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Los sevillanos O’Funk’Illo publican, por fin, se segundo álbum. Abril de 2003 Barbaridades con arte
Admitámoslo: el álbum de debut de estos sevillanos no era de ésos que se defienden fácilmente en la radio o en los programas de televisión. Si algo tenía el disco era que presentaba una propuesta nueva, feliz y bailable. Era tan bailable que animaba por igual a la danza frenética que surgía del funk que a la ceremonia saltarina que parece generar un rock pesado y sonoramente grueso. Ellos lo llamaban “funky andaluz embrutessío” y, aunque alguien pudiera pensar que el nombre escondía la típica pachanguita de “grasia” andaluza, lo que realmente anidaba debajo del apelativo era un proyecto que, ante todo y sobre todo, se apreciaba encima del escenario. Sudor, ritmos demoledores, un buen set que no dejaba nada al azar y una solvencia instrumental que alejaba a la banda de los proyectos menores en los que cuatro amigos se conforman con dar dos o tres guitarrazos por segundo. “El funky andaluz embrutessío no es una etiqueta: es un estilo. Viene de nuestra boca y nosotros no somos, precisamente, gente de etiqueta. Nos gusta de todo y escuchamos muchos y muy diferentes tipos de música, aunque, fundamentalmente, somos una banda de rock”, comenta el trío que, encima de un escenario, se reconvierte en una multibanda en la que no falta ni aparejo instrumental ni coristas femeninas. Si bien el universo rockero, hoy en día, admite todo lo que le echen siempre que lleve guitarras en abundancia, lo de O’Funk’Illo tiene suficientes elementos de entidad como para desmarcarse con distancia de la mayoría de las bandas que también podrían definirse como “un grupo de rock”. Y esa diferenciación empieza desde el nombre: ese híbrido con dos apóstrofes que agrupa las expresiones de “funk” y el “ozú, quillo” tan popular en nuestro sur. En segundo lugar habría que hacer notar la actitud del trío; nada que ver con los complacientes grupos rockeros que, a la hora de mezclar, se convierten en intelectuales lectores que buscan sus referentes en sesudos libros y abundantes revistas sobre el underground norteamericano: “No estamos de acuerdo con nada: ni con compañías, ni con prensa, ni con nada”, dicen. Javi, Andreas y Pepe son los capitanes de este barco que, tanto en disco como en directo, se complementa con abundante orquesta y con un sonido plenamente compacto. “Cada uno que toca aporta, aunque unos son más creativos que otros. Al final siempre decidimos nosotros; les elegimos y les dirigimos. Somos los que componen las canciones, así que… la música es nuestra”, dicen intentando no hablar todos a la vez. “En el planeta Aseituna” ofrece una cierta continuación a lo que fue “O’funk’illo”, aunque con una mayor consistencia dada la abundante experiencia recogida en dos años de carretera. “Es una situación chunga para grupos como nosotros, ya que las compañías no saben cómo vender tus discos si no estás dentro de su actividad habitual. A nosotros nadie nos ha regalado nada y todo lo que somos lo somos gracias a nuestro trabajo en el escenario. Con las actuaciones te haces una mili del 15, tío”. Su aventura nació a partir de Motherfunkers, una banda de versiones y garitos que se reconvirtió en O´Funk’Illo cuando sus componentes empezaron a crear material propio que iba más allá de los cánones marcados en la música negra. En un tiempo relativamente aceptable grabaron su primer álbum, pero se encontraron de golpe con la “crisis existencial” de una discográfica fuerte que sufría la piratería y la competencia voraz en el terreno popero que gestaba la mayor parte de sus ingresos. “Hubo repercusión, pero la que generamos por nuestros propios medios, ya que la compañía no nos ayudó en nada. Participamos en muchos festivales e hicimos un montón de directos, y eso es lo que, fundamentalmente, ha dado a conocer al grupo”, apuntan con convencimiento los tres andaluces alrededor del enésimo plato de frutos secos chinos que consumen en el día: “Sudar es la mejor promoción. Cuando ves a un grupo en directo te lo crees mucho más y, aunque la industria tenga sus problemas, a nosotros no nos ha afectado a la hora de tocar. Han sido tres años con el mismo disco en el mercado y aun así no hemos dejado de actuar”. Ahora les llega el tiempo y la oportunidad de consolidar lo ganado, y lo hacen con un álbum que aglutina alrededor de sí temas da raíz funky pasados por el Guadalquivir y piezas de rock contundente que exhiben el potencial que, en el fondo, el grupo sigue guardando para sus directos: “Es muy difícil igualarlo porque en directo todo es más visceral, más crudo en el sonido. Para eso necesitaríamos un productor también visceral, un productor de rock que no tenga que ser necesariamente guiri. Queremos que, en nuestro sonido, el funk sea negro y el rock fuerte, crudo”. Junto a ello utilizan un lenguaje directo, sin poesía de sobra y sin aderezos arábigos. Si hay que mandar a uno a “shuparla” lo hacen sin contemplaciones y creando un estribillo con la frase: “Somos gente que nos ponemos ‘moraos’ y nos peleamos, y la vergüenza negra también existe en Andalucía. Hablan así en todos los lados: allí abajo se dicen las barbaridades con arte”, añaden haciendo gala de su elocuencia verbal. “En el planeta Aseituna” lleva compuesto un año “y grabado ya seis meses. Su aparición se ha retrasado por motivos que no tienen que ver con nosotros y, de hecho, la gente que conoce a O’Funk’Illo ya conoce estas canciones porque las tocamos en directo desde hace tiempo. Nosotros vamos p’alante y vivimos de lo que curramos. No podemos pararnos porque un disco se retrase”. A la hora de entrar en el estudio llevaban “mucho adelantado, tanto que, al final, es muy difícil superar el rollo que transmiten las maquetas. En el primer álbum, que produjo Nigel Walker, el sonido no era el más adecuado. Creemos que nosotros podemos conseguir algo mejor, que suene más crudo y que se parezca a lo que realmente somos. Nos gustaría trabajar con productores muy concretos, pero… claro: son muy caros”. Para cerrar su segunda obra el grupo ha elegido como escenario único y exquisito la ciudad de Sevilla. El disco se grabó en los estudios Alta Frecuencia utilizando a Olivier Deschamps como técnico; posteriormente se mezcló en Madrid (P.K.O.) con la colaboración de Eduardo Ruiz y, finalmente, fue masterizado por Jesús Arispont en el propio estudio que el ex-Def con Dos posee en Madrid. “Conocemos a todos y, además de colegas, son unos verdaderos monstruos. Olivier lleva ya diez años en Andalucía y los otros dos son sevillanos. Queríamos que, en este disco, todo fuera sevillano: el técnico, el diseñador… No solamente hay talento en Sevilla, sino que también hay medios para hacer las cosas allí. Siempre que podamos queremos hacer las cosas en casa”. El trío sevillano tiene muy clara su situación en la actualidad: “Para O’Funk’Illo están bien tres discos, pero hasta que no tengamos cinco no se podrá decir que tenemos una carrera interesante. No tenemos ambición y sabemos que un disco es sólo un disco. Otra cosa bien diferente es cuando tienes ya unos cuantos”, comentan asentando la idea de que, tal y como está hoy el panorama, si lo que se ha de valorar es su aportación discográfica, aún son unos primerizos. Además, el trabajo con el grupo no implica que, por su parte, cada uno de los miembros de la banda mantenga proyectos en solitario: Javi continúa con su permanencia en Maneta de Camioneta y, actualmente, está mezclando el nuevo álbum de The Vagos. Andreas está incluido en la alineación de Arte Lo Jazz (“un grupo de fusión, hip hop y canciones, muy negro”) y está a punto de terminar una producción para Las Niñas mientras continúa trabajando con Charlie Cepedo. Pepe tiene otro grupo: Víctimas del Mainstream: “El nombre no tiene nada que ver con lo que hacemos; el grupo es una respuesta a los temas triunferos en un entorno de rock fuerte tipo Incubus”. Juntos, sin embargo, apuntan en una dirección común que ha de lidiar, diariamente, con la distinta visión que puede ofrecerles su compañía y su oficina de management. “A la compañía la vamos a dar cuartelillo. Ha tenido sus problema, pero parece que va a cambiar de política. Aunque siempre lo tendremos difícil, parece que ahora hay gente nueva que se toma las cosas de otra manera. Con la oficina, sin embargo, siempre lo hemos llevado muy bien: han creído al grupo desde el principio y nos han conseguido meter en festivales importantes”. La ilusión de continuar formando parte de los extensos carteles de los festivales españoles no les quita, sin embargo, un cierto poder de elección: “El Viña Rock es una pasada. El Festimad, sin embargo, una absoluta vergüenza, un engaño”, dicen con su acento natural y perfectamente conscientes de su posición. Los nuevos temas del combo aúnan, con perfecto orden y sin desconcierto, herencia de los grandes del soul, del funk, del flamenquito y de cierta parte del rock metálico que es, lo que en el fondo, eligen de un género tan asumido hoy en día como parte de la música habitual de cada uno: “Es lo más cañero, temas en los que se pueden apreciar referencias a Infectious Groove o a Deftones. Son piezas de hip hop metal pero con toque funkillero. Muy rítmico y bolinga y, aunque tiene mucha castaña, también tiene groove”, señalan añadiendo que “somos andaluces y no queremos parecernos a los yanquis aunque les escuchemos”. Una cosa a hacer notar en el nuevo álbum es la precisa presencia de Raimundo Amador y Vikingo (Narco) en uno de los temas que lo integran. “En Sevilla todos somos colegas y esto salió así, sin planteárselo como una cosa extraordinaria o un recurso comercial. Son ellos los que se han ofrecido, no nosotros los que les hemos buscado. Raimundo ya estuvo presente en el otro disco y nosotros también habíamos colaborado en el último disco de Narco”. Aun así, las colaboraciones del disco, que se han quedado aquí, podrían haber continuado como un auténtico reguero de pólvora, ya que ninguno de los miembros de la banda pone barreras a la hora de tocar con sus amigos: “Nos gustaría hacer una cosa de flamenquito que, hasta el momento, no hemos podido poner en pie. Algo con Lolita, Rosario, Antonio Carmona…”, comentan. Si hay que definir su música prefieren despedazarla en “un tercio de letra, otro de melodía y otro de música”, algo que se refleja como evidente en el momento de escucharlos. En cuanto a sus textos, que nadie se equivoque: “No buscamos la gracia: somos serios aunque usemos el sentido del humor”. Argumentos todos más que suficientes como para que se haga caso a “En el planeta Aseituna”, aunque, para qué engañarnos, nada es comparable a verlos en directo. E.P. O’Funk’Illo. “En el planeta Aseituna”. EMI
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