Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Maceo Parker consolida su liderazgo dentro del funk con “Made by Maceo”. Marzo de 2003.

Un ideario de cuatro letras

Es, con seguridad, el artista que ha recuperado el funk para el gran público español. Sus dos últimos álbumes han conseguido colocarle en un pedestal que supera en altura popular incluso a sus más afamados maestros. Si hace cinco años Maceo Parker encabezaba su currículum con el dato de que había sido el saxofonista de James Brown hoy los papeles se han invertido: James Brown era el vocalista del grupo en el que tocaba Maceo.

Puede resultar un sacrilegio para el aficionado con pedigrí, pero lo cierto es que, para el público juvenil de última generación, James Brown sólo es un personaje al que conocieron gracias a un anuncio televisivo. El que fuera en otros tiempos "padrino" hoy no es sino una leyenda para los cuarentones y apenas nada para los chavalines más jóvenes. Para ellos, sin embargo, un concierto de Maceo Parker resulta casi una experiencia mística: es el personaje al que unifican con el universo funkie de mayor tradición, el único que, periódicamente, da lecciones de sex appeal disparadas con un saxo. “Siempre es agradable que a la gente joven le guste tu música, pero no estoy en esto para ganar una carrera. Puede ser una pena que no conozcan a James Brown, pero es una enorme satisfacción que me conozcan a mí”, dice sin extrañarse demasiado de la pregunta. Y es lógico, ya que no es la primera vez que se la hacen. Desde que en 1998 pusiera en la calle “Funk overload” su figura ha sufrido una transmutación exquisita, sus giras por Europa se han multiplicado y su música ha invadido países que, como España, apenas le concedían anteriormente asilo en círculos muy limitados. “Funk overload” consiguió el milagro porque entendía el funk como una música de raíz, pero al mismo tiempo miraba a su alrededor dándose cuenta de que, como en todo, el tiempo pasa también para los sonidos negros surgidos del alma y del ritmo. En aquel álbum Maceo conectó con el hip hop y le insufló su ideario de cuatro letras aprendido a las órdenes del padrino. “El hip hop es una música emocionante”, dice; “llega a los jóvenes y hace a la banda distinta de cualquier otra que sea, meramente, un proyecto instrumental. Es un elemento pequeño dentro de nuestra música, pero muy importante”.

Las cuatro letras que llenan la música de Maceo son la H (de "happiness", felicidad), la P (de "peace", paz), la L (de "love", amor) y la F (de "funky", vibrante). Entre todas forman una palabra impronunciable que se convierte en el referente absoluto del universo parkeriano: “La vida es dura y la música trata de hacérnosla más agradable. El objetivo principal para tocar en directo es que la gente que nos ve sea más feliz al salir del concierto que lo que lo era tres horas antes. Es por eso por lo que tocamos funk”. Y es que, en contra de lo que marca la tradición heredada por un hombre negro nacido en Kinston, Carolina del Norte, hace ya sesenta años, Maceo Parker no quería, de crío, tocar el saxo como los grandes del jazz, sino como sus adorados héroes de la incipiente música funk. “Era la música que escuchaba de pequeño. Eso es lo que tocaba en Carolina del Norte cuando estaba empezando y es lo que siempre he querido hacer. La mayoría de los saxofonistas, cuando están empezando, sueñan con tocar como John Coltrane, Sonny Stitt, Charlie Parker o Cannonball Adderley. Y ése es probablemente el motivo por el cual mi estilo era un poco distinto, porque yo no crecí así. Lo hice tocando material funky: los Meters, James Brown, Ray Charles y todo aquello. Mis héroes saxofonistas eran Hank Crawford, David Fathead Newman y King Curtis, no Coltrane, Bird o Cannonball”.

Tanto Maceo como sus dos hermanos (Kellis y Melvin) quisieron ser músicos cuando se quedaron prendados del trabajo de su tío, el líder de Blue Notes, un grupo que actuaba frecuentemente por la zona en la que vivían. Eso les llevó a estudiar música eligiendo un instrumento diferente cada uno, algo que, en poco tiempo, les permitió emular a su pariente formando los Junior Blue Notes. A los quince años ya tocaban delante del público y estaban convencidos de que no podían dejar de estudiar y practicar si algún día querían ser grandes. En 1962 James Brown conoció a Melvin cuando éste tocaba la batería en una banda llamada Apex y, frente a frente, le dijo que, cuando terminara de estudiar, le podía buscar si quería seguir trabajando como batería. Un año y medio después se produjo esa misma situación y tanto Melvin como Maceo entraron a formar parte de la banda del "padrino del soul". Maceo comenzó con el saxo barítono, pasó posteriormente a encargarse del tenor y, bastante más adelante, se decidiría por tocar el saxo alto.

Junto a Fred Wesley (trombón) y Pee Wee Ellis (saxo tenor), Maceo formó parte de la sección de metales que consolidó el soul y el funk como la música más agresiva y visceral que podían hacer los negros en los años 60 y 70. Lo suyo marcaba amplias distancias con el naciente universo del rock: era pura vida expresada a través de soplidos sudorosos que hechizaban al público hasta que éste se ponía a bailar de un modo extenuante. Cuando Brown ordenaba, con toda la parafernalia del momento, “Maceo: quiero que soples”, Parker se hacía el dueño del escenario y era capaz de poner al público de rodillas.

Aunque Maceo grabó tres álbumes a su nombre a principios de los 70 (“Don't their own thing”, “Us” y “Funky music machine”) nada hacía pensar que su carrera en solitario fuese a despegar. Su instrumento seguía siendo reclamado por los más grandes de la escena y su paso por la bandas de George Clinton y Bootsy Collins, o una segunda etapa al lado de Brown, fueron consolidando su reputación hasta que, finalmente, se decidió a reavivar el universo funk cuando todos los totems del género estaban en una época de vacas flacas.

Fue entonces cuando discos como “Roots revisited” (90) o “Mo' roots” (91) le mantuvieron con un alto prestigio dentro de la escena americana. Su asalto internacional llegó con “Life on planet groove” (92), un álbum en directo que dejó claro a los aficionados más recalcitrantes que el saxo de Maceo ya no necesitaba de padrinos o apoderados para mandar por sí mismo, y se consolidó con un “Souterhn exposure” (93), el disco que cerraba con broche de oro la primera etapa del saxofonista en los años 90.

Por aquellas fechas su talento era requerido por los mejores. Y, cuando decimos los mejores, ya no hablamos de un género o un estilo concreto. Maceo tocó para Dee-Lite, Keith Richards, Jane's Addiction, Red Hot Chili Peppers, 10.000 Maniacs o Living Colour entre otros. Demasiados trabajos para mantener activa su carrera en solitario.

“El jazz es más personal, no involucra tanto al público. Es una música para disfrutar, pero… es minoritaria. El funk, sin embargo, parece más sencillo, es más abierto y llega a más gente. Además, tiene un inequívoco mensaje de paz y felicidad. Si puedes proporcionárselo a otras personas, mejor que mejor”. Puede que fuera un pensamiento similar al que ahora expresa el que le hizo volver a las andadas con proyecto propio. Y la idea resultó todo un acierto: en 1998 Maceo publicó “Funk overload” colocando a su hijo Corey como vocalista. Pero Corey no hacía funk, sino hip hop. El resultado era tan explosivo que la banda de Parker comenzó a obtener actuaciones en Europa por docenas. Ya no se trataba solamente de ser un personaje respetado, sino de ganar una notoriedad que, a finales de los 90, no mantenía ningún monstruo del funk en activo. Con aquel disco, y con el posterior “Dial M-A-C-E-O”, Parker se ganó a pulso el número uno de la escena. “Somos afortunados de hacer lo que más nos gusta”, dice, “de ver diferentes países y culturas que nos interesan. De vez en cuando hay que grabar material nuevo para que la gente lo pueda comprar y escuchar en cualquier sitio, pero lo que más nos gusta es tocarlo con el público delante. Lo único que hacemos al grabar es meter en un circulito algo de lo que hacemos en directo, una celebración por estar vivos y por poder compartir la música. El que la gente lo compre es como si se llevaran un poquito de ti. Es importante”.

En “Dial M-A-C-E-O” aparecía una colaboración de Prince, músico que, como otros muchos, buscan a Parker cuando quieren sentir en sus discos y en sus conciertos un saxo caliente, casi humeante. Pero Prince no ha sido el único que ha retenido a Maceo desde que, en el año 2000, publicara su álbum. En este tiempo, aparte de girar por medio mundo, ha aparecido también en obras de Ani DiFranco, Rodney Jones, Les McCann, Marcus Miller y, cómo no, en el debut de su hijo Corey en solitario (“Subliminal souls”). “No puedo tener sino halagos para Prince, que se involucra en todos los aspectos del espectáculo y está pendiente hasta de las luces o de la ropa que llevas. Tiene un gran registro vocal y es capaz de tocar cualquier instrumento. Hay un proyecto para que produzca uno de nuestros siguientes discos, pero no tengo ni idea de si será el próximo, el siguiente o el que tenga que venir. Estoy muy orgulloso de colaborar con una parte de la historia de la música pop”, comenta Maceo sobre el más relevante de sus últimos compañeros.

Hace pocos días se ha puesto en la calle “Made by Maceo”, un disco que se ha separado tres años con su predecesor y que vuelve a ofrecer el cosmos propio de un artista que, partiendo de lo ya hecho, sabe reconvertirlo para exponerlo adecuadamente en la actualidad. “Es como una continuación de los dos anteriores y apenas nos ha costado decidir el modo en que lo hemos hecho. La elección del material ha resultado muy sencilla ya que nos hemos limitado a hacer en el estudio aquello que hemos hecho en el escenario en el último año. Lo hemos grabado prácticamente en directo y todo ha surgido de un modo muy natural, como es en sí el funcionamiento de la banda”. La "banda" es, por sí misma, todo un espectáculo e incluye la presencia de Rodney Curtis (bajista durante un tiempo de la P-Funk), Ron Tooley (trompeta que también asistió a la escuela de James Brown), Greg Boyer, Vincent Henry, Bruno Speight o Jamal Thomas. En “Made by Maceo” hay, además, una colaboración tan sugerente como la de la saxofonista Candy Dulfer: “Estaba cerca de donde empezamos a grabar, así que buscamos un tema en el que pudiera lucirse y se sacó ese extraordinario solo que aparece en el primer corte del álbum. Yo también participo en su próximo disco”, comenta Parker.

El lanzamiento del álbum viene, además, acompañado de una nueva gira española de siete conciertos que comenzará el 4 de marzo en La Riviera madrileña. “Al principio fue una sorpresa para mí que nuestros conciertos funcionaran tan bien en España. Intentábamos tener un espectáculo que invitara a pasarlo bien y que resultó encantador para la gente. Hay mucho público que, cuando nos conoce en un concierto, quiere repetir, y eso es lo que hace que, cada vez que pasamos por aquí, toquemos más y más”.

En la campaña de promoción realizada alrededor de “Made by Maceo” aparece una frase de lo más explícita: "music made by men, not by machines" (música hecha por hombres, no por máquinas). Parker la justifica añadiendo que “no tengo nada en contra de quien usa la música electrónica, pero, afortunadamente, yo puedo tener a mi alrededor grandísimos músicos y no necesito las máquinas. Eso sí: cada uno es libre de usar lo que quiera para expresarse”.

Para quien no haya visto aún un concierto de Maceo Parker la experiencia no puede ser más abrumadora: más de tres horas de continuo show en el que el funk, la voz y los metales cubren absolutamente todo el espacio sonoro dejando al público una única posibilidad de supervivencia: el baile. “Estoy enamorado de la música, del directo. Hace ya muchos años que tomé esta elección y me gusta pensar que hago feliz a la gente cuando ésta mueve los pies”.

Con la tontería, son ya sesenta años a las espaldas de este personaje, algo que apenas se refleja en sus directos pero que pasa factura después de una amplia jornada de promoción plagada de entrevistas, visitas a la radio y ruedas de prensa. Escuchar sus últimas respuestas del día es como asistir al derrumbamiento de un pez al que han sacado de la pecera y, con su mirada, Maceo parece pedir tiempo y espacio para contestar todas las preguntas encima de un escenario y con su banda. “No sé que haría con esta edad si no tocara el saxo. Puede que me dedicara al piano, que es más reposado, o dedicaría mi tiempo a trabajos benéficos intentando ser un Robin Hood que pasara el dinero de los hombres más ricos a quienes realmente lo necesitan. Ya veré lo que hago cuando me jubile, pero aún no lo he pensado”, comenta.

E.P.

Maceo Parker. “Made by Maceo”. Esc

Arriba