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Alice Cooper La Cubierta. 12 de diciembre de 2002
Y eso es lo que parecía que era la nota común en el concierto de Alice Cooper. Obviamente, y puestos en postura objetiva, éste personaje no está en su mejor momento, pero, con las mismas, sigue siendo una rock star con todas las de la ley. En Madrid ofreció show, espectáculo, repertorio, una ejecución de lo más digna y kilos de diversión. Provocó, cantó, dirigió, se hizo con el personal y lo manejó como quiso. Todos quienes estábamos allí… claro, locos de contento. Resultaba que la vieja gloria seguía siendo, aun hoy, más trasgresor que mucha de la gente que presume de ello, más reinón que las drag queens más explosivas, y con suficiente energía como para aguantar un concierto completo a un nivel de lo más llamativo. Alice (ese pseudónimo que ya es más famoso que el nombre verdadero del personaje) sacó todo el arsenal que compone su espectáculo “Dragontown”. Multitud de trajes, un decorado que parece un Exin Castillos donde todo se mueve y donde no faltan puertas y túneles, una banda aderezada con unas pintas al uso, guillotinas y una enfermera para todo que se encargaba de poner el punto morboso antes de que el fantasmal cara-de-cadáver hiciera siempre sus simuladas barbaridades. Algunas de ellas parece que hirieron la sensibilidad de algún sector del público que no sabía que Alice es famoso, sobre todo y ante todo, por ellas. El resultado fue de lo más resultón si tenemos en cuenta que, previamente, habían subido al escenario otras tres bandas. El concierto resultó, con ésas, casi un minifestival que permitía valorar el precio de la entrada como de razonable. Nadie se sintió engañado, estuvieron las canciones que tenían que estar y nuestro amigo vino con el show que todos los aficionados habían deseado ver desde hace décadas. Lo dicho: lo mejor es ir a estos conciertos sin demasiadas pretensiones. E.P.
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