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Ilegales crean su propio sello y editan nuevo álbum. Enero de 2004 “El rock es calvo, el rock es violento, el rock es de lobos”
“Ahora soy el pastor y el lobo al tiempo”, dice, y una risotada se pierde en el enmoquetado. Frente a un tercio de cerveza, en un céntrico hotel madrileño, Jorge Martínez muestra un excelente buen humor pese a confesar no haber dormido un carajo tras una noche movidita. Es orgullo lo que translucen sus palabras cuando habla de su sello discográfico, bautizado con el nombre de una de las canciones del primer disco de Ilegales. “La Casa del Misterio es autogestión total. Llevamos a la praxis todo lo que decíamos, que había que releer a Bakunin, a Furier y a toda esta gente. Queremos ser totalmente independientes. Ilegales tiene, de siempre, un trasfondo anarquista y de autogestión que tenía que desembocar en esto. En el 86 teníamos nuestra propia discográfica, licenciábamos los discos o los vendíamos a una compañía, pero una vez ya hechos. Aunque fueran multinacionales, no opinaban. En los primeros 80 las independientes estaban llenas de pijos: eran tan sumamente pijos y gilipollas que había que irse a una multi por cojones. Iban como de elitistas, tipos que no sabían ni poner un acorde. Fichamos con CBS, que era la más gorda que había, y teníamos un subcontrato y toda la independencia. A día de hoy jamás ha habido injerencia en mi trabajo. Lo conseguimos”. En principio el sello está pensado exclusivamente para editar material de Ilegales: “me gustaría coger grabaciones antiguas y editarlas, ya que el mercado de reediciones de Ilegales está muy mal, lo llevan fatal. Quiero editar disco a disco con bonus tracks. En su momento sobraron muchas canciones porque no cabían en el formato LP. Cosas que se iban quedando y actuaciones para televisión. Todo ello con su buen libreto”. Antes de entrar en materia con su último disco propiamente dicho Jorge repasa brevemente los fastos de la celebración del vigésimo aniversario de la banda, que se saldó con un doble CD-DVD en directo. “Aquello nos dio la oportunidad de poder revisar los temas de los 80 en directo en un marco de puta madre, la Plaza de la Catedral de Oviedo. Llamé a todos los que pasaron por el grupo; estoy convencido de que son los mejores músicos. La gente suele llamar como invitado a alguien que potencie su carrera porque es famosete, ese constante chuparse las pollas unos a otros que me parece repugnante”. El aniversario culminó con tres exitosas giras por Sudamérica: “Los colombianos son muy buena gente, y eso que la mayoría de fans de Ilegales murieron en las peleas que hay entre los cárteles de la guerra de la cocaína, así que hay una nueva generación de fans. Tenemos una gran proyección internacional, funcionamos muy fuerte. Conciertos masivos (algunos muy peligrosos), gases lacrimógenos casi siempre… Nuestros conciertos son denominados de alta peligrosidad, así que registran a la gente antes de entrar. De esos bolsillos sale casi todo, todo tipo de armas…” Centrados de nuevo en la tierra de Don Pelayo, Jorge nos confirma que la formación de Ilegales se defiende, o más bien ataca, desde un rockista trío: “tocar en formato de trío me da más espacio sonoro, pero en las baladas es jodido porque los huecos duran mucho más tiempo. Para el rock suena muy bien. Dos guitarras se pelearían una con otra, frecuencias demasiado próximas… La cosa exige, pero el grupo está en muy buena forma. Además, tocamos a mucha más pasta a la hora de repartir. Me encanta el dinero negro: Hacienda no somos todos”. Y continua presentando al resto de un grupo de vocación itinerante por el que ha pasado una buena cantidad de bajistas, baterías, teclistas y saxofonistas: “Ilegales es una banda abierta: la gente entra y sale. El bajista, Alejandro Blanco, lleva trece años. Jaime Belaustegui, el batería, estuvo, se fue y ahora está. En Ilegales pasa como con los músicos de jazz: esto no es una pandilla de maricones que se van del grupo porque se enfadan. Si aquí te enfadas… una patada en los huevos y a funcionar”. Así funcionan, a medio camino entre entrañables amigos gañanes y exigentes músicos profesionales. “Nosotros no ensayamos; sólo cuando estamos haciendo las canciones se preparan un poco. Los ensayos más intensos pueden durar una hora y media: es lo máximo. El resto… vamos al bar y punto”. Finalmente, la compenetración entre el grupo es tal que todo les beneficia a la hora de meterse en el estudio: “los discos siempre los he producido yo, aunque en éste Alejandro me echó una mano. El técnico, Aitor Ariño, es un tipo que ya sabe cómo va, casi hace él la producción; sólo hay que decirle detalles finales del cómo lo quieres. Nosotros lo llevamos todo bien preparado: en el estudio amputamos algunas cosas, cambiamos algunos redobles… Mi gente son músicos, no trabajo con principiantes. A la primera toma está todo. Es raro que haya que repetir tres veces y para las mezclas estábamos los tres. Rápido y bien”. Tema a tema Con el disco en la mano, desde cuya portada el propio Jorge hace una expresiva mueca con una mítica guitarra Mosrite Ventures Model, la calva más famosa y faltona del rock’n’roll ibérico nos va desgranando canción a canción su contenido. “’El demonio’ se la dediqué a una banda de delincuentes infantiles de Sevilla. El jefe tiene 17 años y el menor 13. Tenían loca a la policía con una rotaflex y motos pequeñas. Unos elementos de la hostia. ‘Héroe de los gatos’ habla de cuando te echan de casa. Yo me sentí muy bien cuando lo hizo mi padre. Fue una liberación, me dije: ‘de ahora en adelante sólo me debo a mí mismo. Cojonudo’. Todos los padres deberían saber echar a sus hijos y los hijos deberían saberse echar. ‘Motín en la prisión’ es de Leiber y Stoller, del año 57. La estrenaron los Coasters. Quería revisitarla y cambiarla de arriba abajo. De vez en cuando hay que cagarse en los clásicos y la hice durísima. ‘Chica del Este’ es una melodía que se cifró en el siglo XVII, pero es muy anterior, de ésas que hicieron los juglares o bardos que funcionaron por toda Europa; en España se generaron un montón de estas canciones porque la guitarra es española, pero las melodías hay que encontrarlas en Irlanda o en Alemania. Aquí el pretendidamente infravalorado y marginado flamenco ha acabado con todo; parece ser que sólo tenemos esa cultura. Se han comido todo y esas músicas han desaparecido, pero yo pienso recuperar muchas más. Utilicé la melodía con mi propia historia: en algún que otro puti club tengo bastantes amigas que son del Este. Sus historias son muy tristes; me dicen cuáles son sus esperanzas. El final de la canción es un poco cruel: ‘vete a dormir cien años más, no cuentes conmigo’. ‘Si la muerte me mira de frente me pongo de lado’ es una actitud ante la vida: no pienso ver los toros desde la barrera. Es una canción vitalista: en esta cultura de negación de la muerte yo no la niego, pero me pongo de lado y lo saco. He estado muchas veces en peligro de muerte y he salido con vida, y así voy a seguir”. Mientras explica las canciones, Jorge se golpea las piernas con los dedos cual baterista y comenta que quiere hacer un tema en un ritmo de 5x4. Pese a no haber dormido, el veterano rockero se mantiene en forma. “’Como lo haces tú’ es tipo twist antiguo, de antes de los Beatles. Habla de los fenómenos de imitación en masa, de las revistas del corazón y demás. Haremos un vídeoclip, pero no sacaremos a Isabel Pantoja porque le huelen los sobacos hasta en vídeo; sacaremos a Francoise Hardy, Brigitte Bardot, Jacqueline Kennedy… ‘Señorita que rara soy. Hola bellas hippies’: lo primero se refiere a una amiga que está buenísima, encantadora, que dice de sí misma que es muy rara. A las bellas hippies las conocimos en un aeropuerto una vez que perdimos un avión. Yo me había metido en la boca, a la vez, todas las gominolas de una máquina; llegaron las hippies, encantadoras, y yo las saludaba con las golosinas saliendo a tropel por la boca, jaja. Nos hicimos amigos; intentaron tocar la flauta y los bongos y les dijimos que ni de coña. Les decíamos: ‘las repúblicas psicodélicas no son posibles. Si acaso un cóctel de drogas y afrodisíacos sin antídoto’. ‘Con los ojos abiertos’ viene de cuando estuve leyendo literatura oriental, sobre todo ‘Las mil y una noches’ y apócrifos, literatura muy exuberante. Me levanté una noche con fiebre y escribí la canción. Después llegó lo del 11-S, que era algo que esperaba, pues no se puede encender una mecha de un cartucho de dinamita y luego sorprenderte porque explota. Dice: ‘he crecido con los puños ensangrentados, pirata en guerra contra todas las banderas del mundo’. Me di cuenta que aquélla era la versión que podía tener un joven de uno de esos países que, frente a su cultura, se le instala la Coca Cola, la navidad y lo demás. La cambié un poco para que sonara un pelín más oriental. ‘Vuelven los problemas’ es como una caricatura del regreso del heavy metal, las litronas y el paro juvenil. Pongo lo de que el rock es violencia porque en los 80 hubo una corriente que decía que no lo era. Allí se apuntaron todos los heavys; ¿pero cómo podían ser tan cínicos? El rock tiene un componente muy violento, como el cine o la literatura. Es una constante: así es como AC/DC han salvado al mundo”. A tono con la explicación de que el rock es violencia, Jorge muestra su inflada mano derecha, con uno de los huesecillos anormalmente marcados. Bendita coherencia.”’La edad del pavo’ habla sobre la fugacidad de la vida, no sólo en la edad del pavo: la vida viene y se va. ‘La rabia de vivir’ es el ‘antes morir que perder la vida’, ‘me siento enfermo, me siento grande, pierdo el control y no importa el precio’. ‘Verano del 93’ salió una mañana en Gijón después de toda una noche de copas con una tormenta de la hostia: mareas vivas, las olas contra la barandilla del muro… Salí a verlo, me agarré a la barandilla y el mar me echaba olas encima y un montón de arena. Salió un amigo a cogerme y yo le decía: ‘espera, espera, que estoy haciendo una canción’. Y él: ‘no. Lo que estás es pasadísimo’. Me llevó a casa y la escribí. ‘A prueba de marcas’ está escrita también en la playa, en un amanecer de vodka con naranja. Habla de marcas (Johnny Walker, Swatch…), pero también habla de las marcas que te va dejando la vida. ‘Libérate’ la empecé a escribir en 1976: nos habíamos estado corriendo una juerga por la noche, vino la Policía y nos advirtió que, si seguíamos montándola, íbamos al cuartón, así que nos bajamos los pantalones y empezamos a saltar. Nos metieron tres días con un bocadillo a la mañana y otro por la noche. En la celda había un poema que debía estar hecho por un picoleto y decía: ‘tras las rejas están los culpables faltos de libertad’. Cogí una moneda y jodí aquel poema poniendo: ‘tras las rejas todos somos culpables de la falta de libertad’, la primera frase de la canción. Veintiocho años escribiéndola, pero mereció la pena el esfuerzo”. Kike Babas & Kike Turrón
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