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HOT WATER MUSIC. DICIEMBRE 2004
En el techo del mundo
El equipo de Hot Water Music y Brian McTernan, productor de Converge o Thrice, ha dado sus mejores frutos en The new what next. Tras un periplo de una década, la banda más emocionante de la tierra de los pantanos ha plantado una bandera de satisfacción en su cima creativa. Charles Bukowski, el inspirador de su nombre, debería mostrar su orgullo. En su tercer largo para Epitaph y sexto de su carrera, los popes punk de Gainesville (Florida) han superado todas sus marcas anteriores con una generosa pieza de orfebrería que lleva el nombre de The new what next. El jade que refulge en sus canciones, menos abruptas que en los tiempos de Forever and counting (1997) –por eso de que los años no pasan en balde-, deja asomar las canas de una madurez bien asumida. De hecho el inicial medio tiempo de “Poison”, un himno de Doc Martens y correosos efluvios a la Frank Stubbs (Leatherface), no dista demasiado de la arquitectura sónica de “American Jesús”, pieza de sus compañeros de sello Bad Religion. “Estar en Epitaph es un lujo reconfortante. Nos sentimos tan a gusto como cuando formábamos parte de la escudería de Some Records o No Idea. Pese a estar en otra dimensión no hemos perdido ese sentimiento de camaradería con los antiguos sellos. Por eso con No Idea vamos a editar un single con dos canciones: ‘Home' y ‘Last goodbye', un disco que estará en la calle en diciembre” , explica Jason Black, el bajista de la banda. Los sureños se debaten entre sueños de serpientes descuartizadas y ruiseñores mudos, amantes que reciben un ramo de rosas negras por San Valentín y paraguas secuestrados por el viento sin su lastre de Mary Poppins. Planea cierto estado de pesimismo y desasosiego en su lírica, pero es quizás este cuadro de ansiedad y nihilismo el que mejor comulga con el espíritu de sus eléctricos salmos. "Es cierto que nos gustan los símbolos. Nuestras canciones tienen alma de poesías y nos servimos de imágenes que evocan nuestras vivencias, añoranzas, frustraciones y deseos" . Sentimiento que expresan en la letra de “My Little monkey wrench”: “las cosas que hemos visto son todas las cosas que queremos mostrar”. La contundencia de unas guitarras abiertas con un sonido más envolvente que el de antaño y la pérdida de la complejidad rítmica evidencian un giro de ciento ochenta grados en la filosofía de la banda. "Los cambios sonoros que hemos experimentado desde Caution han sido intencionados. Buscábamos una nueva dinámica en las canciones, por eso hemos probado con tempos y afinaciones diferentes. Lo único que nos preocupaba es que todas las canciones se sostuvieran por sí mismas. Creo que ha sido el disco que más fácil nos ha resultado grabar. Además con Brian en la mesa nos sentíamos como en casa" . La revista angelina Alternative Press les ha colgado el superlativo de mejor banda punk de la pasada década y razones no le faltan. No es gratuito que los versos de "There already roses", "This early grave" o "Bottomless seas" se muestren como primos hermanos del legado de Bob Mould o el cancionero de Warehouse: Songs and stories de Hüsker Dü. Si a su maestría como trovadores pelo pincho le sumamos la capacidad de los brochazos visionarios de Scott Sinclair, ilustrador que ha trabajado con Playboy y Unicef y autor de todas sus portadas y el magnífico libreto de The new what next, deberíamos congratularnos del suculento 2x1 que nos ofertan. Ellos insisten en que nos encontramos ante su mejor trofeo, tarea ardua de discernir con precursores tan ágiles como A Flight and a crash (2001) y Caution (2002), muy bien equilibrados en nutrientes. “Es el disco que mejor nos representa. Se muestra como la colección más compensada de canciones que hemos escrito. Muestra totalmente el carácter de lo que ha sido la banda en todos estos años” . Parece que tras el accidente que su guitarrista Chuck Ragan sufrió en su mano ha podido encarar al tour estadounidense que les ocupa en estos momentos. Esperamos su pronta recuperación. Miguel Angel Sánchez Gárate
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