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Rosanne Cash
Esta es la hija de Johnny Cash, una circunstancia que, en este caso, no puede tenerse demasiado en cuenta dado que no ha ayudado excesivamente a Rosanne en su carrera. La chica (ya una mujer madurita) vivió con su madre cuando, al poco de nacer, el matrimonio se separó. Con el tiempo la dio por cantar y tuvo cierta repercusión en el circuito country sin llegar a grabar. Su primer álbum lo tuvo que editar en Alemania después de pasarse una temporada en Europa. Finalmente, la hicieron caso en su país cuando, de la mano de Rodney Crowell, obtuvo varios éxitos seguidos; pero, cuando más afianzaba estaba en su carrera, se divorció y no levantó cabeza. En los 90 sólo publicó dos álbumes (más que dignos) y se paró en el 93 con “The wheel”. Según estaba preparando su reaparición, en el 98, se quedó sin voz y tuvo que volver a aprender a hablar. Un dilema, vamos. Por fin, cinco años más tarde de lo previsto, aparece “Rules of travel” y, por lo que parece, con Rosanne en buena forma gracias a su trabajo con el logopeda. La Cash captó la atención del público por una inteligente y sensible fusión entre el country y el folk. Nada de vaqueradas típicas con poperío de sombrero y botas, sino buena música que aguanta el paso del tiempo y que, periódicamente, generaba éxitos en singles gracias a canciones redondas que, sin serlo, entraban perfectamente en los territorios más mainstream. “Rules of travel” tiene algo de eso, aporta más madurez y menos apuestas por los ritmos efusivos, pero se mantiene digno durante todo el minutaje y no hay una sola canción que desmerezca. En el álbum aparecen invitados como Jakob Dylan, Sheryl Crow, Steve Earle y el propio Johnny Cash. Un disco hermoso que se nutre, única y exclusivamente, de canciones sólidas y agradables. E.P.
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