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Alberto Conde. Marzo de 2004

Rianxeira bop

Nació en Caracas, pero fue una casualidad. A los tres años de edad ya aterrizaba en Galicia y lo único que conservaba de su lugar de nacimiento eran unos pocos discos que sus padres incluyeron en la maleta: Machín, Pérez Prado, Gardel… Pero tampoco eso le hizo demasiada mella; tendrían que ser los valses venezolanos de Antonio Lauro los que animarían a Alberto Conde a dedicarse a la música. Así aprendió a tocar primero la guitarra y después, de forma autodidacta, el piano. Ya adulto, puso en marcha la primera escuela de improvisación e interpretación de jazz de Vigo, la escuela Baio, y eso le dio la posibilidad de contactar con los músicos más importantes de Galicia y de conocer y tocar junto a figuras de la talla de Roy Hargrove, Chet Baker o Art Blakey. Tarde o temprano tendría que llegar el momento de grabar discos y así aparecerían “Paisajes” (“basado en el hard bop y la fusión de los 70 y 80”) y “Diálogos” (“se puede catalogar como latin jazz fusion”), ambos firmados por el Baio Ensemble. A su nombre llegarían, más tarde, “A lagoa dos atlantes” y “Celtrópolis”. “Los dos son temas y melodías folk con arreglos de jazz y música clásica”, comenta Alberto, quien hace pocas semanas acaba de poner en la calle su nuevo trabajo, “Entremares”, “el resultado musical, en formación de trío de jazz, del mestizaje de melodías y ritmos tradicionales de Galicia con la música africana y el jazz”.

En el período que abarca la producción discográfica de Alberto no ha sido él el único que ha ido ampliando y modificando su visión de la música. “Desde ‘A lagoa dos atlantes’ (97), la música gallega ha experimentado un cambio, en riesgo y envergadura, que nunca antes se había producido. Aunque hay muy buen folk en Galicia, nadie había experimentado en la búsqueda de llevar la música gallega al terreno del jazz: sólo lo habíamos hecho Baldo Martínez, dentro del jazz contemporáneo, y yo en el folk. Con ‘Entremares’ unimos nuestros esfuerzos individuales en un lenguaje común”. Y es que, dentro del trío protagonista del álbum, los compañeros del pianista son, precisamente, Baldo y el batería Nirankar Khalsa. “Con Baldo trabajé entre los años 85 y 86 en festivales de jazz como los de San Sebastián o Murcia, en la primera muestra nacional para jóvenes intérpretes de Palma de Mallorca y en conciertos a menor escala. Fue Baldo el que me presentó a Nirankar Khalsa, percusionista afroamericano que aportó al trío swing y el sonido afro con gran maestría”.

Con sus discos, Alberto ha demostrado ser uno de los músicos regeneradores del riquísimo patrimonio cultural español y un renovador y adaptador de estilos musicales foráneos. Afortunadamente, no es el único: “A partir de bien avanzados los años 90 hemos experimentado un cambio sustancialmente favorable. Ha nacido una generación de músicos que, por su formación, va a dar mucho que hablar. Ellos tienen en sus manos una gran misión para con la música española del siglo XXI. Gracias a este empuje, gente como Chano Domínguez, Perico Sambeat, Iñaqui Salvador, Baldo Martínez, Fernando Llorca, los hermanos Rossi, Salvador Niebla y otros más veteranos como Jorge Pardo, Benavent, Max Suñer o Pedro Ruy Blas nos vemos obligados a mantener el listón siempre alto. No nos olvidemos de que España tiene una gran y variadísima riqueza musical”.

Los referentes musicales de Alberto, muchos de ellos presentes en su música, son tan diversos como Bach o Mozart, “pero me ha influido tanto la música clásica europea como el jazz. También puedo mencionar a Thad Jones, Herbie Hancock, Corea, Miles, Parker o Weather Report entre otros”. Al fin y al cabo, para este pianista que ahora acomete la fase de promoción y presentación de “Entremares”, “los músicos somos vehículos transportadores de una energía que ha de llegar a la gente. El mundo de la música no lo controlamos nosotros. Uno siempre espera lo mejor aunque no suceda; por lo tanto, no hay que esperar demasiado”.

Contestando escuetamente, Alberto apunta sobre su última producción que “estoy muy satisfecho con el acabado del disco. Ahora bien: pienso que quien deberá valorarlo es el público cuando lo conozca. Realmente, creo que es un trabajo que, en mi carrera, da entrada a una etapa de madurez”.

Sin duda alguna.

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