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Carlos Chaouen ofrece su tercera obra y sigue mejorando. Junio de 2003

El cantautor que dura

Aquí lo llamamos en su día la “generación $”, aquélla que, al amparo del éxito de Pedro Guerra o Javier Alvarez, empezó a sacar cantautores de debajo de las piedras con mucha promoción detrás pero con muy poco que decir. De aquellos tiempos quedan muy pocos en activo y los que quedan han pasado al terreno del mainstream más agradecido. En aquella época también tuvo su debut discográfico Carlos Chaouen, un personaje que sigue creyendo en lo fundamental: la actuación en sala y el contacto con el público.

Tercer álbum de Carlos Chaouen, uno de los cantautores que, dentro de la última generación del estilo, ha funcionado desde compañías independientes y no ha contado con el habitual apoyo que se ha dado a este tipo de artistas. Ahora, cuando muchos de sus compañeros de quinta han pasado al olvido, él sigue grabando y tocando. De lo primero, el mejor ejemplo es este “Universo abierto”, disco en el que mejora lo ya ofrecido pero en el que sigue mostrando un terreno personal, propio, sumamente alejado de modas y tendencias pasajeras. “Supongo que me benefició salir al mismo tiempo que otros muchos”, dice, “porque grabé para un recopilatorio de autores que me permitió tocar mucho y porque todo el mundo quería ver a gente con guitarra. Por otro lado, pienso que a algunos de los que pasábamos por allí se nos etiquetó como pertenecientes a la misma raíz, cosa que en absoluto es así. La palabra ‘cantautor’ está teñida de ciertos matices prejuiciosos que no hacen justicia al género. Eso dificultó que alguna gente me prestara el oído generosamente, lo que desembocó en calificativos como ‘cantautor rockero’, ‘cantautor raro’, etc. En fin: es algo que está ahí. No me preocupa”. Sobre su último trabajo, Carlos comenta que “es el disco que quería hacer. Me gusta explorar el momento en el que estoy y no repetir producciones. Este disco tiene las cosas buenas de los dos anteriores y es más coherente en su recorrido. Creo que estoy caminando hacia un sonido particular y para eso me gusta probar cosas. Además, las letras son mejores. Para mí, ‘Universo abierto’ es una propuesta de pluralidad y amplitud de miras”.

Carlos Chaouen entró en el mundo de la música gracias a lo que él llama “una enorme vocación, un no sé qué interno que te empuja a vivir en música. Es un compromiso personal con un modo de vivir. La música es un derecho al que todo el mundo debiera tener acceso. Meterme de modo profesional en ella fue casi accidental: tocaba en un garito cuando me llegó la oferta para grabar el primer disco”. Tras aquello llegó no sólo uno, sino dos álbumes. El primero, de título homónimo (98), “tenía muy buenas canciones, pero una producción equivocada. Estaba en un estudio profesional con músicos profesionales, pero sólo con el tiempo me di cuenta de que no era como yo quería sonar. Me resultaba blando”. El segundo, “Maldita” (00), “era un discazo, al menos para mí. Tuvo muy buenas críticas de la prensa especializada y fue catalogado de los mejores discos del año en algunas publicaciones, como ‘Todas las novedades’. Además, tocaron músicos como Fernando Illán, Angie Bao, Victor Merlo, Dayan Abad, Diego Amador… fue un gusto. Respondió más a como yo me veía: había energía, aunque seguían siendo los ejes fundamentales las letras y las melodías, que creo que es lo que mejor sé hacer”.

Tras ambos álbumes, sacar “Universo abierto” no resultó un camino de rosas: “Nos embarcamos en un nuevo proyecto con dos personas fundamentales que confiaban a muerte en las canciones. Decidimos hacer la producción independiente con un tipo excepcional llamado Eddy Cardoza, que estaba en La Habana. Todos los temas están compuestos antes del otoño del 2001, pero hubo mucha demora por problemas burocráticos de papeleos en Cuba. Así que se acabó de grabar en el verano del 2002, pero, que si compañías para allá y para acá, la salida se retrasó hasta ahora. Tanto tiempo nos vino bien porque pudimos tomar una distancia respecto al trabajo que habitualmente es imposible por las premuras de los estudios”.

Entre sus primeros trabajos y “Universo abierto” han pasado cosas suficientes como para que Carlos siga presente en la escena: “No había objetivos concretos: mi objetivo era aprender y hacer buenas canciones. Pude tocar mucho, que era lo que quería hacer fundamentalmente, y con banda (con músicos impresionantes como Juan Medina, I. Quijano o Dayan Abad). La compañía, que no se mojó mucho, quería grabar un tercero, aunque no vendimos ninguno de los dos. Yo pensaba que era absurdo grabar otro disco para que nadie se enterara y seguía tocando sin parar por los garitos más dispares. No me dieron la carta de libertad hasta el 2001. Los discos sirvieron para que se me conociera, para disfrutar, para hacer amigos y para tocar con gente como Quique, Ismael Serrano, Urquijo, Sorderita, Amaral, Celtas Cortos, etc. También para colaborar en otras cosas, como un disco que me hizo gran ilusión personal: un homenaje a Triana, grupo que adoro”.

El hecho, con toda la tontería, ha permitido a Carlos Chaouen mantenerse vivo mientras toda una generación de cantautores, activos mientras duró el “boom”, pasó, directamente, a la historia. “Creo que he currado mucho, como mucha gente que estamos ahí, al pie del cañón. Han pasado tiempos chungos, muy chungos, pero esto no es para llorar. Yo hago canciones y confío en ellas. Compongo y toco, en escenarios iluminados (como cuando petamos la sala Caracol con gente en la calle) y en garitos de mala muerte con cuatro personas. Así es esto. Hay gente a la que eso no le gusta porque sólo quiere promociones y aplausos ‘vacíos’. Cuando no hay eso, pues desaparecen”. Otra diferencia fundamental entre este cantautor y otros del montón es, evidentemente, su forma de escribir: “Normalmente es lo que más me define, según dicen. Me gusta mucho el lenguaje; es algo que nos conforma y nos da identidad, un juego siempre abierto. Los significados nunca están parados y siempre hacen falta al menos dos para definirlos. En el caso de las canciones hace falta que otro la oiga. Alguna gente me critica las verbalizaciones eclesiásticas o el tratar sobre drogas o temas sexuales, pero… ¿qué le vamos a hacer? Creo que son elementos cotidianos e inevitables en nuestra cultura que siempre deben ser cultura popular. Me gusta mucho la poesía, que no está sólo en los libros, sino también, sobre todo, en la calle. Mi abuelo, por ejemplo, es un gran poeta, aunque no sabe leer. Como dice Panero, ‘todo lenguaje es un sistema de citas, toda poesía un palimpsesto’”.

En “Universo abierto” no solamente hay literatura, sino también, y no menos importante, un crecimiento musical: “Creo que es más variado a nivel rítmico. Me gustan muchas músicas y me gusta trasladarlo a lo que hago. Me interesa ver los límites de lo posible (dentro de una coherencia). Nunca grabo lo más raro que hago, aunque quizás algún día lo grabe y nos divirtamos bastante”, comenta Carlos, quien, a la hora de hablar de las expectativas de su nueva obra, señala que “me gustaría que llegara a la gente, que lo conociera y opinara. La música es para los demás: es un modo de expresión y comunicación aunque nazca como un ejercicio personal o de reflexión. Toda canción, como cualquier expresión estética, tiene la vocación de resolver algún conflicto, social o personal. El panorama discográfico es un mal menor. Pienso que se rige por criterios comerciales e industriales que quizá permitan hacer música, pero la música no debe regirse por los criterios del panorama discográfico aunque demasiadas veces lo haga”.

Como es habitual en él, Carlos mirará de reojo los resultados de su nuevo disco mientras sigue trabajando en el directo, su faceta natural. “Ahora estamos presentado el disco en salas pequeñas con formato de banda clásica de batería, bajo y guitarra eléctrica junto a las mías”, comenta. “La gente está respondiendo muy bien. En algunos sitios vamos en acústico por exigencias del guión, pero todo tiene su punto. Seguramente habrá presentación en junio en Madrid, en Caracol, aunque aún no está confirmada la fecha. El directo será fiel al disco, aunque, evidentemente, más potente: el contexto de escucha es otro y la música debe amoldarse al contexto donde tiene lugar, como toda comunicación. Lo fundamental, creo, es pasarlo bien, disfrutar”.

E.P.

Carlos Chaouen. “Universo maldito”. Cienfuegos

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