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Rosendo

Divino Aqualung. 12 de abril de 2002

Podía entenderse como el segundo concierto de Rosendo en sólo dos meses en la ciudad de Madrid. Pero no era así: su aparición en el minifestival organizado por “Disco Cross” el mes pasado fue una aportación simbólica, un agradecimiento por su parte a un programa que siempre ha prestado atención a su música. Cuando Rosendo y los suyos tocaron en el Aqualung lo hacían directamente para su público, no para aquél más heterogéneo que asiste a eventos con varios grupos buscando otro tipo de diversión en vez de la comunicación con su “artista preferido”.

Y eso se notó. De una manera considerable. Rosendo, Rafa y Mariano no tuvieron que hacer mucho; simplemente ofrecer un concierto completo con el repertorio que pondrán en funcionamiento este año en cuanto salgan a la carretera. El resto lo hizo el público, un público que, probablemente, no esté dispuesto a compartir a Rosendo en un cartel a no ser que quienes lo formen sean, de algún modo o manera, grupos que tengan algo que ver con su estilo. Fue sonar el “Ahora pro nobis” que daba comienzo al concierto tras una breve introducción instrumental y ponerse la sala boca abajo. Había poco sitio para moverse, pero la gente encontró el hueco y no dejó la fiesta para otro día.

Y es que el carabanchelero y sus compañeros entregaron nada menos que veintisiete canciones después de que la gente siguiera coreando su nombre aunque el trío abandonara una y otra vez el escenario. Canciones de todo tipo, de todos los discos, pero fundamentadas, sobre todo, en ese sonido más duro que Rosendo ha impuesto en sus dos últimos trabajos. “A tientas y barrancas” y “Canciones para normales y mero dementes” son los hilos conductores de un show que cada vez va a más. Y, en este caso, no es que suba de voltaje porque los temas más emblemáticos se queden para última hora, no; lo que ocurre es que la máquina engrasada que forman guitarra, bajo y batería requiere tomar revoluciones para alcanzar su mejor velocidad de crucero. La máquina… y el público. Este escucha atentamente la representación de “Todo el mundo a sus quehaceres” o “La fauna” poniendo su cuerpo al tanto de lo que se le avecina. Con “Corazón” se da un acelerón a la memoria y con la versión del “No dudaría” de Antonio Flores ya la adrenalina ha tocado techo. Empiezan a surgir los gritos de “No se ven los chicos del PP” reclamando de Rosendo sus canciones y no aquéllas que su público entiende cruzadas de acera.

Y llegan. En avalancha. “Vaya ejemplar de primavera”, “Cucarachas”, “Flojos de pantalón”… una infinidad de clásicos mezclados con el material más reciente pero sin conceder a ningún disco antiguo un protagonismo esencial. Solamente el “Loco por incordiar” (irrenunciable) convoca cuatro temas en el set list. El resto, se diluye en un caudal que, por sí mismo, tiene una entidad aplastante.

La máquina no reduce ya hasta que llega la línea de meta. Dos entradas a boxes son necesarias para enfriar un poco el motor y terminar plácidamente con “No es lo mismo” después de una verdadera exhibición de resistencia. Sin otros grupos en el cartel, Rosendo y los suyos son capaces de llenar el circuito con mejor respuesta que cuando aparecen otros bólidos de menos entidad.

E.P.

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