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Los británicos Elbow se definen como una “banda de bandas”. Enero de 2004

Reapropiarse de la música

Las compañías se los rifaban para publicar su debut y parece que era por algo. El quinteto Elbow resultó innovador dentro del panorama del pop británico y consiguió encaramarse a las listas de aquel país con cierta enjundia. Ahora, con su segundo álbum en la calle, el grupo acompaña a Blur en su gira europea antes de viajar a Estados Unidos para probar suerte.

Ni tan predecibles como Oasis ni tan densos como Radiohead. Si hubiera que buscar un terreno determinado para Elbow sería el término medio. El grupo formado por Guy Garvey (voz), Richard Jupp (batería), Craig Potter (teclados), Pete Turner (bajo) y Mark Potter (guitarra) utiliza en su reciente “Cast of thousands” hasta arreglos de cuerda, y lo hace con suficiente criterio como para no aparentar pretenciosidad o posturas temerarias.

Elbow es de los grupos que nacen en la escuela, entre amigos. Todos se conocen desde hace dieciséis años. Ya por entonces Mark era considerado “el cerebro” porque había escrito una canción sobre caballos cuando era un crío. Tenía un trío en el que estaban Richard y Craig y no podían ver ni en pintura a Guy Garvey. Sin embargo, como suele pasar, el tiempo unió sensibilidades parejas y Guy terminó incorporándose a la banda. “Creo”, dice bromeando, “que Craig entró también en la banda porque sus padres estaban deseando que saliera de casa. Tengo la impresión de que le dieron un ultimátum a Mark para que le incorporara”.

Así, sin darse cuenta, había nacido Elbow, aunque por entonces apenas sabían tocar más que una pieza de Chuck Berry, el “Long tall Sally” de Little Richard y la mitad de una canción de los Simple Minds. “Cuando hicimos el primer ensayo estábamos seguros de que, en seis meses, seríamos famosos vendiendo discos. La cosa ha tardado un poco más: diez años”, comentan.

Lo cierto es que prosperaron rápido. En diciembre del 98 ya tenían una oferta de la Island para grabar su álbum de debut, pero la compañía fue de las que cortó por lo sano cuando se acercó el primer atisbo de crisis. “Echaron a mucha gente y, entre ellos, al AR que nos contrató. Ahora que lo pienso, quizás le echaron precisamente por ficharnos”, continúa Guy, quien parece destacar como el graciosillo del grupo. “El caso es que terminamos haciendo el disco pero no nos salió demasiado bien. Empezábamos a percibir los problemas y eso supuso que nos faltara la energía suficiente como para hacerlo tal y como queríamos”. Conclusión: fuera.

No fue su primera experiencia traumática: apenas salieron de las oficinas de Island, EMI les tiró los tejos. “Sí, pero se echaron atrás justo cuando íbamos a grabar. Después Uglyman, una pequeña compañía que ni conocíamos, se interesó por nosotros y nos financió dos EPs. Funcionaron lo suficiente bien como para que V2 nos ofreciera un contrato”. V2 es la diversión actual dentro del mundo discográfico de Richard Branson, el hombre que fundó Virgin en los 70 y que ahora se dedica a generar dinero a paletadas y, ocasionalmente, a dar la vuelta en mundo en globo. La idea inicial de V2 era poner en la calle el “disco escondido” que Island no quiso editar, pero hubo que grabarlo de nuevo cuando la compañía no quiso deshacerse del master.

“Asleep in the back” apareció en el 2001 y causó suficiente sensación como para que la banda empezara a pensar en su segundo trabajo. Pero la cosa se complicó. Otra vez. “No esperábamos que fuera tan complicado grabar de nuevo. Utilizamos el mismo estudio, el mismo productor y el mismo ingeniero que en ‘Asleep in the back’, pero en esta ocasión no teníamos con nosotros todas las canciones que habíamos compuesto en los seis años anteriores. Teníamos que hacer nuevo material y… no nos salía como queríamos. No habíamos compuesto en la gira y no terminábamos de rodar bien en el estudio. El tiempo terminó apurándonos y cada vez trabajábamos con más presión”. El resultado, “Cast of thousands”, se vio, sin embargo, premiado por la circunstancia: “Tuvimos que sacar lo mejor de nosotros mismos y eso ha terminado en un disco del que nos sentimos plenamente satisfechos”.

A la hora de comparar sus dos obras, la gente de Elbow apunta que “hay una relación entre ambos. Siempre habrá un hilo conductor en todo lo que grabemos. En principio pretendíamos que éste fuera más alegre y positivo que ‘Asleep…’, pero no salió así por los problemas que tuvimos al grabarlo. Resulta más oscuro de lo que esperábamos al principio”. El álbum respira pop etéreo y delicado, algo que se acentúa en el trabajo de arreglos en los que no falta, como se comentó anteriormente, el añadido de una sección de cuerdas o la aparición del London Comunity Gospel Choir. “Era algo que ya queríamos hacer antes pero que no pudimos hasta que dispusimos de un presupuesto adecuado. Ninguno de nosotros es capaz de leer o escribir una partitura, así que le encargamos ese trabajo a Ian Burdge, que había participado con el chelo en nuestro primer álbum. Su trabajo no nos gustó, pero los músicos que eligió sí. Puede que él fuera de los artistas clásicos que no consideran demasiado bien a quienes hacemos pop. Los músicos, sin embargo, conectaron muy bien con nosotros y se mostraron mucho más asequibles”. Respecto a la situación que sufrieron, Guy recuerda una anécdota que leyó en torno a David Lee Roth cuando el vocalista norteamericano pasó por el trago de grabar con una orquesta de veinticinco músicos. Cansado de sufrir el desprecio de los violinistas, aprovechó un descanso de éstos para desafinar conscientemente uno de los instrumentos. Cuando, tras el receso, la orquesta empezó a tocar, Roth hizo notar que uno de los violines estaba desafinado. Tras comprobar el hecho, los miembros de la orquesta empezaron a mostrarle respeto.

Con dos discos en la calle, los miembros de Elbow se consideran una banda más que consolidada: “Tenemos ganado el respeto de la escena británica y muchos grupos importantes nos nombran a nosotros a la hora de citar las bandas que les gustan. Se da el caso, incluso, de que en los anuncios que solicitan músicos que se ponen en los periódicos o en los locales de ensayo se piden músicos ‘tipo Elbow’ o guitarristas ‘como Mark Potter’. El hecho de que cada uno de nosotros tenga diferentes influencias nos ha favorecido para encontrar nuestro propio sonido. Siempre se puede volver a escuchar nuestras canciones y descubrir algo nuevo en ellas”.

Su fama ha crecido lo suficiente como para que Blur los haya elegido a fin de abrir sus conciertos de la gira europea, elección curiosa si tenemos en cuenta las abundantes diferencias que hay entre las músicas de ambas bandas. La curiosidad continúa cuando, a la hora de hablar de sus nuevos compañeros, los miembros de Elbow destacan el álbum menos reconocido de Blur. “Antes no nos gustaban demasiado: alguna que otra canción, pero nunca un álbum entero. Con ‘Think tank’, sin embargo, nos ocurre lo contrario. Quitando desastres como ‘Crazy beat’, es un gran disco”. “Think tank” es el último trabajo de Blur, editado este mismo año, y “Crazy beat” una de sus canciones, protagonista del último EP lanzado en Inglaterra por los de Damon Albarn.

Elbow aparece, a nadie se le escapa, en un momento delicado. Ellos mismos han sufrido en sus carnes la reestructuración de una compañía multinacional y son conscientes de que su público es un ávido consumidor de horas delante del ordenador. Aun así, su visión de las cosas quita hierro al asunto: “Obviamente, el tema de las descargas en Internet nos afecta, pero no nos molesta. Lo más importante es que se nos escuche”. Guy apunta, incluso, una singular visión de cómo se gestionan actualmente los derechos de propiedad intelectual para los músicos: “Todo el que hace música está reapropiándose de lo que ya hay. Un grupo empieza copiando lo que escucha y sus primeras composiciones siempre están influenciadas por música ya hecha. Hoy en día, además, el sampler ha demostrado que se puede hacer una música propia utilizando únicamente músicas ya grabadas anteriormente por otras personas. Si los músicos tenemos ese derecho de reapropiación de lo que han hecho otros, ¿por qué el público no? Yo creo que, en un plazo de diez años, la música será gratis y se podrá disfrutar pagando una especie de cuota o suscripción que generará los sueldos de los músicos”.

El quinteto, después de terminar su gira con Blur, montará la suya propia y también se animará a cruzar el charco para medir su repercusión en el mercado norteamericano. Entre sus próximos proyectos está el de entrar en contacto con productores de cine independiente de cara a involucrarse en la creación de una banda sonora. “También trabajaremos más en los vídeos. Todos los que hemos hecho hasta ahora han sido una mierda”, añade Mark.

E.P.

Elbow. “Cast of thousands”. V2

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