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Kepa Junkera. Septiembre de 2003 En directo
“Bilbo 00:00” (98) fue el álbum que puso a Kepa en el mapa de la popularidad. Aunque previamente a aquél su discografía ya se enriquecía con otros siete estupendos álbumes, el librodisco en el que aparecía arropado por gente como Justin Vali, Liam O'Flynn, La Bottine Souriante, Benito Lertxundi, Hedningarna, Alasdair Frasser y otros más supuso la consolidación de un proyecto personal que, desde siempre, ha tratado de abrir caminos para la triki, un instrumento considerado, popularmente, limitado y relegado a la música popular que se puede bailar. Kepa, sin embargo, dio a la triki un impulso enorme que, con “Bilbo 00:00” y el posterior “Maren” (01), obtuvo, finalmente, el reconocimiento masivo. “Este es el complementario de aquellos dos. ‘Bilbo’ fue un disco de ruptura y ‘Maren’ tenía, a priori, el reto de superarle. Yo nunca me lo planteé exactamente así: creo que ‘Bilbo’ resultaba apabullante por la cantidad de colaboraciones que tenía y lo que me propuse en ‘Maren’ fue complementarlo centrándome más en la sonoridad que en las colaboraciones. Cuando compongo no hago retos conmigo mismo; la idea era crear el concepto de ‘orquesta étnica’ que, luego, ha traído consigo una fidelidad de nuestro público, un disco de oro y un montón de conciertos. ‘Maren’ resultó un asentamiento y ‘K’ es el resumen de todo ello”, comenta Kepa. “Soy consciente de que a alguien le va a faltar un tema en concreto y que otros me van a apuntar que, como es la tercera vez que grabo ‘Bok espok’, tengo una crisis de creatividad. Todos esos comentarios me hacen gracia porque, en el fondo, nadie conoce mis decisiones. Puedo elegir muchas cosas y, de algún modo, me frustra no poder hacerlas todas”, añade el trikitxilari, quien, a la hora de resumir, no deja de pronunciar la palabra “sonoridad”: “Antes no encontraba una sonoridad de la que dejar constancia. Ahora pienso que se nos reconoce en cuanto se nos escucha. Quizás ha sido una cuestión de madurez. Creo que, a la hora de grabar un disco en directo, tienes que encontrar una connotación sentimental y esperar hasta que puedas contar algo con sentido. Hay gente que graba un directo enseguida y no me parece mal: cada artista es libre de expresarse como considere oportuno. En mi caso, no creo que si hubiera grabado antes lo hubiera hecho con tan buen resultado”. Kepa destaca del álbum su sonido, un caudal limpio que deja al público casi ausente mientras se prima la fidelidad de cada uno de los instrumentos aparecidos. La recurrente pregunta de si un disco en directo cierra una etapa y abre otra posterior es aquí casi innecesaria. El bilbotarra admite desde un principio que “K” es el fin de una trilogía, la consolidación de una propuesta que, a partir de ahora, habrá de buscar nuevos horizontes. “La intención será la misma, pero quiero hacer otras cosas. Soy consciente de haber dejado un sonido plasmado y eso me libera de algún modo. Pienso que, si ahora hubiera lanzado un álbum con temas nuevos, me faltaría una pieza del puzzle”, comenta. En el disco, con todo, aparecen dos composiciones nuevas y, como era de esperar, se cuenta con la colaboración de algunos invitados ilustres (La Bottine Souriante, Bulgarka, Alos Quartet…). A la hora de echar la vista atrás y hacer balance, el trikitxilari considera que, “en mi caso, el resultado ha sido muy positivo. He tocado en todo el estado y, en los sitios a los que íbamos, se conocía mi obra. Ha habido un asentamiento en nuestro trabajo y el público lo ha ido descubriendo e involucrándose. Creo que me he ganado un respeto y que, de algún modo, he influido en que ahora haya más gente joven defendiendo y creando unos sonidos inspirados en la tradición pero comprometidos con una música libre. Cuando escucho a esos músicos respiro futuro”. Su carrera internacional no hace más que crecer aun cuando los planes de distribución internacional de sus discos no parecen, de momento, completarse como se deseaba en un principio. “No ha funcionado mal; lo que ha ocurrido es que se ha pasado por un mal momento. A EMI, como a otras, también le ha tocado un proceso de reconversión que ha afectado a estas cosas. De todos modos, lo bueno de esta música es que no es de temporada y que cualquiera que se acerque a mi obra puede disfrutar igual con mis primeros discos que con los últimos”. Kepa es, en este aspecto, uno de los pocos músicos de folk español que graba bajo el amparo de una compañía multinacional, algo que llegó tras pasar por Elkar y Resistencia y que, en boca del propio músico, no ha generado ningún conflicto en su manera de trabajar: “La gente que está en la compañía pone ganas y, a nivel creativo, me dejan trabajar. Nunca he notado ningún tipo de presión y estoy tan orgulloso de lo que he hecho en EMI como de lo que antes hice en Elkar o Resistencia”. “K” parece destinado, como sus predecesores, a seguir engrandeciendo la carrera de Kepa, una trayectoria que ya se disfruta con naturalidad en varios países europeos y que no tiene vocación de quedarse donde está. “Yo no tengo ningún prejuicio para tocar en cualquier lado y no pondría ningún problema para actuar en festivales que, de momento, parecen cerrados a la música tradicional. Creo que la sonoridad no es obstáculo para que el público aprecie el espíritu de la música y estoy convencido de que, cuanto más gente oiga este tipo de música, más gente se acercará a él. El folk, o la world music, o como quieras llamarla, tiene un público limitado que no puede ser, ni mucho menos, el del pop masivo; pero también es mucho más del que yo podía pensar. Es un estilo en el que no vale el marketing y en el que te tienes que ganar al público uno a uno. Estamos hablando de una música en la que tienes que compartir el día a día y estar en la calle. En el folk es imposible aislarte y perder ese primer paso de contacto mientras que en otras músicas sí se puede hacer”. R Kepa Junkera. “K”. EMI
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