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El guitarrista Fasero firma su segundo disco en solitario: “Augas mansas”. Mayo de 2003 Beber de lo tradicional
“Realmente son carreras separadas, o incluso ni eso: diría que se trata de poder llenar un hueco creativo que no tiene cabida en Mutenrohi. No lo considero una competencia a la banda, ya que Mutenrohi es mi grupo de toda la vida y no lo voy a dejar. De hecho, ahora mismo estamos terminando nuestro quinto disco que publicaremos en mayo. Es la posibilidad de hacer algo que no puedo hacer ahí. Ten en cuenta que en Mutenrohi la guitarra no ejerce el mismo papel que puede tener en Fasero”. Juan Carlos, nacido en Arnoia (Ourense) hace treinta y tres años, evidencia en “Augas mansas” su capacidad musical, su amplitud de miras y un particular concepto de fusión que, como él señala, poca cabida tiene en una banda ubicada dentro del folk. En sus trabajos hay terrenos movedizos, pero masticables, surgidos gracias a un inteligente uso del conocimiento dado por la música tradicional y por las amplias y bastas influencias recibidas por el guitarrista a lo largo de su carrera. “Creo que somos lo que escuchamos. Yo tengo en mi casa una discoteca bastante amplia y muy variada, con más de trescientos CDs y unos doscientos vinilos, todos originales. Desde ópera a death metal pasando, lógicamente, por el folk. ¿Influencias? Todas. Las más cercanas quizás puedan ser Pink Floyd, Mike Oldfield, Capercaillie, U2, Morcheeba, Jamiroquai… No sé: también John McLaughlin, Al di Meola, Paco de Lucía… Ya te digo que de todo un poco: Michael Camilo, Philip Glass, Penguin Cafe Orchestra… Pero no me limito; hago lo que me apetece en ese momento. No busco virtuosismo, sino contar cosas, crear ambientes”. Esos “ambientes”, que ya fueron mostrados hace un par de años en “Mar de mares”, encuentran mejor acomodo en el nuevo trabajo, un disco excelentemente producido que sabe aglutinar en sus composiciones un vistoso trabajo guitarrístico y composiciones de corte ligero que son engrandecidas con profusión de arreglos y elementos de estudio. “El primero fue más bien un autopremio que me concedí en el año 2000 (ese año lo grabé, aunque no se publicó hasta el siguiente). El 99 fue un año duro: nuevo disco de Mutenrohi, disco debut de Cristina Pato y otras apuestas que hicimos en ese año. Me dejaron hecho polvo de trabajo y con ganas de contar cosas que veía que no podía hacer en esos grupos: un acercamiento al pop, cargarme con una guitarra eléctrica, ser más solista… en fin: un poco de eso. Así que decidí grabar, pero sin ánimo de publicar. Después mis compañeros me animaron a publicarlo y así nació el álbum en solitario, un tanto ecléctico. Ahora, con ‘Augas mansas’, me encuentro más tranquilo, más relajado, y creo que esto se refleja en el disco. Considero que la música (al menos en lo que a mí concierne) no debe estar sujeta a demasiados patrones. Me gusta hacer lo que me pide el cuerpo en cada momento”. Juan Carlos Fernández Fasero tiene en su haber cuatro nominaciones a los Premios de la Música por su labor como autor dentro de la música gallega. Del mismo modo, tres de sus producciones han obtenido el Premio Luar, galardón que valora los trabajos musicales dentro del ámbito gallego. Respecto a sus éxitos dentro de su faceta como autor Fasero apunta que “quizás son los que me ha llevado a componer para mí. Lo he hecho para Mutenrohi, Cristina Pato, un proyecto de villancicos que se llamaba Vitaminavidad y para algún grupo más. Lo que pasa, sobre todo en el mundo del folk, es que muchas veces estás componiendo melodías para que sean interpretadas en un violín o en una gaita (recuerdo cuando le decían a Cristina Pato que su gaita sonaba como una guitarra eléctrica y resultaba que era porque interpretaba temas compuestos por un guitarrista). Hay temas que sé que esa gente no podría tocar porque no están en su concepto de música, pero sí en el mío, de ahí que ahora los grabe en mis propios discos”. Si bien sería fácil ubicar la música de Fasero en solitario como una de las abundantes fusiones surgidas en los últimos años alrededor del folk, el guitarrista no piensa que su música tenga esa dirección orientada al enriquecimiento de lo tradicional: “Creo que cada cosa es lo que es. Yo siento un gran respeto por la gente que se dedica al arduo trabajo de recopilar temas tradicionales. Tienen que coger su coche e irse a las aldeas a que la gente mayor les cuente lo que hacían sus abuelos o sus recuerdos de niñez. Nadie paga esa labor: es algo que sale de adentro. De ahí bebemos todos los amantes de lo tradicional, pero cada uno a su manera. Debe haber grupos tradicionales que intenten reproducir ese material tal y como (en la medida de lo posible) se interpretaba en el pasado. Pero otros (cualquiera que se salga de ese patrón) ya están innovando. Me hace mucha gracia, por ejemplo, lo fácil que se ha asimilado el bouzuki (instrumento tradicional griego) como instrumento tradicional irlandés, o el bodrham, y lo difícil que le puede resultar a la guitarra (típica de nuestro país) acercarse a ese folklore. Es bueno investigar, pero creo que se debe mantener un orden y, sobre todo, un respeto al trabajo de los demás”. En “Augas mansas” el guitarrista ha contado con sus compañeros de Mutenrohi, así como con Marcos Vázquez (ex de Carlos Núñez), Ernesto Teruel (ex de Carlos Baute) y Cristina Pato entre otros. Aún no se puede confirmar que éstos sean los músicos que Fasero pondrá en los escenarios a la hora de ofrecer su propio proyecto musical al público. Esta faceta, el directo, no puede ser, por necesidad, una de las que el guitarrista cultive abundantemente en los próximos meses: “No tengo nada concreto. En principio, de aquí a junio voy a hacer una serie de conciertos de promoción en Galicia y después Dios dirá. Es complicado planear una gira en el sentido de que chocaría frontalmente con Mutenrohi, así que me voy adaptando. Mutenrohi es una banda muy estable y con una serie de compromisos establecidos que hay que respetar”. Aun así, la actividad del guitarrista sí es válida para medir la repercusión del público en una escena que, desde siempre, se ha señalado como sumamente exitosa en directo aun cuando no termina de romper frontalmente a la hora de vender discos: “La música tradicional tiene su público y mueve su gente. ¿Qué falla? Quizás los canales de promoción y el apoyo de sellos especializados en este tipo de música. Te sorprendería ver la cantidad de gente que va a festivales o a conciertos de este tipo sin saber muy bien qué es lo que va a ver y lo encantada y sorprendida que se queda. Eso quiere decir que esta música gusta, pero es difícil darla a conocer”. La propuesta de Fasero parte, como se puede suponer por sus palabras, del interés de un sello independiente, Zouma. Esta decisión de editar en etiquetas pequeñas tiene, en la mentalidad del guitarrista, más trascendencia que la meramente formal: “La mayor riqueza artística musical de nuestra tierra es el folklore, la música cantada e instrumental. El problema es que la popularidad que esta música (sea folk, celta, etc… la etiqueta que le queramos dar) ha alcanzado en España ha venido de la mano de las compañías multinacionales, algo positivo para el artista que le ha tocado pero malo para nuestro patrimonio cultural. Estamos regalando parte de nuestra cultura en vez de crear una infraestructura propia que la alimente y la exporte. Ahora está pasando el boom que la música folk vivió en estos últimos años y… ¿qué pasará con los masters de los grupos que han publicado con las multinacionales? ¿Cuántos años pasarán en el olvido?. Es un tema, sin duda, delicado, pero es así: para una multinacional hoy es folk, mañana flamenco y pasado música hawaiana o canto gregoriano. Creo que los gallegos (o, en general, todos los pueblos con folklore propio) deberíamos defender ese fondo artístico. Fijémonos en Irlanda, para la que la música supone su segunda fuente de exportación después de la cerveza”. Las palabras de Fasero no son las de un radical o un descerebrado. Detrás de este guitarrista aparece un personaje que ha ido escalando peldaños dentro de un terreno musical propio que va consolidando día a día. Actualmente, coincidiendo con el lanzamiento de “Augas mansas”, Juan Carlos está terminando la producción del próximo álbum de Mutenrohi y poniendo en marcha su propio estudio de grabación, Desfase Sound. Hasta llegar a estas situaciones, el tiempo ha hecho su labor y Fasero ha colaborado con él aprendiendo de todos los modos posibles. Si en los primeros años con la guitarra utilizó medios autodidactas, un poco más adelante no dudó en inmiscuirse dentro de la enseñanza reglada: “Es increíble lo dispares que son. Me sorprendí mucho cuando, al llegar al conservatorio, veía que la gente no sabía tocar una canción pop en la guitarra o no sabían lo que era un acorde. Lo cierto es que allí aprendí mucha técnica y, sobre todo, creo que gané en expresividad. Tuve un profesor magnífico (Marcos Díaz Fuentes). Es interesante esa experiencia académica; yo no me apunté para sacarme un título ni nada de eso, sino para aumentar conocimientos, pero aprendí mucho, aunque fueran cosas que no tienen que ver con el pop, el folk o el jazz. En este sentido, el conservatorio es eso, algo que se conserva al margen de la realidad”. E.P. Fasero. “Augas mansas”. Zouma
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