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Lo que quedará en la memoria del año 2003 según Kike Babas
En el terreno de los escenarios, en concreto de festivales, sin duda me quedo con el “Azkena Rock Festival” celebrado en Vitoria, y no sólo por la colocación de los escenarios, la rectitud de horarios, las pantallas gigantes y lo bien montado que estuvo en general (precios muy, muy caros de barra, eso sí), ni por lo descacharrante de The Cramps (pura actitud y a la mierda con todo), el descubrimiento de los hipohuracanados Fireballs of Freedom o el final “neilyoungnesco” del bolo de JayHawks, sino, y sobre todo, por el concierto de Iggy Pop & The Stooges, piedra angular de toda la música que escucha el que esto subscribe y que dio la posibilidad de ver un sueño hecho realidad (a meter en el mismo altar que los conciertos de la Velvet Underground y Tom Waits). Un bolo que fue corto y rasposo, donde Iggy chilló más de la cuenta y se meneó con esa fiereza de animal enjaulado que le hace único en la historia del rock; donde, con sólo la primera de las dos versiones que hicieron del impagable “I wanna be your dog”, uno ya sintió tocar un determinado cielo en medio de un caos de pogo sudoroso y violento. Como concierto de un solo grupo destacaría el de La Polla en el “Viñarock” no sólo porque, en cierta forma, es imposible sustraerse a la nostalgia teniendo en cuenta que el grupo se ha separado y que ésa fue la ultima vez que les vi, sino por la rehostia de sensación que produce sentir a tropecientas mil almas en un “todos a una” con un repertorio que es un clásico en sí mismo desde ese inicio, histórico ya, del Evaristo saliendo con una cruz ardiendo y cantando el “Salve”: pelos como escarpias. En la categoría de bolo de artista internacional, y hablando de pelos como escarpias, la anciana irrepetible Chavela Vargas en el Teatro Albéniz. Con la voz ya cascada, ajada de años y vivencias, siempre a punto de no llegar (y a veces no llegando) a tonos que se hacía con la gorra en otros tiempos, hizo de su presencia y de su propia emoción un espectáculo único, con vetusto sabor de autenticidad y soberbias tablas, con un cierto sabor a despedida de quien sabe que, a su edad, el adiós definitivo es una realidad a la que se ha de mirar a los ojos y sin mojigatería. En el piscolabis de “arrejuntes varios” destacaría la unión de dos monstruos, Fermín Muguruza y la Radio Bemba de Manu Chao, quienes, con su “Jai Alai Katumbi Express”, se marcaron una gira europea que, en una primera ronda, cubrió pequeños recintos y después se lo hizo en cosos multitudinarios. Vistas las dos facetas, me quedo con el concierto que se hizo en el pequeño Antzoki de Ondárroa en una arrebatada entrega de panchanga contestataria, del “Sarri, sarri” a la “Mala vida”, que acabaría con un sound system de horas y horas donde todos los músicos cambiaban sus instrumentos y la mañana despuntaba en el horizonte.
Y de juergas entrañables… aquélla en la que tuve la oportunidad de ver a Enrique Morente canturreando entre amigos a puerta cerrada en un pequeño bareto después de haber presentado “El pequeño reloj”. Y, y, y, y… A esperar que este diciembre nos traiga un montón (ya serán menos) de buenas sorpresas para que tenga que decir: “mierda. Esto también lo hubiese metido en esa reseña de lo más destacado del 2003”.
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