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Eskorzo presenta su tercer disco dentro de su propio sello. Junio de 2004

Tirarse al barro

Es un no parar. Da la impresión de que cualquiera de los grupos que ha dado resultado en directo y en festivales prefiere lanzarse a su propia aventura antes de confiar en una discográfica en plena crisis. La historia se repite con Eskorzo, uno de los emblemas del mestizaje que, después de dos álbumes, ha preferido lanzar el tercero por su cuenta y riesgo.

Ellos no admiten bien el etiquetaje (“Nos definimos como una banda sin prejuicios; nos gusta hacer de todo y no queremos ceñirnos a ningún patrón fijo. Eso no tiene que ver con el concepto mestizaje y buen rollito. No creo que encajemos ahí; nos gusta huir de lo típico, de lo mascado, del recurso fácil y del pasteleo”), pero lo cierto es que el público lo ve de otra manera. Eskorzo es uno de los grupos que, surgidos hace ya siete años, evidenció su gusto por la mezcla sin fronteras, por la música lúdica y diversa y por el mensaje sin dobleces. “Creo que lo que se ha dado a conocer como mestizaje se ha prostituido un poco y, exceptuando algunos casos muy concretos, no creo que haya gente que aporte algo nuevo. Hay mucho fraude, bien hecho, pero fraude. En nuestro caso fusionamos por inercia, sin pretensiones, sin querer vender ni dar tal o cual imagen de ‘buen rollito’; intentamos no repetirnos, evolucionar y hacer canciones que se puedan escuchar ahora y dentro de treinta años”, comenta Tony Moreno, quien, con Carlos Díaz (guitarra), Jose Uribe (batería), Pepegu Cabrerizo (bajo), Jimi García (trompeta), Pruden Valdivieso (trombón) y J. Machuca (teclados) conforma la actual encarnadura de Eskorzo. Antes de liarse la manta a la cabeza para gestar “El árbol de la duda”, el disco que nos ocupa, ya pusieron en la calle otras dos entregas: “Mundo bullanga” (98) y “La sopa boba” (01). “Por supuesto que el tiempo te permite echar la vista atrás y ver tus fallos y tus aciertos. Eso te hace madurar y superarte a ti mismo, aunque un disco jamás lo terminas, simplemente lo abandonas, porque si no estarías toda la vida dándole vueltas. Mi balance de los anteriores discos es positivo; nos hemos entregado a cada uno en cuerpo y alma y eso es lo que en definitiva importa, poner toda la carne en el asador”.

“El árbol de la duda” no debe ser visto, según sus protagonistas, como una sola unidad, sino como un paso más en un camino de dirección única. “El proceso de gestación de un disco no se limita a la grabación propiamente dicha: todo viene de más atrás. Los tres discos están relacionados entre sí: son parte de un proceso natural de evolución musical y personal. Uno es consecuencia del otro y sin el primero y el segundo no hubiésemos llegado a esta parte del camino. Y es aquí donde nos encontraremos con un disco en el que creo que hemos sabido plasmar nuestro estado de ánimo, nuestras ideas e inquietudes”.

No es extraño que, con estos planteamientos, el grupo terminara, tarde o temprano, pasándose a la autoedición. “Lo de la creación del sello era algo que llevábamos maquinando desde hacía tiempo; teníamos ya experiencia discográfica y preferimos llevar nosotros mismos el timón de este barco, dirigirlo hasta un puerto u otro. Afortunadamente, nos hemos rodeado de una buena tripulación. El disco lo hemos grabado en Producciones Peligrosas, el mismo estudio donde grabamos el primero, ‘Mundo bullanga’. El segundo se grabó en San Sebastián y para esta ocasión queríamos estar cerca de casa, crear un ambiente de grabación relajado y sin prisas. Hemos estado grabando durante cuatro meses y ha sido una producción muy currada. La mezcla la hicimos en Gárate Estudios, donde grabamos ‘La sopa boba’, y se ha masterizado en Madrid por Jesús Arispont”.

Parte esencial en el concepto musical de Eskorzo es la comunicación, y no sólo a nivel interno o en relación con el público. Una banda como ésta necesita retroalimentarse continuamente en base a amistades, nuevos descubrimientos y experiencias personales cercanas a su dinámica de vida. “Siempre nos ha gustado tener colaboraciones en los discos. En el primero fue Albert Pla, en el segundo Lauren Aitken y en este último hemos contado con Gustavo Cordera, Cóndor y Danie de Bersuit y Roberto de Tabletom. A Robe lo conocíamos de antes: habíamos tocado varias veces juntos y era como de la familia. En el caso de Bersuit coincidió que estaban de gira por España, nos pusimos en contacto con ellos y le mandamos una demo de ‘Poetas’; les encantó, vinieron y grabaron. Tanto en el caso de Bersuit como en el de Roberto, la experiencia fue cojonudamente enriquecedora, de ésas que se quedan para toda la vida”.

Otro de los referentes de Eskorzo es la vida en directo. Siete años puede parecer un tiempo muy largo para una producción de tres discos, pero cuaja perfectamente en fechas cuando hablamos de una formación cuya mejor transmisión la hace encima de los escenarios. “Los conciertos y la carretera son la mejor parte de la historia. Grabar discos y esas cosas está bien, pero irte de gira, tocar y viajar por ahí es lo que realmente nos gusta, con lo que disfrutamos de verdad. En un escenario no están más que la banda y el público: ahí se ponen todas las cartas al descubierto y eso me encanta. Afortunadamente, no nos podemos quejar: somos una banda que toca mucho, que da muchos conciertos. En mayo empezamos la gira y no pararemos en unos dos años. Aparte de presentar el disco por todo el país hay proyectos de hacer una gira por Europa (Francia, Alemania, Italia , Portugal y Holanda ) para el año que viene”.

Lo dicho: estamos ante un grupo que casa mal con síndromes preestablecidos, con modas de clónicos o con listas de ventas. Lo suyo parte de dentro y admite malos regimientos por parte de externos. El panorama actual no es el más conveniente para que una formación como Eskorzo se entreteja con relaciones comerciales o comercializadas. “Creo que hay demasiada música de usar y tirar. Si se encuentra un recurso que funciona se explota hasta la saciedad y eso acaba cansando. Afortunadamente, hay muy buenas excepciones. A nosotros la música nos ha dado todo, especialmente un camino y una forma distinta de ver el mundo. Es un modo de vida: nos ha dado la suerte de poder comunicarnos y expresarnos con total libertad, y eso, querido amigo, es todo un lujo. Sé que llegaremos a viejos encima de un escenario. Menudo regalo, ¿no?”.

Ritmos delirantes, frescura de diario, bullicio de festejo y fronteras caídas son algunos de los elementos básicos dentro de “El árbol de la duda”, un disco que marca una nueva etapa simple y llanamente porque sale al mercado en una fecha determinada. “En cuanto terminamos un disco empezamos a elucubrar cómo será el siguiente, a imaginarnos por qué caminos andará y hacia qué dirección giraremos. Creo que avanzamos con cada disco a la vez que crecemos y evolucionamos como personas y como músicos. Si te digo la verdad, ahí radica la magia del asunto, en la incertidumbre del mañana. Sería aburridísimo hacer lo mismo que hacías antes pero un poco mejor. Hay que arriesgarse, investigar, tirarse al barro”.

Y eso es este nuevo disco, una entrega sincera dentro de una música que, se quiera o no, se extiende, da a conocer nombres válidos y resulta de lo más exportable. Curiosamente, es también una de las que las compañías grandes no parecen saber trabajar a pie de calle, un problema endémico que parece tener mala solución. “No creo que haya diferencia entre una multinacional y una independiente aparte del capital económico. A mí me gusta diferenciar por lo que se lo curren o no y, en los dos casos, te encuentras de todo. Lo más normal es que vayan a su puto interés: invertir lo mínimo para sacar lo máximo. Economía de mercado le dicen”.

Por lo que parece… existe otro tipo de economía y otro tipo de actitud.

E.P.

Eskorzo. “El árbol de la duda”. A’costao.

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