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The Soundtrack of our Lives. Diciembre de 2004

Más allá de la música

Recurriendo al refranero castellano, y pervirtiéndolo, habrá que señalar al respecto de la edición del nuevo plástico de The Soundtrack of Our Lives, Origin Vol.I , que no a la tercera, sino a la cuarta, será la vencida para ellos en el mercado español. Debería, desde luego, pues han entregado algunos de los minutos de rock más inspirados –valga el excelente sencillo “Bigtime” como ejemplo– del presente.

 

La banda sonora de nuestras vidas. Magnífico el nombre elegido hace casi una década por el sexteto sueco que, a día de hoy, ostenta la corona de monarca del rock en la vieja Europa. También un tanto pretencioso –el rock, a fin de cuentas, lo es– y ciertamente obvio –no hay ironía, ni segundas intenciones, ni falta que hace–, pero sobre todo representativo de lo que son, han sido y serán. Exacto, sin más, la banda sonora de sus vidas. Al habla Martin Hederos, encargado del piano y del órgano:

“Hemos crecido, estamos buscando nuestro sonido desde el primer día. Es como encontrar una palabra para definir un paisaje. No es algo cerrado, sino vivo. Las piezas van y vienen, se juntan y se separan… no queremos perder la capacidad de sorprender y de sorprendernos, nos gusta que nuestras canciones se puedan reconocer pero también que pienses ‘¿qué es esto?' cuando las escuchas”.

Él es parte contratante casi desde el primer ensayo de un proyecto cuyo germen hay que buscarlo en Union Carbide Productions, formación que rugía al modo de Stooges y que, junto a The Nomads, puede atribuirse la paternidad del rock escandinavo de nuevo cuño, que eclosionó comercialmente en la segunda mitad de la pasada década. Las disensiones internas y una nueva orientación musical hicieron que Ebbot Lundberg e Ian Person, ahora cantante y guitarra, respectivamente, buscaran otros horizontes. La nueva criatura nacía con propósito de enmienda

“Nunca hemos querido ser un grupo sólo de garage o hacer sólo una cosa. Buscamos más una sensación de libertad, de no tener un techo sobre nosotros… ser capaces de hacer baladas o cosas de jazz pero sin perder la energía básica del principio. Como músico es muy decepcionante no poder salir de los límites del estilo de un grupo, al menos hay que intentarlo… creo que eso es lo que nos hace especiales. La mente humana es demasiado grande como para escuchar sólo garage rock, hay tanta buena música por ahí…”

– y se encomendaba a una tríada casi bíblica –Rolling Stones, Love, Beatles– para encarar un peregrinaje que toca la gloria en su cuarto paso, éste Origin Vol.I . Concebido como álbum doble, se espera la segunda parte para el próximo otoño, estamos ante un trabajo sensacional que incrementa la talla de su orfebrería pop con piezas muy brillantes

–“Transcendental suicide”, “Bigtime”, “Mother one track mind” – y menos psicodélicas que anteriormente:

-“Hemos tratado de capturar las sensaciones que tenemos cuando tocamos en directo. Algo muy orgánico, aunque nos ha dado algunos problemas porque no lo habíamos intentado nunca antes. Siempre hemos separado lo que es tocar y lo que es el trabajo en estudio, pero esta vez quisimos juntar esas dos partes en una sola. Es nuestro disco más explosivo y más concreto” .

También hay resquicio para las soleadas melodías vocales en la onda de Brian Wilson –“Lone summer dream– y para la inesperada colaboración de la musa inglesa más afrancesada, Jane Birkin, en la cálida “Midnight children”:

-“Es como uno de esos sueños que un buen día se hace realidad. Nuestro manager contactó con ella para presentarle en serio la idea de que unos jóvenes suecos grandes fans suyos y de su marido querían su voz en un coro. Por suerte, su manager nos conocía y a ella le encantó la canción y dijo que sí” .

Privilegios derivados, ellos lo saben y lo aprovechan, de la monumental acogida que recibió su tercer álbum, Behind the music , en los tabloides británicos y que les llevó a girar por Gran Bretaña y EE.UU acompañando a Oasis, autores de superlativos elogios hacia los suecos:

-“Fue muy bueno para nosotros y no fue la relación normal con un grupo telonero: nos eligieron porque les gustamos mucho, nos veían cada noche, animaban a la gente a que nos prestara atención. Ésa es una actitud muy buena. Tenemos muchas cosas en común: gustos musicales parecidos, el sentido del humor, Goteborg y Manchester son similares, tanto ellos como nosotros somos seguidores muy apasionados de fútbol”.

En su enfrentamiento con un público en principio ajeno a su propuesta –ya lo habían hecho teloneando a The Cardigans y Kula Shaker- disponen de un arma infalible para ganar la partida, el imprevisible carácter de su cantante e ideólogo:

-“El diálogo es más fácil con los fans, sabemos lo que piden y qué esperan de nosotros pero es un reto convencer a una audiencia de diez mil personas que no te conoce y es escéptica porque está esperando al gran grupo. Por eso es un triunfo cuando consigues eso, y no lo hace cualquier grupo, tienes que ofrecer algo muy interesante. Por suerte contamos con Ebbot que es muy brillante en eso, siempre hace cosas para confundir a la gente, para distraerles y llamar la atención. Tiene muchos trucos y bromas, podría escribir un libro” (risas).

Aquí consiguió sentar, entre la complicidad y la sorpresa por la petición, al público en el suelo de la sala Arena. José Durán

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  DISCOGRAFIA

La banda sonora de sus vidas

 

Welcome to the infant freebase

(Telegram, 1996)

Los rescoldos humeantes de Union Carbide Productions aún crepitan en la puesta de largo de TSOOL, aunque su fuego lo avivan más otros carburantes. La pretensión expansiva se hace carne en temas que recorren el trecho caminado por Lundberg y Pearson desde la fiereza a la fina escultura. Un estreno notable –su mejor obra según muchas voces– que les situaba en el mapa y hacía sonar con fuerza su nombre en los mentideros del rock de raíz psicodélica y desarrollo envolvente. J.D

 

Extended revelation for the psychic weaklings of western civilization

(Telegram, 1998)

Involuntariamente o por decisión de sus creadores, algo que nunca sabremos, Extended revelation… parece condenado a recibir el papel de disco esquinado y la consideración de obra menor en la trayectoria de TSOOL. Hederos reconoce que “ es nuestro disco para los días más lluviosos de tu vida” y, bajo ese prisma sí se entiende el sonido más domado de unas canciones que, salvo “Safety operation”, rehúsan convencer a la primera. J.D

 

Behind the music

(Warner, 2001)

El gran salto en sus ambiciones y la recogida de una cosecha extraordinariamente fértil en ricas canciones hacen de éste su más logrado trabajo hasta entonces. Con su publicación trascendieron el estatus de grupo de culto y coparon una cuota de pantalla extraordinaria en el Reino Unido (aquí fue otro cantar). Noel Gallagher afirmó que era el mejor disco de los últimos seis años y, si bien no es para tanto, sí es de recibo acreditar que por fin lograron el tan ansiado equilibrio entre escapismo lisérgico e inapelables canciones. “Nuestro disco de la venganza, con el que nos cobramos la revancha con el mundo” , afirma Hederos. J.D

 

Origin Vol.I

(Warner, 2004)

El texto de “Big time”, una de las mejores canciones rock del presente ejercicio, les conecta con el universo de alienación, confusión y mísera existencia descrito por los Lagartija Nick de Inercia . Los guitarrazos ávidos de réplica en “Trascendental suicide”, con los Who más energéticos. El desarrollo lisérgico y circular de “Age of no reply” –casi siete minutos, los mejores del disco– con The Doors y los Rolling Stones de primeros de los setenta. Jane Birkin asoma, de cuerpo presente, por la engañosamente dulce “Midnight children” y, tras escuchar “Wheels of boredom”, uno se pregunta por qué The Dandy Warhols sí y TSOOL no. Canciones enormes, como “Borderline”, “Mother one track mind” o “Believe I've found”, redondean este álbum conceptual sobre el tiempo, su paso y sus estragos. “Continuará…”, prometen. Bien, pues ya estamos esperando. César Luquero

 

 

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