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El batería Guillermo McGill firma, con “Cielo”, un estupendo álbum. Noviembre 2002 Sagrada necesidad
A los quince años ya tocaba con la big band del Taller de Músics de Barcelona y en otras formaciones de jazz. Desde entonces sus baquetas se han puesto al servicio de gente tan primordial como Barry Harris, John Abercrombie, Joe Pass o Marc Johnson, aunque su universo musical no se ha quedado sólo en el jazz. También ha tocado de la mano de la élite flamenca que pueden representar Enrique Morente o Rafael Riqueni y ha ejercido de profesional convincente en trabajos de Serrat o Ana Belén por citar sólo a unos cuantos. -- “Mi maestro, Aldo Caviglia, además de enseñarme a producir música, me enseñó a escucharla y, puesto que lo que estaba aprendiendo era principalmente jazz, fue la música que primero aprendí a escuchar con atención. También escucho música clásica, así como rock y pop, aunque la calidad de estos últimos estilos no siempre es la que uno desearía, simplemente porque el propósito originario de su existencia no es expresar un sentimiento profundo y sincero de la manera más magistral posible, sino vender el mayor numero de discos posible a una audiencia lo menos exigente posible”. -- Tocar jazz o flamenco debe de tener amplias diferencias para un batería… -- “Aunque hay diferencias clarísimas entre el jazz y el flamenco, en cierta medida, se van borrando poco a poco en mi forma de tocar. No quiero decir que me ponga a tocar por bulerías aunque sea con un pianista finlandés (cosa que, por otra parte, es posible), sino que he incorporado a mi forma de tocar de jazzista ciertos elementos del flamenco”. -- Tres veces galardonado con el primer premio en el concurso nacional de jazz para jóvenes intérpretes y primer premio del concurso nacional de composición de jazz en 1993. ¿Valen para algo esas cosas? -- “Desde luego que los concursos valen la pena. Es una forma de que grupos de jóvenes tenga un proyecto por el que luchar y, además, la oportunidad de conocer a otros jóvenes músicos con inquietudes similares”. -- En el 99 firmas tu primer disco: “Los sueños y el tiempo”… -- “Fue una experiencia enorme de la cual aprendí muchísimas cosa bien diferentes: música, literatura, técnica de grabación y mezcla, filosofía, negocios, etc. Estoy muy satisfecho por la aceptación que tuvo por parte del público y de la prensa; pienso que tuvisteis bastante que ver con su éxito”. -- Lo publicaste en formato de disco libro: ¿por qué? -- “Fue un momento en el cual coincidió mi convicción creativa musical y el encuentro con la obra de María Zambrano. Más que un propósito fue algo inevitable”. -- Un año después tenías la suerte de participar en la grabación de “Calle 54”. ¿Cómo te surgió esa posibilidad? -- “Fue un proyecto personal de Fernando Trueba, que tuvo la genial y arriesgada idea de hacer una película de jazz latino con sus músicos favoritos, entre los cuales, afortunadamente, nos encontrábamos los miembros del sexteto de Chano Domínguez, grupo con el cual me encuentro en estos momentos de gira por los Estados Unidos, junto a otros músicos que también participaron en la película”. -- ¿Cómo te lo pasaste en aquel invento? -- “Fueron muy buenos momentos los días de grabación, así como lo están siendo estos días de gira. He tenido la oportunidad de conocer y tocar con músicos tan increíbles como Giovanni Hidalgo, Eliane Elias, Marc Johnson, Paquito D’Rivera…” -- Hay quien piensa que la trascendencia de “Calle 54” para el jazz latino ha sido tanta como la que en su día tuvo para la música cubana “Buenavista club social”… -- “No creo que se le pueda otorgar a una película más importancia que a otra, ya que cada una tiene la suya a unos distintos niveles y atendiendo a diferentes circunstancias. En cualquier caso, ambas me parecen documentos históricos”. -- ¿Qué ha pasado hasta plantearte grabar un nuevo disco? -- “He tenido la ‘sagrada’ necesidad de crear y compartir la música con Julián, Bernardo, Tjitze, Chano y con quien la quiera escuchar. El disco es el fruto de ocho días de trabajo, de ocho conciertos seguidos con dos días de grabación. Días que, para mí, han sido una experiencia inolvidable por tener la suerte de trabajar con personas de gran calidad a todos los niveles”. -- ¿Cómo los elegiste? -- “Aparte de Chano, que colabora en dos temas, los tres (Julián, Bernardo y Tjitze) son músicos con los que ya había tocado por separado. Sabía que iban a funcionar muy bien juntos, como así ha sido. Según me han dicho, para ellos también ha sido muy estimulante conocerse”. -- ¿Qué pretendías en este álbum? No es como el anterior… -- “El primer álbum es, en cierto modo, una búsqueda de posibilidades expresivas, como una relación de mis experiencias desde diferentes puntos de vista. En este segundo pienso que el concepto es más unitario aunque se puedan, igualmente, percibir diferentes influencias. Pero la principal diferencia está en la forma de realizarlo: ha sido el fruto de un trabajo. Se ha grabado el resultado de unos conciertos durante los cuales los temas han ido cobrando vida. Cada uno de los músicos ha podido manejarlos con entera libertad. Esto es algo muy importante que he aprendido”. -- Tienes un tema que se llama “11 de septiembre”. Habría que aclarar… -- “Durante el golpe de estado de Chile del 11 de septiembre de 1973 yo vivía allí. Esta fecha siempre ha sido recordada por la prensa internacional hasta ahora. Durante aquellos años fueron arrestadas ilegalmente, torturadas y asesinadas, miles de personas cuyo delito era ser culto, solidario o, simplemente, de una ideología distinta a la de las juntas militares. Estas personas no deben ser olvidadas. Puede que dentro de algún tiempo, Dios no lo quiera, cambien las circunstancias políticas y financieras de este país y que, entonces, gente como tú o como yo, amantes de la vida y la verdad, de la creatividad y de la libertad, seamos los perseguidos”. -- En el libreto del compacto escribes un texto en el que señalas que el autor responde ahora a los estímulos de la sociedad de una forma más aislada y personal que en otros tiempos… -- “Eso ocurre porque la mayor parte de la música que la sociedad consume no responde a una necesidad natural, sino comercial que, a su vez, manipula al consumidor. En esta circunstancia, el autor tiende a buscar estímulos en otros lugares u otras épocas y procesarlos de una manera más bien científica, con lo cual el código, que es lo importante para la comunicación, queda distorsionado. El público ha de realizar un esfuerzo extraordinario y casi siempre insuficiente para comprender y lograr sentir aquello que está escuchando”. -- Sobre esto, siempre se ha criticado al jazz español el desear imitar más al americano que el querer crear un lenguaje propio… -- “Esto es debido a que las raíces culturales están un poco difuminadas después de una dictadura de cuarenta años que ha distorsionado el desarrollo cultural del país con lo que eso conlleva: persecución y exilio de las personas más creativas, percepción incorrecta de las creaciones artísticas, desprecio de la cultura y, lo peor de todo, ha construido un cierto orgullo de la ignorancia. Con respecto al hecho de imitar el jazz americano, pienso que se trata de algo inevitable, incluso de un deber. Lo que no está tan bien es sacar esto del proceso de aprendizaje y grabar discos cuyo principal interés se remita a otros músicos puede que de décadas anteriores”. -- ¿Puede salir la escena del jazz de sí misma en nuestro país? -- “Sí que puede. Se está haciendo música muy interesante últimamente aunque, de momento, con una difusión bastante limitada”. -- Hablando recientemente con un músico me comentaba que, durante mucho tiempo, la escena del jazz se ha estado mirando el ombligo y que ahora empieza otra vez a pisar tierra. El se refería, principalmente, a la aceptación que muchos músicos de jazz están tomando respecto a los instrumentos electrónicos y a la escena juvenil de los clubs. ¿Qué opinas tú de esa afirmación? -- “Pienso que cada uno puede utilizar los elementos de la música con entera libertad si lo hace con la misma cantidad de responsabilidad. Hay que conocer profundamente aquello que se hace y con quién y para quién se hace”. -- Ultimamente viajas mucho. ¿Qué aporta eso? -- “Sobre todo, conocimiento. Aprendes (si vas con los ojos abiertos, claro) de una forma más sutil qué es lo que te gusta y qué es lo que no. Tienes muchas oportunidades de conocer otras culturas y a otras personas y el proceso de conocer se va acelerando”. -- Es raro preguntarte si habrá gira tras tu nuevo disco porque… siempre estás de gira… -- “Los días 29 y 30 de octubre presentamos el disco en la sala Clamores de Madrid con Julián, Bernardo y Tjitze, que me hacen el enorme favor de venir desde sus respectivos países exclusivamente para presentar el disco. También estoy organizando una gira para diciembre, además de estar preparando ya el siguiente disco, que va a ser totalmente diferente”. E.P. Guillermo McGill. “Cielo”. Karonte
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