Pag.Ppal. Artículos Discos Crítica Agenda Directorio Foros Anuncios Contacto

Rosendo graba su última obra al otro lado de la frontera. Noviembre 2002

Cuestión guitarrera

No es muy amigo de salir de España para grabar, pero en esta ocasión se ha dejado convencer. La experiencia le ha gustado y el resultado parece dar la razón a quienes pensaron que, con un poquito más de medios, un disco de Rosendo podía hacer verdadera justicia al momento creativo por el que pasa, actualmente, el músico más emblemático de Madrid.

-- “¿Qué os parece?”

Tanto Rosendo como Eugenio Muñoz permanecen expectantes ante la cara de sus invitados. Es como si desearan una confirmación de lo que ellos ya saben. Las canciones terminadas de lo que en noviembre saldrá a la venta con el título de “Veo veo mamoneo” son un absoluto acierto en la diana. Mariano Montero y Rafa J. Vegas, batería y bajista del grupo, no están tan atentos: ellos conocen perfectamente lo que tienen entre las manos y saben que la opinión buena es la suya. Juntos llevan cuatro semanas en el estudio Du Manoir, en medio de las Landas francesas, y aún les queda otra más antes de dar por finalizado el disco que, firmado por Rosendo, ha generado más expectativas en la ya amplia carrera del carabanchelero. “Hemos notado mucho el trabajar en un estudio de este nivel. Cuando grabamos en El Cortijo, en Málaga, el asunto ya se notó, pero… con éste, mucho más. La compañía nos lo había recomendado hace tiempo, pero, por aquella época, nosotros trabajábamos muy a gusto en Almería y no hicimos demasiado caso. Cuando vimos que ya nos iba haciendo falta algo con más medios fue cuando nos fuimos a Málaga, al Cortijo, y ahora, después de conocer éste… Lo que tenemos todos claro es que en Madrid es imposible grabar. Cuando nos ponemos con un disco vivimos para él y un entorno como éste es el ideal para trabajar”.

El entorno es el paisaje ideal para cualquier amante de la naturaleza: un enorme bosque en el que pasean las crías de venados y en el que, a una distancia prudencial de una pequeña villa campestre, está instalado un estudio con un material técnico envidiable y con un cocinero que se encarga de que nadie se pueda quejar de que le faltan las fuerzas. “Después de hacer la banda sonora de ‘Dame algo’ (97) el planteamiento cambió, pero era una cosa que yo asimilé bastantes meses después. De lo que se trata fundamentalmente es de tener los medios para hacer las cosas cada vez mejor. Eso, y el tratar de no hacer el disco de toda la vida, claro”, comenta Rosendo sentado ya con las grabadoras en frente. Habla de lo que supuso un cambio capital en su carrera después de una serie de entregas que casi todo el mundo señala como “poco acertadas”. “Cuando entró Mariano en el grupo y dejamos fuera los teclados sabíamos que aceptábamos ciertas limitaciones, pero es ahí donde nos gusta trabajar. Este disco es cien por cien Rosendo, pero muy mejorado técnicamente”. Asentimiento general: la cuestión guitarrera permanece.

En “Veo veo mamoneo” no hay ni más ni menos que lo que se ofrece, pero, eso sí, con finalización de lujo. Las canciones escuchadas (siete de las once que, finalmente, integrarán el álbum que saldrá inicialmente a la venta con un DVD de regalo) tienen un trabajo de guitarra excelente, una base rítmica de primera y unos añadidos a nivel de percusión que, siguiendo la filosofía del grupo, han evitado los sonidos “maquinales”. “La máquina suena a máquina y ni Eugenio ni yo nos planteamos usarlas, así que cuando queremos algo, cualquier cosa, lo grabamos y se secuencia para facilitar el proceso. Todo lo que pueda sonar a efecto o a cosa electrónica ha surgido de un sonido natural, no generado por máquinas. En este álbum nos hemos volcado con la utilización de ProTools, pero en ningún caso hemos utilizado efectos ya programados”. Las mezclas finales realzan el trabajo del estudio: es ahí donde se añaden las secuencias, donde se atiende a los recordings y donde se pule cada canción hasta dejarla lo más preciosa posible sin que desaparezca ni una sola de las señas de identidad de la música de Rosendo. Para ello nada mejor que facilitar a Eugenio los mejores instrumentos: nadie va a entender la figura del carabanchelero como él. “El primar la historia de utilizar a un productor extranjero o a una estrella es, como todo, un poco mamoneo. Cuando estábamos en Leño sonábamos a Carlos Narea, como todos los grupos que producía él. Ahora, si los trabaja el mismo productor, todos los solistas suenan igual. Yo, en este aspecto, prefiero seguir con Eugenio porque es parte del grupo y porque el conjunto funciona. Llevamos ya ocho años trabajando juntos y delego en él como lo hago con Mariano o Rafa, del mismo modo. Si una cosa funciona prefiero mantenerla para siempre”.

En el caso de Rosendo, ese “siempre” se alarga a través de décadas. No estamos hablando con un músico que se deje influenciar por modas, corrientes o expectativas: “Hace veinte años que, más o menos, vengo haciendo un disco al año, por lo que, para mí, casi es mi rutina de trabajo. Siempre suelo guardar ideas en base a eso y, cuando me llega la hora, tengo quince o veinte sobre las que empezar a trabajar. Sé que, por sistema, tengo que hacer un disco, así que lo más importante es no repetirme aun sabiendo que siempre hay temas que, por decirlo de alguna manera, son los míos, cosas con las que siempre cuentas. Lo malo del asunto es que muchas veces me planteo hacer cosas que… luego no sé llevar a cabo, y lo que genera una buena cantidad de trabajo es conseguir plasmarlas”. En ese aspecto, como siempre, las letras del nuevo álbum han quebrado temporalmente la cabeza del melenudo guitarrista. Preguntado por la elección del título, Rosendo señala que “es algo que ves todos los días: la gente dice una cosa y luego… hace otra totalmente diferente”. Y, en relación a los textos de las canciones, añade: “en la mayoría de los casos son sensaciones que te dices a ti mismo: esto es una putada porque es lo que es. Mi manera de decirlo puede ofender o dar buen rollo dependiendo de cómo te lo tomes, ya que, en las canciones, siempre hablo directamente a alguien. Tengo claro que ni sé escribir, ni tengo técnica y hay veces en las que se me acaba la posibilidad de decir una misma idea de mil maneras diferentes”.

“Veo veo mamoneo” es también cien por cien Rosendo en las temáticas de las nuevas canciones. En ellas, el madrileño apuesta por una persona íntegra, por un “tío legal” que no tiene que evidenciar necesariamente ni su ideología ni sus pensamientos más escondidos: “Pongo en marcha un personaje que no se moja, y eso ya es mojarse. Mi idea es ésa de ‘vive y deja vivir’ porque sé que en esta historia hay un montón de mentira: yo no voy a dar mi impresión de algo de lo que ni yo mismo estoy seguro. Prefiero transmitir buen rollo aunque me coma mucho para evitar el malo”. No es (nunca ha sido) Rosendo de los personajes que, en el mundo de la música, abunde en ofrecer frases lapidarias a favor o en contra de algo que no sea absolutamente obvio o sobre lo que pueda haber discusión. “Los músicos pagamos peaje por no dar la cara, pero… es que yo no tengo que pegarme por algo que no conozco. A mí, por ejemplo, me apetece que me pirateen, que me escuche más gente, pero lo que no aguanto es que, alrededor de eso, haya mafias”, indica cuando sale a colación uno de los temas de actualidad dentro de la verborrea musical. Le apunto que aún hay una numerosa parroquia que, cuando él empezó a grabar en solitario, decidió decantarse por guardar la memoria de Leño ante lo complicadas que les parecían sus nuevas letras: “La gente de mi edad ya es un poco vaga para leer las letras y muchos se quedaron con lo de ‘Maneras de vivir’. Pero mi época es ésta y mañana será mañana”.

El espectacular resultado del disco llega por un convencimiento natural: cada uno acierta mejor cuando sabe dónde está, cuando es consciente de sus limitaciones y cuando tiene mejores herramientas para hacer su trabajo. “Sigo en el empeño. Me lo creo y quiero evolucionar. Antes te tirabas donde fuera y ahora… igual no. La ilusión es hacer el disco y cada vez que haces uno crees que has mejorado. Mi vida tiene un motivo y una cura de humildad constante: sé hasta dónde puedo llegar y soy consciente de que necesito un equipo que trabajará mejor cuanto más convencido esté de lo que hace. Delegas sabiendo que si uno no hace su parte otro tendrá que trabajar por él. Para mí el mejor disco es siempre el último porque siempre espero hacer otro más”.

Alrededor de “Veo veo mamoneo”, con todo, aparece un entorno más optimista. La figura de Rosendo ha crecido en popularidad, ha comenzado a ser aceptada en círculos que antes no le respetaban y hasta su compañía lo ha considerado como punto fuerte a la hora de orientar su campaña de Navidad. “Desde hace tres discos parecía que las cosas se potenciaban. Y eso funcionó hasta llegar a las 50.000 copias. Siempre tienes la misma sensación de que esta vez puede ser la buena, pero, en el fondo, una compañía te engañará siempre. En esto tienes que asimilar ciertas cosas y no dejar que te afecte a ningún nivel cuando estás trabajando. Quizás dentro de seis meses me tengo que pegar con ellos, pero ahora no: estoy haciendo un disco. El rock’n’roll, al final, no tiene nada que ver con el rollo comercial, aunque si quieres vivir de esto has de acoplarte a una maquinaria. Si consigues no deformarte intentas sacar una media que te permita funcionar”, apunta con una filosofía sumamente personal. Del mismo modo, no concede demasiada atención cuando se le señala el referente que, hoy en día, supone él para la música española. “Si soy un mito no es por mí y, desde luego, eso de ‘rockero oficial’ no tiene nada que ver conmigo, como cualquier cosa que suene a ‘oficial’. Mi historia es natural y el haber crecido en popularidad es algo que me empieza a agobiar porque, en los lugares que frecuento, siempre hay alguien que me da la vara. Eso me pasa por ir a los sitios que me gustan; si fuera a tomar copas a La Moraleja seguro que nadie me conocía. De todos modos, eso se está acabando: tengo ya una edad en que cada vez me apetece menos salir”.

No tarda en aparecer en la conversación la figura de Rory Gallagher. El guitarrista irlandés, fallecido en el 95, sigue siendo el icono que Rosendo utiliza para expresar muchas de sus ideas a la hora de hablar de su manera de ver la música y de la ilusión por su trabajo. “El rock’n’roll es mi vida. Cuando era joven eso significaba mi pedito, mi salida nocturna… Hoy es mi mujer y mi hijo, pero, en el fondo, sigue siendo igual. Lo que me diferencia del resto de la gente es que, en mi caso, el rock es mi profesión. Y es como todo: o lo entiendes y te gusta o… Cuando vi a Rory Gallagher vi que eso era lo que quería: quería ser como él. Echo en falta técnica, pero es que, cuando estuve en el conservatorio, me di cuenta de que lo que me enseñaban no era lo que yo necesitaba. Yo adoro a los guitarristas que se diferencian del resto y en un conservatorio lo que hacen es, precisamente, anular tu diferencia. La técnica se aprende o te la inventas, pero siempre es bueno disponer de recursos. Yo me quedé en el rock’n’roll: no he dado para más. De Gallagher me gustaba lo que transmitía y yo intento mantener eso”.

En “Veo veo mamoneo” todos coinciden en señalar que la mayor diferencia que aporta sobre lo ya expuesto es… el sonido (“Eugenio es un músico más de todo esto”). Es como si se aceptara que, en la música del trío, ya se puede hacer poco en torno a cambios radicales: “Quien hace algo nuevo lo hace porque le sale y, particularmente, nunca me he visto así. Con Leño salió algo que, en aquel momento, era diferente, pero no era algo que se nos antojara: simplemente salió. Ya te sorprenden muy pocas cosas y muy de cuando en cuando”.

Aunque hay actividad de directo preparada para cuando el disco esté entregado ésta aún no incluirá las nuevas canciones. “Tendremos que parar un poco. En esta ocasión, a fin de cumplir las fechas previstas, hemos tenido que trabajar contra reloj y eso supone que aún no hayamos ensayado los nuevos temas tocando y cantando a la vez. Creo que, hasta el año que viene, no tendremos preparado el nuevo repertorio”.

Por otro lado, coincidiendo con el nuevo lanzamiento, se editará un nueva biografía del guitarrista. “Antes me daba mal rollo, pero, como ya han hecho otras y lo he vivido, pues… lo llevas”, comenta sin incidir más en el particular. No es éste un personaje que dé demasiada importancia a lo que se mueve alrededor de su figura aun siendo consciente del interés que despierta. Casi cerrando la conversación sale a relucir el recuerdo de la calle que el Ayuntamiento de Leganés puso a su nombre: “Eso fue una circunstancia de ésas que tienes que vivir si eres un profesional. Yo entiendo la promoción como lo que es, pero soy el primero que tiene claro que, en cuanto cambien al alcalde o al concejal, quizás hasta quitan esa calle para hacer pisos. No son cosas importantes, pero sabes que tienes que estar ahí”.

E.P.

Rosendo. “Veo veo mamoneo”. Dro

Arriba