Densmore recuerda que la última noche de la estancia de Them “tocamos ‘Gloria’ todos juntos. Dos teclados, dos guitarras, dos baterías, Alan --el adorable, aunque siempre bebido, bajista-- y los dos Morrison”. La interpretación en cuestión duró veinte minutos. Las cintas grabadas en el Matrix en marzo de 1967 documentan a los Doors interpretando todavía su versión de ‘Gloria’, junto con estándares de rhythm and blues como “I’m a king Bee”.

Volviendo a la primera noche, el Whiskey “zumbaba por anticipado. Los reservados para VIPS del fondo estaban llenos”. Lo que incluso afectó a la actuación de esa noche de Densmore, que se aceleró en la batería, en la primera canción del grupo, “Break on through”. Robby Krieger tuvo que levantar y bajar la cabeza al tempo correcto, para tranquilizar a Densmore. Durante el intermedio, se desencadenó una lucha por conseguir un asiento. “Them salió al escenario descaradamente. Ellos soltaron varias canciones, sin solución de continuidad, lo que hacía que no se distinguieran. Van estaba bebido y muy tenso y violento con el pie del micro, y lo hacía chocar contra el suelo del escenario. Cuando él bajaba la mandíbula inferior y la lengua y dejaba ir uno de aquellos alaridos de rabia, mi legado irlandés interior hacía que se me pusiera la carne de gallina. Una angustia ancestral”.

John Rogan deja constancia de un Morrison que amenazaba al público con el pie del micro, y que lo empujaba con fuerza hacia los altavoces con el chirrido de un acople como resultado. Una noche, se subió a un amplificador tambaleante, y movió los brazos como si fueran alas, animándose a sí mismo a volar. Densmore se quedó aturdido del por qué “un tipo con tanto talento tenía que beber para subir al escenario”. Conocidos los problemas posteriores de Jim Morrison con el abuso de alcohol, la frase es triste y profética a la vez. Mirando hacia atrás, él no recuerda la actuación de Them, sino “su carisma borracho, y de extranjeros bravucones. Jim pensaba que ellos eran geniales”. Los dos Morrison, Jim y Van, aullarían a coro, al estilo de llamada y respuesta, en una épica y prolija “In the midnight hour”. El ir de gira con Ike and Tina Turner había hecho que Mick Jagger aprendiera todo tipo de nuevos movimientos de escena. De la misma manera, Jim Morrison aprendió rápidamente del dominio del escenario de su casi tocayo, de su temeridad aparente, de su aire de amenaza calmada, de la manera en que improvisaba poesía sobre un ritmo de rock, incluso la costumbre de agacharse cerca del bombo durante los solos instrumentales. El líder de los Doors iba a hacer de esas travesuras algo más cohibido, algo más teatral. El también aprendió malas costumbres. Como señalaba Armstrong: “En el escenario, Jim Morrison era un típico amante de los porros californiano, mientras que nosotros procedíamos de un ambiente de bebedores, y en cierta forma reacios a adoptar nada de los demás. Así que fuimos los que realmente metimos a Jim en la bebida”. El tenía su propio viaje que hacer hacia el inconsciente, un sendero más siniestro y peligroso que el que tomaría Van, y que, cinco años después, conduciría a Jim a una tumba de poeta en París.

Irónicamente, Jim no estaba presente cuando a Densmore se le ofreció una oportunidad única, la de ver las primeras versiones de lo que se convertiría en “Astral weeks”. Como Patti Smith después de él, Jim Morrison estaba obsesionado por la fusión de la poesía con la música de rock. Antes de su prematura muerte, Jim publicó tres folletos con poesía, bastante alejada de sus letras de rock, y había dedicado parte de la actuación de los Doors a su épica pieza narrada, “Celebration of the lizard”. Van iba en la misma dirección, a la velocidad de la luz.

Densmore le acompañó a una fiesta después de la primera noche en el Whiskey. A las dos de la madrugada, todos hablaban y bebían a excepción de Van. “El se sentó en el sofá, ceñudo y malhumorado, sin decir palabra. De repente agarró una guitarra y empezó a cantar canciones sobre la reencarnación, que estaba en ‘otro tiempo y lugar’”. La canción es “Astral weeks”. “Era poesía pura mezclada con rock’n’roll. Me hubiera gustado que Jim estuviera allí. En el apartamento se hizo el silencio y todos los ojos se clavaron en Van. Al oírle cantar sobre ‘caminar por jardines húmedos de lluvia’ me saltaron las lágrimas. Era como si él no se pudiera comunicar a un nivel de charla normal, y lo pusiera todo en las canciones. Nosotros estábamos fascinados. No parecía adecuado cubrir a Van de halagos, porque su música surgía de un lugar muy profundo. Así que cuando él terminó se produjo un silencio de un minuto o así. Un silencio sagrado. Y luego todos volvieron a hablar o a seguir de fiesta”. Un momento inestimable de la historia del rock, y si la memoria de Densmore es precisa, quiere decir que parte de “Astral weeks” es anterior a la desaparición de Them, sin hablar de las sesiones Bang.

Aunque Jim se había perdido ese maná del cielo, el vínculo entre él y Van resistió. Densmore recuerda estar caminando por el Santa Monica Boulevard, unos meses después, cuando se cruzó con Van Morrison: “El bajó la ventanilla y me dijo que estaba de nuevo en la ciudad y me preguntó qué hacía Jim. Yo sé que Jim admiraba y se preocupaba por Van”. Por entonces, Van se había trasladado de manera permanente a Estados Unidos, como intérprete en solitario.

Mientras tanto, otros pioneros de la psicodelia conocían los lugares extraños adonde podía ir la música de rock, al hacer de teloneros de Them en el Whiskey. Ciertamente, la tensión y la ansiedad de toda la música de Van dejaron su marca en los mal llamados Love, todavía en su fase de garage, con Arthur Lee insinuándose como un negro, y más frágil, Mick Jagger. Lee era otro rockero cuyas canciones se iban haciendo extrañas, y un hombre que adquiría su original lirismo, teñido de oscuridad, en “Forever changes” de 1967. Otros actuantes en el Whiskey fueron Captain Beefheart and his Magic Band, cuyo singular acercamiento al blues superaba incluso al de Van. Howlin’ Wolf en LSD, desde Neptuno. Otros teloneros eran The Association, suministradores de colocados coros, cuya influencia llegó hasta Inglaterra. El grupo mod The Action versionaron las canciones de The Association, en el camino de su rica transformación en Mighty Baby, los Grateful Dead británicos. Estos pocos meses establecieron los parámetros de la música para los veinte años siguientes, quizás para siempre, y es fascinante que la última encarnación de Them gozara de tal compañía.

La música popular era como una gran pelota de playa de colores, en el aire a disposición de cualquiera. Las múltiples sustancias químicas, un ambiente de optimismo juvenil, y avances como el LP estéreo y la mejora de los sistemas de megafonía, contribuyeron a alimentar la revolución. Allí estaba Van, con la agresividad de Belfast que crujía como un caparazón en los albores del Verano del Amor. Them fueron de Los Angeles a San Francisco para tocar como cabeza de cartel en el Fillmore Auditorium. Un público variopinto se sentaba, con las piernas cruzadas y en silencio, en el suelo en medio de parpadeantes luces estroboscópicas y proyecciones ectoplasmáticas, que estimulaban vislumbres de lo eterno, químicamente inducidos. Todo como parte de la experiencia psicodélica, el tipo de “explosión de la mente” con la que posteriormente Van Morrison no estaría de acuerdo, y a la que su propia música ayudaría a la gente a viajar, y a sobrevivir. Como cualquier otro genio común y corriente, la mente de Van era ya bastante extraña, sin la ayuda de alucinógenos.

© RobbinBook y Brian Hinton

Arriba