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El grupo señero del surf español publica “Caliente, caliente”. Julio de 2004

Coronas coronados

Fernando Pardo, David Krahe y Robbie Lozano son los actuales componentes de Los Coronas. Nacido en principio como un proyecto paralelo (Fernando y Loza son miembro de Sex Museum y David está en la formación de No Wonder), el grupo se ha mantenido en el tiempo defendiendo una visión de la surf music que ha terminado ensalzándolos a la popularidad y al reconocimiento. Sin embargo, el grupo no ha grabado mucho; de ahí la trascendencia de este “Caliente, caliente”.

Su primer disco se lanzó en el 95 y el segundo en el 96. No hubo más. El combo ha aparecido en multitud de recopilaciones que han reconocido su surf instrumental como uno de los más relevantes de lo que se hace en la actualidad. Desde luego, no se puede negar peculiaridad a una banda que, estando a más de cuatrocientos kilómetros de la playa más cercana, se decanta por estas corrientes. Fernando lo aclara todo:

-- “Nos gustaba el estilo y a David y a mí nos apetecía elegir una especialidad para doctorarnos en r'n'r. Elegimos el surf y ahora va camino de convertirnos en maestros, Loza incluido. Ya sólo por eso valía la pena montar el grupo: aprendes del pasado (de gente como Dick Dale, Link Wray, James Burton o Jerry Cole), le das un toque personal que lo convierte en contemporáneo y te desarrollas como músico. Sabiduría Zen aplicada a la música. Nuestras aspiraciones siempre han sido muy grandes en lo musical y muy pequeñas en cuestión de éxito o pasta”.

-- Háblame primero de vuestro dos discos anteriores. ¿Cómo se ven ahora?

-- “Llevábamos tocando desde el 91 y hasta el 95 no creímos que estábamos preparados para grabar un disco. Habíamos hecho un single con un resultado no demasiado bueno, así que hasta dos años después no pensamos que fuera el momento. El primer álbum lo grabamos en una noche, en directo, y se vendió bastante bien. Eso hizo que se despertara la codicia en el dueño de la compañía con la que sacamos el disco a medias y que nos presionara para grabar otro en menos de un año. Ahí la cagamos: forzamos la maquina y se nos acabó yendo de las manos. Dejamos de crecer y en el grupo empezó a pesar más la visión del bajista y del batería que la de los fundadores del grupo. Estuvimos muy cerca de convertirnos en un grupo de surf con doble bombo y tuvimos que parar. Con el tiempo vemos claros algunos errores y no creo que volvamos a caer en ellos. Oyendo los discos pensamos que las canciones son buenas y que el resultado es muy mejorable”.

-- Pero, entre pitos y flautas, han sido ocho años sin un disco…

-- “¿Qué quieres? Fue una mezcla de formación equivocada y desencanto brutal con el mundo discográfico. Desde entonces hasta aquí nos hemos dedicado a coger fuerzas de nuevo y a buscar nuevos caminos y nuevos músicos con una sensibilidad y gustos parecidos a los nuestros”.

-- ¿Se supone, entonces, que era ahora el mejor momento para retomar la dinámica de grabar?

-- “Teníamos ganas de grabar y, por fin, empezábamos a sonar como queríamos: era el momento. Creo que ahora aportamos algo a la altura de nuestras referencias musicales”.

-- ¿No ha molestado también para vuestro desarrollo el hecho de que todos mantenéis otros proyectos en marcha?

-- “Prácticamente nada: nos organizamos bien y los grupos de unos los sentimos tan nuestros como los de los otros. Colaboramos, nos ayudamos y tratamos de disfrutar todos al máximo con los trabajos de los demás”.

-- Lo cierto es que, en directo, el grupo ha seguido funcionando durante este tiempo. ¿Qué es lo más llamativo que habéis vivido en la carretera?

-- “Las experiencias más curiosas suelen ser las de los conciertos por Europa, y hay de todo: un conductor que quiso volcar la furgoneta y matarnos a todos de camino a Berlín, un festival que pusimos patas arriba --en todos los sentidos-- en Munich, un concierto que tuvimos que acabar tocando ‘a capella’ en una squater de Berlín, un tío que nos amenazó con una pistola porque se quería ligar a nuestro road manager... Son muchos años y muchas anécdotas. La verdad es que somos un poco especiales”.

-- Y, al final, llegamos a “Caliente, caliente”…

-- “Queríamos hacer las cosas bien y sin prisas, trabajando sólo con gente que supiera lo que estaba haciendo y a la que le gustara nuestro rollo. Además del trabajo del local, fue muy importante la búsqueda del dinero para la grabación y edición del disco. A veces es más duro que componer y ensayar las canciones”.

-- El disco se grabó en 2003, en agosto, y ha tardado en salir un buen montón de tiempo…

-- “Tuvimos que cambiar de estudio para mezclarlo y eso lo retraso todo”.

-- ¿Problemas?

-- “No. La grabación fue bastante rápida y fluida. Loza estuvo en la estratosfera hasta un mes antes de grabarlo y el que los tres estuviéramos unidos y de buen rollo nos vino muy bien. Karim Burkhalter, técnico de los estudios Heatroom, ayudo también mucho”.

-- ¿Y el resultado final?

-- “Yo nunca me quedo del todo contento con los discos que hago, ni con lo que toco o compongo: siempre lo veo mejorable cuando recién lo acabo. Pero la verdad es que, al cabo de un año, lo oigo sin la presión que me autoimpongo y me suele sonar mucho mejor. A ver qué pasa con éste en un año: me da la impresión de que me va a gustar bastante”.

-- Lo difícil, supongo, será poder moverlo tal y como está el panorama…

-- “Lo hemos sacado nosotros mismos junto con Peer Music y al mes de presentarlo habíamos vendido, en los conciertos, discos suficientes para cubrir los gastos. Esto nos permite tomarnos con calma la promoción y aprovechar todo ese movimiento para empezar a tocar y estar presentando el disco durante todo el tiempo que haga falta. Ni somos comerciales, ni excitantes, ni nuevos, ni la próxima revelación, así que… despacito y buena letra”.

-- ¿Os habéis montado un sello precisamente ahora?

-- “Las dos primeras referencias eran nuestros discos anteriores. No queríamos que los discos fueran sólo de alguien que piensa en ellos durante seis meses y luego los utiliza como moneda de cambio para pagar sus deudas. Con Sex Museum ya nos había pasado antes y no queríamos cometer el mismo error. No nos gusta la industria, no confiamos demasiado en ella: lo hacemos en los individuos. Todo tiene que cambiar y tendrá que ser desde abajo porque ahora la industria es como un gigante con pies de barro que sólo piensa en su chalet nuevo y en otro deportivo mientras que todo se derrumba a su alrededor. Nosotros somos como las ratas y ya hemos abandonado el barco. La piratería, las descargas y los medios son su problema: nosotros somos demasiado pequeños y nuestra crisis es constante, pero sostenible y manejable”.

-- ¿Todo bien entonces?

-- “Lo que realmente nos preocupa es el tema de las salas, especialmente en Madrid. Hay mucho talento que no tiene ninguna oportunidad de darse a conocer y eso sí es preocupante. Hay que crear una escena fuerte”.

E.P.

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