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Marilyn Manson se va a Hollywood en su nuevo álbum. Mayo de 2003

El encanto de la decadencia

En uno de los salones de convenciones del lujosísimo Hotel Villamagna la compañía nos concede una audición de “The golden age of grotesque”, el nuevo disco de Marilyn Manson. No se dan copias de promoción para evitar filtraciones a los manteros y demás modernos piratas. Ejercicio inútil, pues un miembro de la compañía me confesaría que el disco ya estaba colgado en la red desde hacía veinticuatro horas.

Tampoco se nos da en el momento ninguna información promocional, así que podemos asistir a la escucha liberados de cualquiera de los maquillajes con los que el señorito Manson conceptualiza sus discos. El álbum es, ni más ni menos, otro ejercicio de “rock a lo Manson”: pasajes susurrados de forma libidinosa e inquietante alternados con otros de tonelaje pesado, desaforado y estridente. Voces deformadas con alevosía que naufragan en mares de electricidad de metal industrial buscando siempre la herida y el nerviosismo. Ni mejor ni peor que otros de su misma especie musical, aunque, claro, no hay cristo que lo empaquete en un envoltorio como el que él presenta.

Un par de horas después aparece Manson en escena: tacones altos y el ojo de la lentilla irritado, tez pálida y palabras tímidas, amables. La compañía nos advierte que no le preguntemos por qué se ha inscrito en el hotel con el nombre del protagonista de “American psycho”. Pues vale.

“Este disco ha supuesto un ejercicio de decadencia; a veces ha sido muy autodestructivo”, comenta Marilyn Manson mientras explica cuál ha sido el modus operandi que le ha llevado a crear su nuevo álbum. Los referentes culturales de los que se ha servido esta vez son la nueva pesadilla del sueño americano: “lo que me apetecía era resaltar el tema de las relaciones y, en ese sentido, siempre me ha interesado lo que otros artistas han dicho o han creado en momentos en que parecía que el mundo se acababa. Cuando empecé a hacer el disco aún no estábamos en guerra, pero siempre me ha interesado eso que se crea artísticamente cuando el mundo parece que se va a venir abajo. Por eso me ha interesado el Hollywood de los años 30 o el Berlín de los años 20. O personajes como Oscar Wilde o el Marqués de Sade. No sólo por lo que escribiesen, sino por cómo vivían, cómo actuaban en su vida cotidiana. Buscaba ese marco para crear unas referencias estéticas y hablar sobre las relaciones”.

No se puede negar que Manson se aleja de la media de rockero iletrado; busca referencias que asimila con naturalidad y aplica en beneficio propio. Si en el pasado fue el satanismo y los asesinos múltiples en el caso de “Antichrist superstar” y la ambigüedad y el glam para “Mechanical animals”, esta vez ha sido el decadente mundo del cabaret el que ha dado el trasfondo necesario a su nueva obra, algo que nos lleva a preguntarle por el mismísimo Tom Waits: “siempre me ha gustado y me ha interesado Tom Waits. De hecho, el melotrón que aparece en la canción que da título al álbum era suyo. Sin embargo, donde me he inspirado para hacer esa canción ha sido en la ‘Opera de los tres peniques’ de Bertold Bretch y en canciones de Kurt Weill. Esa canción la compuse y la grabé en un solo día; tiene unas connotaciones especiales por ser la canción que da título al álbum y captura muy bien el espíritu del disco”.

Una vez más, sabia elección de referentes culturales. Por el contrario, el artista se pone un poco a la defensiva cuando se le pregunta por el plano estrictamente musical, ya que, tal vez, el disco no sorprenda tanto como otros en el pasado, quizás porque sea un universo ya conocido. “En ningún momento pretendo que el disco resulte más o menos comercial que los anteriores. Lo único que quería hacer era el disco que a mí me gustara. Considero que tengo unos gustos musicales parecidos a los de la gente que me escucha y que no se basa para nada en lo que se pueda escuchar habitualmente en radios o en la MTV. Es un disco de puro entretenimiento y a la gente que le gusta el rock le resultara accesible”.

Un detalle que llamará la atención de sus incondicionales es la ausencia de Twiggy Ramírez, el guitarrista que le acompañase desde sus inicios, su Mick Ronson particular. “Twiggy no estaba tan entusiasmado como estábamos el resto de la banda. Como en este disco no acababa de involucrarse lo suficiente no tuvimos más remedio que prescindir de él. Esperamos mantener la amistad, pero el propósito no era que Marilyn Manson sonara como siempre, sino que sonara cada vez mejor. Y esto era lo que había que hacer para conseguirlo”.

Lo que no ha cambiado es la implicación que tiene en cada uno de sus fantásticos y demoledores vídeos. Tanto es así que en el filmado para el primer single del disco, “Mobscene”, él mismo es el codirector: “lo malo de dirigir el vídeo y de crearlo es que, cuando te enfrentas a los problemas de censura de cadenas como MTV, éstas te afectan doblemente: te afectan como interprete y como director. Siempre he estado involucrado en el proceso de creación de todos mis vídeos, pero éste lo quería hacer personalmente porque tenía una imagen muy clara de cómo quería que fuese. De hecho, el tema nació de unas imágenes que tenía en la cabeza, de una estampida de elefantes y de una línea de coristas cantando y bailando. La idea del vídeo estaba clarísima incluso antes de tener el tema”.

También conviene destacar que las primeras copias del disco irán acompañadas de un extraño DVD titulado “Doppleherz”. “Hace aproximadamente un año, en un día que estaba tremendamente deprimido, grabé un texto durante una serie de horas. Luego pensé que a la gente le podía resultar interesante ver lo que había pasado por mi cabeza, que podía resultar entretenido o iluminador. Lo que aparece en el DVD son esas grabaciones de mi voz en off con unas imágenes mezcladas. En el texto aparecen cosas que digo como si fuese la ultima vez. Cuando escuché la grabación no recordaba haberlas dicho; eso lo atribuyo a mi estado de ánimo. Cuando se presentó la oportunidad de meterlas en el DVD me pareció bien”.

La charla con Marilyn Manson se termina desarrollando no sólo en el ya citado hotel, sino en una rueda de prensa posterior, en el Galileo Galilei, organizada por Festimad, evento en el cual este año será cabeza de cartel. Es lógico, pues, que hable de su nuevo espectáculo en directo: “quiero cambiar el concepto de lo que la gente cree que es un show de Marilyn Manson. No quiero aburrir a nadie ni aburrirme a mí mismo. En estos conciertos quiero explorar los contrastes y los extremos de mi personalidad, del lado más fantástico al lado más oscuro. No creo que me desnude, aunque tampoco puedo prometerlo. Intentaré volcar en los espectáculos toda mi imaginación. Deseo que el publico lo comparta, que no sea pasivo. Intentaré llevar mis fantasías al máximo posible: llevar elefantes, siamesas, líneas de coristas… todo para plasmar ese universo”. Otro de los festivales que gozará de los beneficios de su espectáculo será el Ozzfest, evento con un cartel en el que Manson parece sentirse muy cómodo: “el Ozzfest es el único festival de Estados Unidos que garantiza un mínimo de calidad en las bandas que participan. Me siento parte de esa gira: he participado en ella casi desde que se creó y casi me siento parte de la familia Osborne. Me han adoptado como a un hijo bastardo. Llevé a Jack Osborne a su primer espectáculo de streeptease y, además, he tenido relaciones telefónicas sexuales con Sharon, con la madre. Es totalmente cierto”.

Con los tiempos que corren parece inevitable preguntar a Marilyn Manson por la repugnante posición de su país en la guerra contra Irak. “Me resulta muy difícil ir de patriota en un país donde me han atacado tanto y durante tanto tiempo, aunque yo seguiré expresando mi propio punto de vista sobre la sociedad americana, tal y como he hecho siempre. No tengo poder decisorio para que mi país entre o no entre en guerra. Lo único que me queda como artista es que, si allí realmente se está luchando por la democracia, en mi país prevalezca esa democracia en el sentido en que a mí me afecta: la libertad de expresión. Con este disco, como siempre, he pretendido provocar y hacer pensar, y ya estoy siendo censurado en todas partes, lo cual me da bastante que pensar. Las plataformas antibelicistas que se están formando por los propios artistas me recuerdan bastante al movimiento hippie durante la guerra del Vietnam. Lo malo que tiene esto es que, cuando los artistas se obsesionan bastante con las causas políticas, ya sea a favor o en contra, la música que producen suele ser bastante mala, mortalmente aburrida. En ese sentido, ya que no puedo cambiar las cosas, prefiero centrarme en crear un mundo paralelo donde la gente se pueda evadir: el mundo del cabaret, un escape donde se pueda pensar libremente”. Como siempre, fiel a sus principios individualistas y asqueado con la tremenda censura y la ingente cantidad de calumnias a las que se somete su música y su persona en su país de origen.

Tal vez fuese mejor para él la vieja Europa, donde sus propuestas éticas y estéticas nunca serían tan escandalosas. “Es importante para mí ser americano. Por otra parte, entiendo que se me acepte en Europa, ya que mis inspiraciones son bastante europeas, encajan muy bien aquí. Pero América necesita a alguien como yo, ya que cuestiono sus propias creencias, les provoco… América está jodida conmigo y jodida sin mí”.

Kike Babas & Kike Turrón

Marilyn Manson. “The golden age of grotesque”. Universal

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