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Luis Camino y Abya Yala. Febrero de 2003.

Nuevos horizontes sonoros

Largo es el camino recorrido por este percusionista de Donostia. Largo en tiempo y en espacio. Desde que comenzara su carrera en 1978 en el grupo Izukaitz y pasando por 21 Japonesas --junto con Txetxo Bengoetxea y Alfredo Beristaráin--, hasta llegar a su actual formación, Luis Camino (que entre medias ha colaborado con gente como Imanol, Mecano, Javier Muguruza, Celtas Cortos, Tapia eta Leturia o Barricada) no ha dejado de indagar y buscar nuevos horizontes rozando con lo experimental. “Mi música está hecha con el corazón”, dice a lo largo de esta entrevista. En su segundo trabajo junto a Abya Yala (nombre con el que los indios kuna de Panamá llaman al continente americano), que ahora presenta bajo el título de “InDiosincracia”, vuelve a explorar nuevos sonidos, esta vez de Asia, después de sus viajes por India, Nepal, Tailandia e Indonesia. Se trata de un disco que ha tardado cinco años en salir a la calle primero porque ha necesitado su tiempo de maduración y segundo porque, como explica Luis, la discográficas no arriesgan. Este trabajo, más sólido y homogéneo que el anterior, se nutre básicamente de los sonidos de la calle, de las manifestaciones musicales y sonoras recogidas por él mismo en sus viajes por el continente asiático, que “colorean mis composiciones”, precisa. Luis explica que “los temas estaban hechos antes de ir a mi primer viaje a Asia. Sólo he usado las grabaciones para dar color y sentido paisajístico a los mismos. Mi manera de componer tiene que ver totalmente con mi instrumento, que es la percusión. Una vez doy con un ritmo que me engancha empiezo a añadir instrumentos y después decido cuáles son las partes o estructura de la canción, así como sus melodías y solos instrumentales. Cuando tengo algo que me gusta busco en mis grabaciones viajeras algo que acentúe la canción o, por el contrario, algo que la haga compartir cultura o la saque de su ser. Pienso que mi alimento musical está en la diversidad”.

Con esta declaración de principios, y fascinado no sólo por Asia, sino por todos los rincones del mundo, Luis afirma que su música tiene en común la esencia del hombre, allí donde se encuentre, como es “la obsesión y necesidad del ser humano por cantar y ser cantado. La necesidad de gozar con los diferentes estados de ánimo de todos nosotros”. Su objetivo no es otro que transmitir “optimismo”. Y lo consigue con nueve temas delicados en los que mezcla el sonido ambiente de una calle de Nepal con la llamada a la oración en Indonesia, cantos religiosos de Pakistán, sonidos del mar en Tailandia y las voces de vendedores en la India. Para ello se ha rodeado de una docena de colaboradores y se ha apoyado en Mikel González en la parte técnica. A pesar de lo que pudiera parecer, Luis señala que la grabación ha sido fácil. “Una vez convencido de mi trabajo propuse a Mikel plasmarlo en un CD. Se lo enseñé a los músicos con los que trabajo en mil grupos diferentes, les gustó y congeniamos rápidamente”. A pesar de lo arriesgado y novedoso de este sensible trabajo, Luis se muestra convencido de que es apto para todos los públicos. Se despide con el lamento de que la industria no quiere innovar y de que la gente se traga todo lo que le echan. Habrá, pues, que abrir los ojos y despabilar, ¿no?

Oscar Santamaría