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Skin
Para quien haya seguido la carrera de Skunk Anansie estaba claro que o el combo cambiaba o se iba al garete. En cuanto podías hablar de música dos minutos con ellos veías claramente que Skin, su cantante calva y larguirucha, iba por unos derroteros y sus compañeros por otros. Intentaron juntar ambos en su último trabajo y, aunque el resultado fue excelente, hay no había, por el momento, más para rascar. La evolución del grupo había sido tal que era necesario un descanso. Ahora Skin graba sola, y lo hace en un término tan melancólico que uno se atreve a aventurar que, más tarde o más temprano, volverá a necesitar de la energía del rock, aquélla que ella dominaba como muy pocas. “Fleshwounds” retrata la otra faceta de Skin: es como si quisiera reivindicar su parte femenina en contraposición al animal salvaje que se exhibía al frente de Skunk Anansie. Y, a la hora de hacerlo, lo hace maravillosamente. Las composiciones que finalmente han formado el álbum abundan en la tristeza, en la melancolía y en la introspección. Son historias de amor que requieren interpretaciones desde dentro. Nada que se parezca al grito huracanado que Skin representaba con su banda. Aquí el arreglo es siempre acústico, la voz dibuja melodías incluso sin cantar y la chica se deshace sobre el micrófono calando, casi, lágrimas por los filtros de los altavoces. Es un álbum lento, triste, pero precioso, sentido y con un feeling arrebatador. Skin ha hecho lo que le pedía el cuerpo y eso suele generar, en muchos casos, varios pasos adelante de golpe. E.P.
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