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Avishai Cohen es ya mucho más que el contrabajista de Chick Corea. Enero de 2004

De albañil a maestro

Se fue de Israel a Estados Unidos porque quería hacer jazz. Vio que apenas tenía posibilidades en su tierra natal y no dudó en embarcarse para Nueva York aunque, a la llegada, no podía más que ponerse a trabajar en empresas de mudanzas o de la construcción para poder vivir.

Ahora todo es diferente. Los once años pasados en Estados Unidos se han saldado, hasta el momento, con cinco discos en solitario, multitud de participaciones y un reconocimiento unánime que apunta a Cohen como uno de los contrabajistas con más proyección dentro del jazz actual. “Tengo mucho que expresar y por eso compongo mucho. Es necesario que ese material se plasme en discos, por lo que, últimamente, he grabado casi uno por año. Estoy contento de cómo va la cosa y eso se debe notar. Lo que grabo es, en el fondo, el reflejo de mi propia vida”, comentaba el israelí cuando pasó por Madrid durante la gira que Chick Corea realizó por toda nuestra geografía. Cohen, además de formar parte del grupo estable del pianista, aprovecho la circunstancia para presentar, también, su propia música en pequeñas salas acompañado por piano y batería.

Su última obra es “Lyla”, un álbum delicado e intimista que le presenta también en su faceta de pianista, la más desatendida, hasta el momento, dentro de su discografía. Cohen apareció por primera vez en un disco en “Panamonk” (96), formando parte del elenco de Danilo Pérez, y desde entonces no ha parado. Formó su propia banda y comenzó a introducirse en el ambiente jazzie de Nueva York. Después de unas cuantas colaboraciones como músico de sesión le llamó Chick Corea para proponerle grabar un disco en su sello Stretch y todo despegó. “Llevaba dos años con Danilo cuando Chick me llamó. Firmé con su sello y grabé mi primer disco (‘Adama’, 98). Quise que participaran en él todos los músicos con los que había trabajado y así aparecieron Brad Mehldau, Danilo o el propio Chick. El cogió mi banda para formar Origin”.

Origin es el grupo más estable que Corea ha tenido en los últimos años y su actividad es, por momentos, agotadora. Sin embargo, a Cohen siempre le queda tiempo para grabar sus propias obras o, como hizo en el 2001, para involucrarse en una nueva formación. “La International Vamp Band es un proyecto estable, no solamente un grupo para grabar un disco. Tocamos ocasionalmente y el año que viene haremos una gira para grabar en directo”. La International Vamp Band se presentó al público en 2001, cuando firmaba “Unity”, el cuarto de los discos protagonizados por Cohen. Anteriormente llegaron “Devotion” en el 99 y “Colors” en 2000, álbumes en los que el contrabajista exponía su paisaje musical y en los que, curiosamente, aparecía siempre alguna versión de un clásico latino. Ahora, por contra, las versiones apuntan a gente como los Beatles o, incluso, como Dr. Dre. “No es exactamente un cambio. Hago versiones de lo que suelo escuchar y me emociona. Puede que Dr. Dre sea un artista más actual, pero yo he escuchado a los Beatles o a los clásicos latinos durante toda mi vida”, comenta el contrabajista, quien, de todos modos, no es demasiado amigo de versionear y llena sus discos de composiciones propias. “Este álbum es más íntimo y personal que los anteriores. Es el primer disco de mi propio sello, Sunnyside, y también he querido que participaran en él los artistas con los que me he relacionado a lo largo de mi carrera”. Entre colaboraciones con Corea, Eric McPherson, Jeff Taylor, Diego Urcola, Avi Lebovich o Mark Guiliana también se cuela una piececilla (“Simple melody”) en la que Cohen canta acompañándose únicamente del contrabajo. “Estaba haciendo arpegios y armónicos y me puse a cantar. Fue así como surgió esa canción. Eso no quiere decir que no sea exigente con lo que grabo, pero si algo me emociona se pone por delante de un criterio de mera calidad. Además, yo no quiero criticarme a mí mismo: eso lo dejo para los críticos profesionales”.

Si bien sus primeros conocidos en el ambiente jazzie de Nueva York fueron Brad Mehldau y Jordi Rossi (no es extraño que los tres tocaran en trío en Barcelona allá por el 94), actualmente Avishai es uno de los contrabajistas más reconocidos dentro del jazz de la ciudad. Su participación en Origin supuso que la gente le prestara atención y, desde entonces, él no ha desperdiciado ninguna de las oportunidades con las que ha contado. “En Origin casi todo el material es de Chick. Apenas deja aportar al repertorio. ‘Layla’, la canción que da título al nuevo álbum, formaba parte del segundo disco de Origin. Fue una de las pocas veces que transigió”.

Para febrero espera tener listo el material para lo que sería su sexto disco y dejará para más adelante su nueva colaboración con la International Vamp Band. Entre medias tiene pendiente el componer un concierto para contrabajo y orquesta que le han encargado para la próxima edición del Festival de Bremen, ya que la organización le ha contratado para un programa doble en el que, además de su obra, se estrenará también en directo el concierto que Leo Brouwer compuso inicialmente para guitarra y que Cohen ha adaptado al contrabajo. Y es que ésa es otra faceta escondida de este israelí de 32 años. “Mis referentes musicales son muchos, pero el más importante de todos es Bach. Luego me apasionan otros músicos tan diferentes como Stevie Wonder, Jaco Pastorius o Eddie Palmieri”, comenta. Un plato diverso que aún tiene más ramificaciones. “En Israel se dan cita diferentes culturas y por eso me han influido tantas. Mi madre tiene raíces sefarditas y la música de esa cultura es otra de las que me encanta. Puede que por ello sienta tan cercano el flamenco, una de las músicas más emotivas que he escuchado nunca. Un día de éstos tomaré finalmente la decisión de pasar una temporada en Cádiz. Quiero aprender más sobre él”.

E.P.

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