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El uruguayo Jaime Roos debuta discográficamente en España. Noviembre 2003.

Rock implícito

Da la impresión de que, para el mercado discográfico occidental, los países pequeños no existen. Su música siempre tiene que ser descubierta por un artista inglés o norteamericano para que se le preste un mínimo de atención. Algo que nos perdemos. Afortunadamente, siempre hay francotiradores sin remilgos capaces de poner sus oídos al servicio de quienes, en otras partes del mundo, están clamando a voz en grito. Jaime Roos, por ejemplo, es un emblema de Uruguay y ahora su música llega a España.

Lo hace con un álbum grabado en directo que apareció originalmente en 1998. “Concierto aniversario”, aunque sea el debut de Roos en España, supone ya su creación número catorce. ¡Y ni siquiera es la última! Eso sí: parece la más adecuada para que los españoles nos acerquemos a la obra de un hombre que ha revolucionado la música en su país y que es todo un icono en países como Argentina. “Estoy contento de poder tocar aquí. Es un país de habla hispana y siento que, a nivel de letras, mi música puede ser comprendida más que en otros sitios. Es un punto cultural, es Europa… son muchos motivos”, apunta Jaime mientras espera pacientemente la batería de preguntas que están preparadas. Para él no es nuevo eso de estar presentándose casi continuamente, ya que, aunque su público se extiende por toda Latinoamérica, no pierde ocasión de ampliarlo siempre que puede. Llega a España después de ofrecer más de doscientos conciertos en una gira de dos años y medio que le ha llevado de Estados Unidos a Australia y lo hace antes de ponerse a trabajar en su próximo álbum, el primero que tendrá canciones nuevas desde que, en 1996, grabara “Si me voy antes que vos”. Después de aquel disco publicó el directo que llega ahora a nuestras tiendas y, con posterioridad, se dedicó a recopilar canciones emblemáticas del repertorio uruguayo en “Contraseña” (01), su último trabajo discográfico hasta el momento.

“Hemos hecho lo que se llama un showcase: mostrar lo que hacemos en tres ciudades, convocar a la prensa y dejar un disco editado. Para lo que hago, es la única forma buena de presentarse”, dice, aunque parece consciente de que un botón de muestra siempre es poco para retratar una carrera que dio su primer fruto en 1978 (“Candombe del 31”). Desde entonces Jaime ha tocado en cuatro continentes (“con músicos de los cinco”) construyendo a su alrededor un entramado que nunca antes había existido en un país tan pequeño como Uruguay. Nacido en Durazno y Convención, cuenta anécdotas como aquélla en la que tuvo que ejercer de “periodista, pegatinero, sonidista, portero y boletero en un mismo espectáculo” y reconoce haber comenzado a vivir de la música sólo a partir de 1986. Con todo, Roos no es un nostálgico y para él siempre está por delante el mañana antes que el ayer. “Es difícil hacer conocer nuestra música en cualquier país de América Latina, y mucho más en España. Uruguay es un país de apenas tres millones de habitantes”, apunta. Algo pequeño para un artista tan grande. Roos es de quienes no tenía problemas en buscarse la vida en Amsterdam, trabajando en un restaurante, aun cuando ya tenía cuatro discos editados. Su cuerpo le pedía mundo y sus canciones requerían gente que las escuchase.

“Todos los momentos son buenos para presentarse aquí. Actualmente la industria es un caos, pero lo es en todo el mundo por el tema de la piratería y habrá que buscarle alguna vuelta para solucionarlo. La música va por otro camino: no para y la gente quiere seguir escuchándola. El único problema es cómo se transmite”. Jaime lo hace a través de lo que llama “rock implícito”, una etiqueta propia que requiere una explicación: “El rock explícito es el ‘rock rock’, ese del que, cuando lo hace una banda, no puedes señalar su origen hasta que el cantante no hace su parte. En mi música no ocurre eso: hay elementos regionales que, sin necesidad de texto, ya indican su procedencia. Sigue teniendo una actitud rock y utiliza elementos musicales del rock. En Argentina dicen que yo hago música uruguaya, así que opté por esa definición para aclarar que hacía rock. Si vas al show ves que la banda tiene actitud de rock, y hacemos una fusión de esa música con nuestras raíces”.

Las raíces de Jaime son las del propio Uruguay, una mixtura de ritmos procedentes de infinidad de sitios que se han asentado a lo largo de la historia y que han ido trazando un mapa cultural propio y localizable. Candombe, murga… “Son dos cosas que pueden ser folklóricas y puras pero que yo las muestro fusionadas por el rock. La murga viene de España y es una música coral, mientras que el candombe es africano y está basado en tambores de lonja. Quizás haga ‘murga y candombe rock’, pero eso no sería suficiente para decirle a la gente cómo es mi música. A todo eso hay que añadir otra capa, como en las cebollas, y es que tengo mis cosas personales, mi mundo, mi estilo, algo fuera de lo anteriormente nombrado. El rock, el candombe, la murga, el tango, la milonga… no son sino un vehículo para mis fantasmas, no son géneros que utilice por una sensación patriótica. Por otro lado, Octavio Paz decía que ‘con cada lengua que muere se pierde una visión de la humanidad’, y estoy de acuerdo con él. Para expresarnos con sutileza hay que apelar a nuestro idioma, aunque hablemos de temas universales. La música es también un lenguaje”. El resultado parece gustar a quienes lo escuchan, incluidos los españoles que ya han podido ver a Roos en directo dentro de su visita relámpago. “Quienes nos han visto han respondido bien. Lo importante es que se comprenda el núcleo de la canción, incluso de aquéllas con tinte localista pronunciado”, comenta. Y es que en las letras de Jaime hay aspectos que no son habituales fuera de Uruguay. Dichos, dejes, acentos, metáforas, como aquéllas que abundan en el lenguaje “futbolero” y que están presentes en cada frase del lenguaje popular uruguayo. “Estrictamente futboleras sólo tengo cuatro canciones, pero sí es cierto que tengo otras treinta en las que aparece la alegoría del fútbol relacionada con otros temas: la muerte, el dolor… El lenguaje coloquial del Río de la Plata es notablemente futbolero y para decir un tópico se usan expresiones de fútbol. Incluso en la política. Al escribir, atendiendo a la sutileza, nunca destierro el fútbol de mis letras”.

La música de Uruguay apenas ha tenido cabida en España. El caso de Jorge Drexler, por ejemplo, no puede considerarse por cuanto su carrera conocida ha empezado aquí, una vez el cantautor decidió afincarse en nuestro país. Las ediciones de artistas uruguayos en España este año se han limitado a una única recopilación de los Mockers, una banda de rock de los años 60. Incluso, puestos a buscar a nivel histórico, habría que remontarse a un clásico como Alfredo Zitarrosa para encontrar a un artista uruguayo que haya podido saltar nuestras fronteras.

El hecho no es, por otro lado, extraño. La industria discográfica uruguaya ha ido siempre por detrás de la nuestra y sus artistas no han tenido sino problemas para desarrollar su carrera en condiciones. Jaime comentó en una ocasión que, en su país, se disponía de locomotoras antes de disponer siquiera de las vías férreas. “En mi caso tenía la locomotora y tuve que poner las vías, las estaciones y hasta los controladores de billetes. Hubo que armar una estructura que no había, una aventura en la que me acompañaron otros artistas. Fue un cambio a mejor. Ahora un artista puede ir a Uruguay y tener un equipo de sonido en condiciones o disponer de un estudio para grabar de paso. Serrat, por ejemplo, cuando hizo ‘Tarrés’ grabó una canción uruguaya en el mismo Uruguay, en un estudio uruguayo”, señala. Dichas mejoras han influido también en la amplitud de producción de Jaime, un artista que, a lo tonto, ya cuenta con un catálogo de quince álbumes que fueron editados, en su mayoría, dentro de su propio sello.

Del mismo modo que tuvo que aparecer la industria en Uruguay tuvo que aparecer la crítica, esa especie de Pepito Grillo que no siempre estaba por la labor. Si bien la mayoría del material grabado por Jaime obtuvo sonoras y merecidas alabanzas, también tuvo que sufrir otro tipo de circunstancias no tan agradables: “También he tenido malas críticas. Guerras casi personales con núcleos de críticos. Motivos personales, políticos… de pueblo chico. Uno sabe cuándo el crítico es honesto o cuándo tiene razón. Yo soy comprensivo con respecto a la crítica y algunas de ellas me han hecho mejorar, pero, curiosamente, no han sido las que han aparecido en los diarios. Han sido las de mi madre, las de mi hijo, las del mozo que me trae el café…”

Curiosamente, la respuesta ha sido más fervorosa fuera de Uruguay. Jaime es ahora uno de los músicos más relevantes dentro del mercado argentino y sus giras por ese país son siempre largas y apabullantes. Con todo, Ross no se limita a hurgar en el mercado hispanoparlante. Sus viajes se alargan cada vez en más kilómetros y actualmente su pasaporte cuenta con sellos de innumerables países que han recibido su música con gusto. Del mismo modo que da recoge, y lo aprendido en esos viajes y países pasa a incorporarse con carta de naturaleza dentro de su propio universo musical. “Todas las músicas han influido. En un momento o en otro salta la influencia, la enseñanza de haber tocado con músicos de los cinco continentes. Estuve en Oceanía tocando en Melbourne y Sidney y viajé a Asia con la selección uruguaya de fútbol para el Mundial de Corea y Japón. También estuve en Irak como músico de cabaret allá por el 78”. Ahora, con la mente puesta en su nuevo trabajo, no abandona la idea de volver a España si lo considerara oportuno: “Si hay continuidad tras esta gira no me importa volver, aun cuando tenga que interrumpir la grabación del disco para ello. Volver a España no me implicaría ningún trastorno por cuanto haríamos el show que actualmente hacemos, ya que es nuevo para estas tierras. Podemos tocar hasta cuatro horas y hay mucho material que no hemos presentado aquí. Lo que no voy a hacer es involucrarme otra vez en una gira uruguaya o argentina como la última, porque eso sí me absorbe y me incomoda mientras estoy grabando. Acabamos de terminar una con más de doscientos conciertos y miles de kilómetros recorridos”.

Puestos a recomendar dentro de la obra de Roos éste apunta a “Siempre son las cuatro” (82), “Estamos rodeados” (91) y “La margarita” (94), “pero por una cuestión de puro gusto. En todos mis discos hay dos o tres canciones que están entre mis favoritas, y no siempre son los hits”. Del mismo modo, Jaime destaca entre su producción su trabajo para el teatro, pero por otro motivo bien diferente: “Entre los 15 y los 25 años fui músico de teatro. Me apasionó el papel de la música al servicio de otra cosa más importante que la propia música. He aprendido mucho de esas experiencias y, al hacer un arreglo, a veces, lo escenifico como si los instrumentos fueran parte de un escenario, con un dramatismo que se desarrolla en el teatro”.

Jaime también ha hecho sus incursiones en el cine creando bandas sonoras (“El amateur”, “El sueño de los héroes”) que, en alguna ocasión, han recibido, incluso, premios provenientes de prestigiosos festivales. La imagen también le interesa desde un punto de vista meramente documental, y ha realizado varios vídeos de largo metraje alrededor de su actividad musical. “En los 90 era importante tener un aspecto visual de mis shows. Lo considero una forma de comprender mejor la música, sobre todo pensando en el futuro. Esos largometrajes me llevaron mucho tiempo, son documentales en los cuales invertí hasta cuatrocientas horas, pero no los hice en un plan comercial. Los clips, sin embargo, me interesan poco, y los hago porque no tengo más remedio. Lo que me interesa del vídeo es justamente lo que no me interesa del clip”.

Personaje singular, cómodo para escuchar y alegre para sorprender. “Concierto aniversario” le presenta en su faceta más evidente: delante del público y armado con lo más granado de su repertorio. El álbum supone una buena oportunidad para descubrir que hasta un país tan pequeño como Uruguay puede dar al mundo artistas de calibre inmenso.

E.P. Fotos: Mario Marotta

Jaime Roos. “Concierto aniversario”. Galileo

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