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Estaba claro que, tras la aparición del primer disco en solitario de Josele, algo tenía que aparecer sobre él en esta publicación. Sin embargo, nos negábamos a entrar en la dinámica promocional de “entrevistas de media hora” que, en esta ocasión, se ha utilizado con el disco. Es por ese motivo por el que no nos ha importado esperar a que nuestro personaje apareciera en todos los medios de comunicación posibles dado que teníamos guardado a nuestro mejor “enviado especial” para que hablara con el ex-Enemigo de esas cosas que, con seguridad, ningún periodista habrá hablado. Dicho lumbreras no era otro que Julián Hernández, líder de Siniestro Total y pluma privilegiada en esto del periodismo musical. Lo cierto es que, al final, no sabemos si hemos hecho bien… Tres posibles entrevistas y una conversación telefónica con Josele Santiago. Junio de 2004 Lo que se da no se quita “Ahora vamos a tocar un rock and roll. Nos vamos a dar ese gusto y a ver quién nos lo quita”. (Josele en concierto en Pontevedra, primavera de 2004) 1
Todas las NOVEDADES: Estarás ya harto de la promoción y las entrevistas. Repetir siempre lo mismo… Josele: “No, majo. Acabo de empezar hoy”. Estábamos avisados ya de la sencillez y campechanería de nuestro personaje. Su sentido del humor tampoco nos sorprende y reímos de buena gana el chiste. Nos traen un té y nos sentamos alrededor de la mesa estilo Luis XV (o Enrique III, que nunca se sabe con estas cosas) dispuestos a empezar la tanda de preguntas mientras el fotógrafo va preparando su máquina. La verdad sea dicha, nos ha descolocado un poco el hecho de ser los primeros que indaguen en esta nueva singladura de Josele Santiago y contábamos con la retahíla que suelen soltar los artistas de promoción después de docenas de entrevistas para no tener que preguntar nada ni tener que pronunciarnos sobre la música o las letras. Su disco, “Las golondrinas etcétera”, llegó a nuestras manos ayer y no hemos podido leer las críticas como para formarnos una opinión. El artista debe estar ilusionado con su trabajo y sonríe esperando entrar en materia. TLN: ¿Y es éste tu primer disco en solitario? J: “Pues sí”. Josele sonríe y se inclina hacia delante con evidente interés. En cualquier otra entrevista, una respuesta tan breve hubiera dado paso a un silencio tenso e incómodo acompañado de una mirada de desprecio por parte del artista, pero en este caso, el fotógrafo y yo rompemos a reír a carcajadas dada la humildad y el candor de nuestro entrevistado. A duras penas recuperamos la compostura secándonos las lágrimas con las servilletas que encontramos en el juego de té. TLN: Hemos escuchado atentamente tu disco y, la verdad, suena muy bien. Es un trabajo muy maduro. La imagen que quieres comunicar está muy clara y el mensaje de las letras es muy personal y, a la vez, muy universal. Ahora el mercado está saturado de productos superventas, así que el gran público pide autenticidad ante todo. ¿Escribes tú mismo la letra y la música de tus canciones? J: “Sí, sí, claro. Bueno… casi siempre”. El fotógrafo y yo hemos pillado el guiño. Este hombre es un cachondo. Desde aquí recomiendo a todos los lectores que sigan de cerca a Josele Santiago. La risa ya es incontenible y, mientras el fotógrafo intenta conseguir alguna imagen de la entrevista sin que salga movida, yo recojo el contenido de mi cartera que se ha desparramado por el suelo. Mi pequeño cubo de Rubik ha caído entre los pies de Josele y, sin poder contener el ataque de risa, nos disponemos a marcharnos porque nos anuncian que nuestro turno ha terminado. Estas entrevistas son las que merecen la pena, sí señor. 2 Se nota que es algo más que un roquero de Malasaña trasnochado. Quedamos en casa de un amigo común —escritor procedente del norte para más señas— y la pasta de la que está hecho Josele Santiago sale a relucir inevitablemente. Los libros de nuestro anfitrión, que se acumulan en un desorden que delata constante relectura, merecen agudos comentarios o irónicas observaciones por parte del ex Enemigo: Kafka, Juan Rulfo, Tolstoi, Clara Janés, San Agustín, Raymond Chandler… En el tocadiscos gira un vinilo de Gerry Mulligan y yo aprovecho para insistir en un concepto del jazz que parecen eludir los aficionados a ese estilo y que creo que puede compartir Josele: -- “Lo mejor del jazz ocurre cuando todos los músicos atacan el tema principal. Las improvisaciones interminables, herederas del hard bop y llevadas hasta sus últimas consecuencias por el free jazz, me aburren. Coltrane y Eric Dolphy son los únicos que se salvan”. Con el gesto de quien sabe que tiene un cómplice delante, Josele asiente con esa media sonrisa que le caracteriza. Es la ocasión ideal para preguntarle su opinión sobre Steve Coleman o Brad Mehldau, pero en ese momento nuestro anfitrión nos invita a sentarnos alrededor de la mesa Bauhaus que ocupa el centro del salón y empezamos a conversar sobre “Las golondrinas etcétera”, el sutil e intenso trabajo que ha llamado la atención de la crítica y del público más exigente desde su publicación. -- Supongo, Josele --me aventuro a analizar--, que eres consciente de la acogida magnífica que ha tenido este debut en solitario. No es usual que alguien que abandona una banda emblemática de rock pueda deshacerse de comparaciones con su antiguo, digamos, oficio. Tu capacidad para trenzar un “patchwork” de influencias musicales y referencias literarias al margen de modas y vulgaridades ha sido justamente reconocida. Entiendo que el trabajo con Nacho Mastreta ha tenido que ser enriquecedor y agotador a un mismo tiempo. Da la sensación de que te has vaciado por dentro, de que has puesto en cada motivo musical y en cada metáfora todo aquello que, quizá, no se pueda expresar desde la estructura, digamos, más monolítica de una instrumentación --le guiño un ojo haciendo una pausa para que lo capte--, digamos, rockera al uso. Sin embargo, da la sensación de que planteas un enigma, un jeroglífico poliédrico que oculte el carburante que alimenta este salto afortunado en el vacío. Sí. Ya sé --levanto la mano porque adivino inmediatamente qué es lo que me va a decir--. Tú compartes al cien por cien la idea de Antonio Tabucchi: “Es difícil decir cómo está hecha mi penumbra y qué significa”. Está claro que el proceso creativo es, digamos, como un laberinto oscuro para el propio creador. Pero creo que no es difícil seguir algunas pistas que has dejado caer como quien no quiere la cosa en lugares estratégicos. Así, cuando en “Olepapa” dices que has desmontado el tejado para hacerte un xilofón y la lluvia te lo ha afinado resulta obvio que estás hablando de ti mismo, de tu proceso de aprendizaje a lo largo de los años, de esa capacidad que no todo el mundo tiene de empaparse de ecos y resonancias multitímbricas, de un amor desmesurado por la música que acaece, digamos, en un tiempo y en un entorno tan hostil como atractivo. Es así, ¿verdad? -- “Bueno” --contesta Josele elevando los hombros y levantando las cejas en un ademán claro que dice que sí, que sus dudas son muchas pero también que sus ideas están claras--. Este es Josele Santiago. Un hombre que ya ronda la cuarentena y que ha visitado los infiernos múltiples y desgarradores del rock más salvaje y sus cantos de sirena. Un superviviente, un “enemigo” de la palabra fácil o del acorde elemental, huido de la podredumbre de la que habla Cioran. En suma, un artista que ha renacido “desde la última vuelta del camino” y que no parará hasta su “último suspiro”. 3 Acaba de salir y la polémica está servida. “Las golondrinas etcétera” es el primer intento de Josele Santiago de emprender una carrera en solitario. Las comparaciones con Enemigos son inevitables aun cuando Josele pretenda alejarse del sonido que le ha caracterizado durante quince años. Aquel “blues rock” cervecero y sudoroso del principio de la banda fue afilando sus aristas con los años hasta llegar a una épica rock que galvanizaba a su fiel corte de seguidores (y seguidoras, que Josele siempre ha sido un atractivo “sex symbol” para toda la peña de troncas adictas a la marcha que hay en este país). Acompañado por la demoledora maquinaria que manejaban Fino al bajo, Chema a la batería y Manolo a la guitarra, Josele supo ganarse el respeto y la admiración de sus amigotes músicos al tiempo que grababa discos fundamentales para el rock español. Compañero de viaje de gentes tan indeseables como Ilegales, Siniestro Total, Rosendo o Los Marañones, nuestro hombre dio sus primeros zarpazos a una guitarra imitando a los maestros del jodido y viejo blues que nunca morirá. Los Enemigos decidieron disolverse en plena gloria, justo cuando tantos kilómetros de furgoneta empezaban a dar sus frutos. Ahora, sin embargo, parece que los coqueteos con la droga y el alcohol de antaño o las juergas de hotel más bestiales se han acabado. Estamos ante un nuevo Josele haciendo sus primeros pinitos en otros estilos tan dispares como el jazz, el tango o la bossa nova. Para gustos hay colores, pero la entrevista hay que hacerla y quedo con el Josele en un bar del Dos de Mayo. -- Bueno, tío. Has tardado muy poco tiempo en grabar este disco. La producción está bien, aunque se echen de menos esas guitarras que rajaban tímpanos como hojas de afeitar. Me gustaría preguntarte por las letras y las influencias que hay en este disco, pero me imagino que ya habrá más de un listillo que te haya soltado ese rollo. Yo, la verdad es que he flipado con el título. Eso de “Las golondrinas etcétera” me parece un alucine. Parece como si hubieras cambiado el whisky y tus otras aficiones por peyote o algo por el estilo. Es muy fuerte. Tengo todos los vinilos de Enemigos desgastados de tanto ponerlos y, por mucho que busque, no encuentro nada parecido. ¿Qué pasa? ¿Que sólo se te ocurrió el principio del título y no sabías cómo terminar? -- “Bueno, tío, verás…” -- No, si no te estaba preguntando. Lo que quería decirte es que el rock, colega, es el rock y a veces es como un estilo de vida o algo así. Es como ser del Atleti. Bueno, aunque no sé muy bien de qué equipo eres… Pero da igual, joder; es que aún me acuerdo de aquellos riffs asesinos que te caracterizaban… -- “Ya, es que…” -- ¡Hostia, tío! Que me tengo que abrir, que tengo que ir a un bolo de unos colegas que se lo montan cantidad de guapo. Mola tu disco, colega, mola tu disco… Y, bueno, no mola tanto como “La vida mata” y aquellos rollos tan guapos de los de antes, pero es Josele, ¡que coño! …y una conversación telefónica -- “Hola, berzotas”. -- ¿Cómo está usted, Santiago? -- “Bien. Por aquí. Verás, ¿tienes algo que hacer?” -- No… -- “Pues me vienes de perlas. ¿Quedamos y nos tomamos unas cañas?” Julián Hernández
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