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Benito Cabrera. Marzo de 2003

Más que un timple

“Postales sonoras desde el timple”. Así define Benito Cabrera “Travesías”, su último disco, en el que vuelve a reivindicar la valía musical de este instrumento isleño. Con este trabajo, Benito plantea una alternativa más personal y creativa que en “Notas de viaje”, su disco más vendido, siendo la mayoría de los temas composiciones propias. Junto con un estilo reconocible y un sonido inundado por el timple, Benito no se conforma y apuesta por la mezcla y la fusión de estilos arropado por una decena de instrumentos: guitarras acústicas y españolas, contrabajo, violines, diversas flautas, fliscorno, acordeón, sintetizadores, bajos eléctricos… aunque sin perder un sonido acústico y fresco. “Soy canario y, como muchos de mi generación, hijo de emigrantes. Las islas son un enclave tricontinental y podemos decir que los canarios somos euro-afro-americanos. Si a eso unimos que me gusta sentirme de una cultura, de un tiempo, y que me inclino a lanzar mis sentimientos en una dirección universal… Bueno: pues queda una intención (al menos el intento) de personalidad propia en la que la individualidad no está reñida con el mestizaje ni el sentimiento de universalidad”.
Después de reconocer sus influencias Benito explica qué ventajas y desventajas ofrece el timple: “Me atrae, por un lado, que es el instrumento más característico de mi tierra y, por otro, sus propias limitaciones. Hasta ahora había sido un elemento sonoro ligado exclusivamente a la tradición. Meterlo en vericuetos interpretativos que nada tienen que ver con eso (desde conciertos de Vivaldi hasta jazz o composiciones propias) es un reto atractivo y apasionante. Digamos que su ventaja principal es la de ser un instrumento que puede ser muy dulce o muy agresivo, y más expresivo de lo que se pensaba hace unos años. Su desventaja principal es que está concebido para acompañar, no para ser solista, por lo que su afinación y su escasa tesitura suponen un obstáculo evidente, aunque, como dije antes, ahí está el reto”.

Pese a la proyección internacional proporcionada a este instrumento, Benito Cabrera no se siente muy a gusto con la etiqueta de “embajador del timple” que le colgaron desde el principio de su carrera. “Me siento, sin otra pretensión, como un músico al que le gusta explorar sonoridades y que en este momento ha escogido el timple para ese fin. Cada músico es, de alguna manera, un embajador de sus propios sentimientos y de la cultura a la que pertenece”.

“Travesías”, con el denominador común de la inspiración que le proporcionan los viajes, integra temas en los que priman las experiencias personales con otros de raíz tradicional canaria haciendo una relectura del folklore de las islas, todo con el fin confesable de “emocionar con mi música” y transmitir “sensaciones, isla, colores, atlanticidad, mar… un poco lo que soy. Digamos que ésas son las materias primas de mi música”.

Convencido de hacer música “para todos los públicos”, el autor explica que “cada uno de mis trabajos es algo así como una botella con mensaje lanzada al océano para que la recoja quien quiera. Afortunadamente, en nuestros directos comprobamos que el espectro de edades es muy amplio y diverso. Yo creo que este tipo de propuestas sirve para todos. Otra cosa es que haya un tipo de público al que no es fácil llegar porque no suele oír esta clase de música. En cualquier caso, tomando prestado un slogan de una cadena de televisión, trabajamos con la ilusión de pensar que hacemos música para una inmensa minoría”.

Oscar Santamaría