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Mike Oldfield regraba su seminal “Tubular bells” aprovechando las posibilidades del SuperAudioCD. Julio de 2003

Una obra que permanece viva

Habrá que decirlo desde el principio. Si deseas disfrutar de la nueva versión de “Tubular bells” tendrás que cambiar de equipo de sonido. A menos, por supuesto, de que dispongas de uno de los aparatos de última generación que permiten escuchar en toda su intensidad y posibilidades el formato SuperAudioCD, ése que permite guardar las virguerías del sonido envolvente en un circulito igual a un CD convencional.

Es como sentarse en el centro de un ring: altavoces a derecha e izquierda, alante y atrás, y un profundo cajón de bajos justo enfrente de ti. Un poco antinatural cuando lo disfrutas en una sala empapelada con posters gigantes que anuncian el lanzamiento del nuevo “Tubular bells”. Pero impresionante, la verdad.

Así se vivían los momentos previos a que Mike Oldfield se presentara, de nuevo, ante la prensa española. La última vez que lo hizo, en Valencia y en junio del año pasado, presentaba el lanzamiento de “Tres lunas”, pero a nadie se le pasó por alto que lo más trascendente de aquella presentación era el anuncio de la regrabación de una obra tan inevitable como el primer “Tubular bells” (72). Oldfield lo anunció como de pasada, pero, ante manifestaciones como aquéllas, todos nos tomamos “Tres lunas” como un álbum de transición ante la espera de lo que habría de venir. Oldfield tenía en mente esa regrabación desde hace mucho, muchísimo tiempo, pero el hecho de que, por contrato, no pudiera realizarla era algo que obligaba a la espera. Ahora la obra vuelve a su artista y el proyecto se ha podido hacer palpable.

“Desde hace treinta años me encontraba ciertamente incómodo. Cada vez que escuchaba el original encontraba algo mejorable. En el 72, cuando se grabó el disco, la tecnología era muy primitiva comparada con la que se nos pone ahora a nuestra disposición. Ahora se pueden hacer cosas verdaderamente increíbles. Creo, realmente, que era un verdadero alarido el que escuchaba por parte de la obra pidiendo una mejora en este aspecto”, comentaba Oldfield cuando le preguntaban el porqué de tal capricho. “Tubular bells” supuso, en su momento, un antes y un después para la música contemporánea; creó esquemas y fundamentos nuevos, descubrió terrenos instrumentales hasta entonces no utilizados, generó nuevos estilos y, además, fue un enorme éxito comercial que dio a conocer a dos de las figuras fundamentales de la música de los 70 y los 80: el propio Oldfield y Richard Branson, el fundador de Virgin. Virgin fue la compañía que puso en la calle aquella fascinante obra de casi cincuenta minutos de música instrumental cuando nadie creía en ella, y “Tubular bells”, la primera referencia de su sello, devolvió a Branson todo su agradecimiento por aquel riesgo en forma de billetes que llenaban toneles enteros.

Oldfield regresó al mundo “tubular” con una versión orquestal en 1975 (“The orchestral Tubular bells”) y con dos secuelas en 1992 (“Tubular bells II”) y 1998 (“Tubular bells III”), pero su deseo seguía apuntando a conceder a la composición original todo lo que hoy en día pueden aportar los nuevos sistemas de grabación: “Todos los estudios tienen, hoy en día, unos sistemas computerizados extraordinarios. De hecho, el pop ya se hace prácticamente por ordenador. A mí me gusta controlar que todo esté alineado y lo más perfecto posible, y para ello utilizo los ordenadores como herramientas de las que servirme. Actualmente se puede elegir: o utilizas el ordenador para todo y prescindes del artista o pones el ordenador al servicio del artista”.

El hecho, que en principio podía resultar como estirar la ubre de la vaca hasta situaciones innecesarias, ha demostrado su validez. “No añoro el original. He trabajado con esa obra delante cada vez que volvía a grabar o mezclar cualquier pasaje y creo firmemente que se ha mejorado en todo lo posible. Ahora, cuando escucho el original, no puedo evitar volver a escuchar el nuevo”, decía Oldfield. Probablemente, quienes puedan escuchar el más reciente “Tubular bells” en un equipo adecuado se muestren absolutamente de acuerdo con su creador.

En la rueda de prensa que presentaba tanto el nuevo “Tubular bells” como la caja que agrupa a la nueva grabación y a sus secuelas (triple, por tanto) Oldfield hizo, en un momento, una encuesta improvisada entre los representantes de los medios allí congregados. Fue a raíz de una pregunta en la que se le inquiría el motivo por el cual había dejado, en un momento de su carrera, de componer obras de larga duración introduciéndose en el terreno del pop adulto (¿recuerdas “Five miles out” (82), “Crises” (83) o “Islands” (87)?). Oldfield, a su vez, pidió a los periodistas que levantaran su mano si preferían aquel formato antes que las canciones pop que tanto éxito le dieron. La respuesta fue mayoritaria y apenas dos o tres brazos surgieron en apoyo de las composiciones pop antes que de las obras instrumentales.

A estas alturas nadie puede dudar de que Oldfield tiene una decena de canciones que han pasado de generación en generación (“Moonlight shadow”, “Islands”, “Family man”…) dándole a conocer a los públicos más jóvenes, pero hasta él admite que, después de realizar “Tubular bells”, resulta de lo más complicado que la obra no quede en la conciencia colectiva como muy superior al resto de lo que ha hecho. “Es mi obra más conocida y, probablemente, ha oscurecido al resto de mis composiciones. Pero es normal; todos los días puedes escuchar en Internet obras estupendas que no son conocidas porque otras mucho más populares las eclipsan”.

Hay quien, en determinados momentos de la historia, ha puesto en cuestión la validez de Oldfield al mismo nivel que los grandes compositores clásicos, como Mozart o Beethoven. Obviamente, la similitud es exagerada (solamente “Tubular bells” y “Ommadawn” (75) podrían competir con todo el patrimonio que dejaron los mejores músicos del XVIII y el XIX), pero tal consideración volvió a aparecer en la rueda de prensa. Oldfield, en un tono humilde y acertado, apuntó que “de vez en cuando mi ego se dispara, es cierto. Pero no es preocupante. Escuchando el álbum un día, en el coche, pensé que, quizás dentro de cincuenta años, esta música podría conseguir generar placer. Para mí eso es mucho más importante que quien la escuche se acuerde de mi nombre”.

A partir de ese momento las preguntas comenzaron a girar alrededor de la nueva grabación. Oldfield señaló que con ella no pretendía más que hacer justicia al original (“Somos seres vivos. Crecemos, envejecemos, mejoramos… Al menos ésa es mi intención: seguir mejorando haciendo mi música”) y dejó claro que su actitud ante la música no pasa, necesariamente, por el hecho de entregar obras con cierta periodicidad: “Me gusta sentirme embajador de la música, una especie que está en vías de extinción. Se supone que la música refleja y expresa sentimientos. Ahora, con las posibilidades que nos ofrece la tecnología, se ha ampliado nuestra posibilidad de expresión, aunque, lamentablemente, parece que eso no redunda en lo que se hace en la actualidad. Por eso creo que el embajador de la música será una especie que no exista dentro de cincuenta años”.

Sobre cómo se gestó el primer “Tubular bells” apuntó que “no fue una composición continua. Tenía un cuaderno en el que iba tomando notas y dibujos. Fue al entrar en el estudio cuando se fue dando forma a todo e, incluso, en el último momento, decidí poner la campana final”. Una de las cosas que más impresionaron tras el lanzamiento de la primera versión de la obra fue su enorme riqueza tímbrica, algo que procedía de la enorme colección de guitarras que este oriundo de Reading ya poseía por entonces. En algunos de los pasajes de “Tubular bells” se puede escuchar a más de treinta guitarras al mismo tiempo que son, posteriormente, dobladas por medio de un overdub realizado en el estudio. “Muchos de los instrumentos que utilicé en aquella ocasión los tenía ahora almacenados en el garaje y tuve que recuperarlos. El setenta y cinco por ciento de lo que suena en el álbum está realizado con esos mismos instrumentos y sólo el otro veinticinco lo he grabado con instrumentos nuevos. Para mí lo extraordinario es probar cosas, sonidos… Da lo mismo el instrumento que use. Me he divertido mucho haciendo eso en esta ocasión”.

Una cosa que choca, sin embargo, en la nueva edición es que, al igual que se ha recuperado la colaboración de su hermana Sally (ya estaba en el original), no se haya hecho lo mismo con el resto de los colaboradores, en especial con los productores Simon Heyworth y Tom Newman. “Ya no tengo contacto con aquellos productores. Ni lo quería, tampoco. Pretendía hacerlo a mi manera, solo, sin otro tipo de opiniones”, aclaró el compositor.

Respecto a la dificultad de reproducir algunos de los pasajes más mágicos del primer “Tubular bells”, Oldfield señaló que “ha habido algunas partes más difíciles que otras. Especialmente, las partes ambientales de guitarra. Cuando grabé el disco por primera vez muchas de esas partes las improvisaba y, con el tiempo, he perdido esa manera de improvisar. Eso me ha obligado a volver a aprender a improvisar así. El ordenador siempre ayuda pero… ha habido que volver atrás en ese aspecto”.

El resultado final puede suponer, en realidad, lo mismo que supuso su predecesor en 1972. Lo que se escucha en el reciente “Tubular bells” es, realmente, una concepción de sonido insospechada hasta el momento. No se trata solamente de utilizar la sutileza y el recurso del sonido envolvente, sino de saber sacarle partido arreglando las partes de la composición que más belleza pueden generar con esta clase de efectos. En la nueva mezcla se utilizan los diferentes canales de salida complementándose con el fin puesto en el resultado final, y eso facilita enormemente la creación de ambientes sonoros que ponen de manifiesto la riqueza tímbrica de los instrumentos utilizados. Los graves, por su parte, ganan en presencia y se adhieren al oído en todo momento como cuerpo sustancial de un todo dejando en mantillas la remasterización que se realizó de la obra en la edición del 25º aniversario.

Después de escucharlo uno puede, sin dar demasiadas vueltas, pensar que, tal y como corre la tecnología, sería factible que, dentro de otros treinta años, “Tubular bells” pudiera sonar aún mejor. Pero su autor no parece considerar la idea. Como ya apuntó en la presentación de “Tres lunas”, actualmente su visión va más allá de la música y su primera obsesión es unir ésta con la realidad virtual que puede obtenerse gracias al software informático. “Es la última versión. Actualmente trabajo en un proyecto de realidad virtual y quizás dentro de un tiempo eso puede asimilarse a la música. Puede que en el futuro nos podamos ver volando entre campanas”, decía, y cuando se le preguntó por la posibilidad de ver en el futuro versiones de “Tubular bells” en consolas de videojuegos añadió que “los artistas han de involucrarse en unir la música a los juegos. Si no lo haces tú lo hará la industria, y ya sabemos que eso genera productos violentos y un peligro para los críos. Me gustaría hacer un software que permitiera unir la música con las tres dimensiones, pero, de momento, resulta muy caro”.

Lo que resultó obvio tras la última convocatoria de Oldfield fue que una obra como “Tubular bells” perdurará en el tiempo y que su autor no la ve (en contra de lo que se podía imaginar) como algo de lo que vivir creativamente toda una vida. Oldfield, que siempre ha tenido un punto místico y espiritual dentro de su personalidad, mira adelante tal y como lo hacía en el 72, aunque asumiendo que el tiempo pasa y que las necesidades personales de aquellos tiempos no son las que más le preocupan ahora. “Escuché en un documental de divulgación científica que todas las moléculas de nuestro cuerpo cambian completamente cada dos años. Que no queda ninguna de las antiguas y que todas son nuevas. Puede que sea cierto, pero estoy convencido de que el alma sigue ahí. Quizás está más pausada, más tranquila, pero sigue ahí. Al menos en mi caso”.

E.P.

Mike Oldfield. “Tubular bells”. Warner

En 1998 Todas las NOVEDADES publicó un artículo de Gus Cabezas sobre la grabación de “Tubular bells” con motivo de la edición 25ª aniversario de la obra. Lo puedes leer en haciendo click aquí. También puedes obtener más información sobre Oldfield utilizando el buscador de la página.

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